Yo me diagnostico online


  • Editorial Univadis
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La medicina del siglo XXI está condicionada por el desarrollo tecnológico. Una de las invenciones de los últimos años son las páginas web en las que pacientes y usuarios se pueden autodiagnosticar (realmente lo hace un programa informático) y hasta tratar. Son los diagnósticos online. Estasplataformas informáticas (páginas web) realizan diagnósticos precoces, indican tratamientos y realizan recomendaciones en base a los datos que el usuario aporta mezclando dos de las grandes tecnologías de la salud actuales: inteligencia artificial y telemedicina.

La inteligencia artificial, la imitación computacional de las funciones cognitivas humanas, ofrece una increíble disponibilidad y rapidez en el análisis de los datos que aporta el paciente. A través de algoritmos decisionales complejos (alimentados por una ingente cantidad de datos) se proponen diagnósticos y pautas terapéuticas.  En cuanto a la telemedicina, con ella se eliminan barreras, bien por distancia geográfica o por falta de recursos. Se facilita la prestación del servicio sanitario en lugares de difícil acceso al mismo, proporcionando una atención rápida y solventando así problemas organizativos.

En el Reino Unido estas plataformas de diagnóstico y tratamiento onlineestán cada vez más presentes, hasta el punto de que el National Health Service (el sistema público de salud) facilita el acceso a un primer diagnóstico onlinepor telemedicina, como una recomendación que el paciente puede seguir si así lo desea. En función de los datos procesados, la recomendación puede consistir en aconsejar visitar el servicio de urgencias, un especialista o tomar paracetamol y hacer reposo. Esta aproximación diagnóstica y terapéutica ha sido especialmente útil en los picos epidémicos de gripe, ya que así se puede evitar la saturación de los servicios de urgencia y de la Atención Primaria. Con esta pseudomedicina onlinese ahorran tiempo y costes. 

El éxito de estas plataformas de autodiagnóstico ha puesto en el punto de mira la mentalidad británica, siendo tildado el Reino Unido como nación de “pacientes impacientes”. En 2015 el 21,8% de los usuarios eligieron el autodiagnóstico con webs diagnósticas: el 11% porque no podían obtener una cita con el médico y el 10,8% porque Google era la mejor opción, ya su médico de familia no estaba disponible con la suficiente rapidez. Tras encuestar a 1.013 adultos, se observó cómo era más probable que los británicos indagasen sobre sus síntomas en Google antes que consultar a familia o amigos, o incluso antes que hacerlo al médico de familia o al farmacéutico.

Las plataformas web para pacientes no se han conformado con ofrecer diagnósticos y recomendaciones. Existen, por ejemplo, programas informáticos para predecir el momento de la muerte de un paciente y cuál será la causa probable del óbito. Estos programas funcionan en base a puntajes pronósticos asignados mediante la comparación de diversos datos fisiológicos y patológicos, relacionándolos con bases de datos de miles de individuos. Estas mediciones (así como los diagnósticos y recomendaciones online), al ser generados por un programa informático no están influenciadas por emociones, prejuicios u otro tipo de sesgos habituales en los médicos de carne y hueso.

Ken Goodman, profesor de bioética en la Universidad de Miami y especialista en bioinformática y en inteligencia artificial, señala cómo, debido a las enormes ventajas que puede ofrecer (rapidez, accesibilidad, ausencia de sesgos, cantidad de datos analizados) “hay veces en las que debería existir la obligación moral de usar una tecnología innovadora”.

Sin embargo, no todo son ventajas. Si así fuera, el Reino Unido habría dejado de importar médicos españoles. El galeno con bata y fonendo, ese médico antiguo que piensa y reflexiona, sigue siendo necesario, aunque no sabemos por cuánto tiempo. No se puede equiparar la auto-atención onlinecon una consulta médica presencial tradicional, ni siquiera con una consulta médica por telemedicina. En los programas de autodiagnóstico la información es procesada por una máquina, por un programa informático, y, aunque ciertamente puede procesar más información que un médico y, sobre todo, hacerlo más rápido, los pacientes no se comunican y aclaran sus dudas igual que si estuvieran delante de un médico, como tampoco pueden recibir las explicaciones que necesitan. Por no hablar de la comprensión del médico o de la calidez humana, que no es curativa, pero ayuda al paciente.

Otro problema lo encontramos en la responsabilidad: ¿qué sucede si hay un error? ¿debe asumirlo el paciente, que ha accedido libremente a la web, el fabricante del software o el sistema sanitario, que no da la atención con diligencia y provoca que los pacientes consulten estas webs? Sin olvidar la alteración de las reglas éticas sobre la prestación de servicios sanitarios: seguridad de la información, confidencialidad, calidad de la asistencia sanitaria... Si estas webs facilitan diagnósticos a expensas de desconectar a los médicos de los pacientes y de empeorar la calidad asistencial, debemos observarlas con mucha precaución. 

¿Y qué sucede en España? Estamos aún lejos de la situación británica o norteamericana. En España no existe marco legal específico sobre telemedicina ni sobre inteligencia artificial, por lo que el marco legal aplicable es el de la Unión Europea. En la Directiva 2011/24/UE, relativa a los derechos de los pacientes en la asistencia sanitaria transfronteriza, se aclaran los derechos de los pacientes a recibir atención sanitaria transfronteriza, incluso a distancia mediante telemedicina. El actual vacío legal nos debe poner en alerta para que se promueva una regulación responsable, que no dé la espalda a las nuevas tecnologías, pero que garantice una asistencia sanitaria de calidad. No se trata de ir contra la telemedicina y la inteligencia artificial, sino de incorporarlas a la atención médica, como complemento y mejora de la asistencia sanitaria, no como alternativa.

Como en nuestro país no existe marco normativo específico, sólo nos queda consultar el Código de Deontología. En su Artículo 26 se especifica que el ejercicio clínico de la medicina mediante consultas exclusivamente por internet es contrario a las normas deontológicas, ya que la actuación correcta implica el contacto personal y directo entre médico y paciente. También se señala que los sistemas de orientación de pacientes mediante telemedicina son acordes a la deontología médica cuando se usan exclusivamente como una ayuda en la toma de decisiones. Por tanto, actualmente en España estas plataformas diagnósticas no pueden sustituir ni ser una alternativa a la consulta presencial, que es la forma de consulta correcta. 

Sin embargo, como adelantó Bob Dylan en 1964, The Times They Are a-Changin(los tiempos están cambiando). Retomando el argumento de Ken Goodman, quien señala que tenemos la obligación de incorporar las mejoras que traiga la tecnología, se trataría de incorporar las innovaciones bajo el principio de “precaución progresiva”: “Si existe la obligación moral de estar abiertos al uso de nuevas tecnologías, también existe la obligación moral de ser cuidadosos en el análisis crítico y desapasionado sobre los beneficios y los potenciales perjuicios que estas pueden generar”. Tecnología sí, pero con cuidado. La bata y el fonendo aún cuentan.