Vacaciones: Estar off...


  • Editorial Univadis
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Llegan las vacaciones, el período más deseado del año. Y llega el día clave del verano, ese momento en el que se prepara la maleta: ¿qué metemos en ella? Ropa adecuada, por supuesto, cámara de fotos, neceser, tal vez el portátil, unos libros… Muchos nos preguntamos si durante las vacaciones tenemos que aprovechar para leer ese artículo o ese libro de medicina que aún no hemos podido terminar: ¿me llevo ese fastidioso artículo para acabarlo de una vez? ¿y la sesión que tengo que impartir justo a la vuelta? Una vez hecha la maleta, surge otra cuestión vacacional: ¿tenemos que estar pendientes de las incidencias y problemas del trabajo? Sería una variante de la clásica pregunta acerca del límite de las obligaciones del médico. Todas estas cuestiones nos llevan al mismo sitio: si desconectamos por completo del trabajo, o si, por el contrario, hemos de mantener un fino hilo de conexión, bien para atender posibles problemas, o bien porque el relax vacacional nos permite hacer cosas (del trabajo) que no hemos podido realizar antes.

 

Si pensamos en desconectar del trabajo, no solo se trata de aparcar lo que tenga que ver con la medicina, incluido ese fastidioso artículo o la sesión que tenemos a la vuelta; también es importante desconectar del trabajo indirecto que se realiza a través de las nuevas tecnologías. Y es que casi una tercera parte de los trabajadores españoles no son capaces de desconectar de su trabajo por este motivo, porcentaje similar al de otros países europeos. Esto se debe, en gran medida, al auge de las nuevas tecnologías: correo electrónico, smartphones, grupos de Whatsapp del trabajo, mensajes de texto, … Mucha gente, aunque no quiera, se lleva trabajo a casa porque actualmente la oficina viaja con nosotros en nuestros móviles, nuestros portátiles y otros dispositivos.

 

El estrés laboral que sufrimos hoy día no se debe solo a la presión que ejerce directamente el trabajo, sino que también existe una presión indirecta y un control del trabajador a través de las nuevas tecnologías. Es el llamado tecnoestrés: la sociedad del siglo XXI nos ha llevado al extremo de que algunos trabajadores lleguen a temer perder su empleo si no contestan eficientemente los mails que reciben del trabajo. El concepto de tecnoestrés está relacionado con los efectos psicosociales negativos derivados del uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Tiene dos vertientes: cómo afecta al trabajador el exceso de tareas que determinan las TIC y, por otro lado, tal y como lo definió el psiquiatra norteamericano Craig Brod, la “enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías (…) de manera saludable”.

 

Si nos referimos a la desconexión laboral y el tecnoestrés no podemos dejar de señalar a Francia. En el país vecino se ha realizado a comienzos de 2017 una atrevida reforma laboral, reforma que, en lo concerniente a lo que nos interesa, ha sido completamente innovadora: las empresas con más de 50 empleados tienen que negociar y concertar qué prácticas son adecuadas para que se pueda garantizar el derecho a desconectar del trabajo, y cada empresa tiene que buscar soluciones a su medida. Es cierto que la ley no facilita unas pautas concretas, ni tampoco marca un régimen sancionador específico, pero Francia, como ha sucedido en otras ocasiones, es pionera marcando un ejemplo de por dónde encauzar la legislación en el ámbito laboral. En este caso se trata de reconocer el derecho al descanso y a la desconexión, algo que las nuevas tecnologías nos ponen muy difícil.

 

Francia ha sido el primer país en legislar el derecho a desconectar, pero hay otros países e instituciones que han empezado a hacerlo sin contar con una ley. Es el ejemplo de la empresa alemana Volkswagen, pionera en este sentido. ¿Y en España? Aún nos queda mucho camino por recorrer. En nuestro país se trabaja más o menos en la media de la Unión Europea. De acuerdo con datos de Eurostat, trabajamos una media 41,4 horas a la semana, lo que incluye horas fuera de contrato, retribuidas o no. Este tiempo incluye el trabajo realizado con el portátil o con el teléfono móvil fuera del lugar de trabajo.

 

Sin embargo, no tenemos que ser pesimistas. Por una parte, los aires franceses siempre han influido en España. De hecho, el Ministerio de Empleo ha mencionado en varias ocasiones la posibilidad de regular este derecho, aunque aún no definido nada. Por otro lado, alguna empresa española ya ha tomado la iniciativa, concretamente la aseguradora Axa, que recientemente ha regulado el “derecho a la desconexión de sus empleados”, incluyendo en su convenio colectivo el derecho de la plantilla a no responder a mensajes o llamadas fuera de su horario laboral.

 

Si volvemos a la pregunta del inicio (¿desconectamos por completo del trabajo en vacaciones?), la respuesta debería ser afirmativa. Esta cuestión la hemos desglosado en dos partes. Una es mantener un hilo de conexión, haciendo cosas que no hemos podido hacer, sea una sesión, escribir un artículo o leer una actualización. Nuestro consejo es dejar a un lado todo lo que sea estrictamente trabajo, salvo que realmente no quede otro remedio. Es preferible no dormir el día anterior al inicio de las vacaciones acabando la sesión, a llevársela en la maleta. Y, si realmente no queda más remedio, debe buscarse un tiempo concreto y limitado (por ejemplo, el martes de 8 a 11), para que el trabajo pendiente no nos despiste de lo más importante: descansar.

 

La otra parte del otro hilo de conexión nombrado son las incidencias y problemas que nos traen los mails, mensajes o grupos de Whatsapp. Aquí, de nuevo, somos contundentes: debemos desconectar por completo. Hay que dejar nuestro trabajo organizado de tal manera que otra persona de la organización pueda responder a estas cuestiones. Es cierto que hay situaciones (muy pocas) en las que somos insustituibles: un gerente de hospital, un trabajador autónomo, … En esos casos, de nuevo, se impone buscar un momento concreto del día o de las vacaciones muy bien delimitado para responder a las incidencias.

 

Nuestro sentido de la obligación y, sobre todo, las nuevas tecnologías están provocando que se difuminen las fronteras entre vida profesional y personal. Descansar y desconectar es una obligación tan seria como rendir en el trabajo; de hecho, si no lo hacemos bien, no rendiremos de forma satisfactoria en nuestro trabajo. Y si no descansamos adecuadamente, estaremos el resto del año malhumorados y cansados por no haber reposado cuando teníamos la obligación de hacerlo. Sin olvidar que, además de pagarlo nosotros, lo pagan nuestros amigos y familiares. ¡Ah! Un último consejo: una buena forma de desconectar es leer temas divertidos, amenos y que nos relajan, como los contenidos y editoriales de Univadis. ¡Felices y relajadas vacaciones!