¿Usar el Bluetooth del móvil para evitar contagios por coronavirus?


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Hace más de una década, en la era previa al iPhone, el sistema operativo de los teléfonos Nokia (llamado Symbian), incorporó un novedad bastante curiosa. Se trataba de una pequeña aplicación que permitía establecer contactos de cercanía con otras personas en lugares de gran concurrencia. Funcionaba a través del Bluetooth, que es un sistema de radioenlace de dispositivos con un alcance de unos 10 metros. Lo que se hacía con aquella aplicación era dar de alta un perfil, incorporando una fotografía y una mínima información, y activar el Bluetooth para permitir que otros usuarios pudieran detectarlo. 

Era como generar una señal invisible para una mayoría pero detectable por quienes llevaran también activada la misma aplicación en su Nokia. De esta manera, si dos personas acudían una tarde al cine y con ganas de conocer a otras para verse a continuación, iban a la sala con la aplicación activada y esperando que otros espectadores hubieran hecho lo mismo. Si dos de ellas coincidían en una cercanía menor de 10 metros, ambas recibían un aviso inmediato y podían valorar si les interesaba cruzar el saludo en vivo.

Aquella idea de Nokia no pasó de ser un experimento, pero sirvió para entender mejor las posibilidades que tenía asociar el sistema de conexión cercana Bluetooth a una aplicación. De hecho, en una escala mucho mayor, apps para ligar como Tinder o OKCupid utilizan una versión más sofisticada de esta misma idea, aunque no emplee el Bluetooth sino todo Internet. Se trata de establecer un nexo selectivo entre dos usuarios de un móvil, según el criterio fijado en una aplicación que ambos usan con las mismas reglas. En el caso de los Nokia, la actitud de disponibilidad para entablar un contacto y un soporte técnico idéntico.

Este preámbulo puede servir para contextualizar la aportación que llega desde el MIT (Massachusetts Institute of Technology) en relación con el control de los contagios por coronavirus. Es una idea que se basa en emplear los móviles para que comuniquen al entorno el estatus inmunológico respecto al SARS-CoV-2 y ayuden a prevenir contactos de riesgo.

La originalidad que tiene este planteamiento es que toma en cuenta una mayor exigencia de privacidad que los diseños funcionales conocidos hasta ahora, que emplean fundamentalmente los datos de GPS u otra información potencialmente identificable, y que por tanto permiten rastrear el movimiento de las personas.

Dentro del MIT hay un grupo dedicado a un proyecto denominado “Rastreo Automático de Contactos Privados” (PACT) que se ha propuesto buscar maneras para frenar la propagación de COVID-19 mediante herramientas colaborativas pero que preserven lo más posible la privacidad de las personas a la hora de cotejar el estatus inmunológico de los posibles contactos. 

Según su página web, han desarrollado un sistema para identificar a las personas en riesgo de infectar coronavirus, mediante el uso de las señales de Bluetooth que los teléfonos móviles se pueden enviar entre sí. Este sistema puede notificar a las personas sobre posibles contactos sin revelar ninguna información privada de unos a otros, y sin trasladar ningún tipo de información a las autoridades, los centros sanitarios o siquiera a las operadoras de telecomunicación.

Es por ello por lo que se han fijado en la funcionalidad de red cercana que ofrece el humilde Bluetooth de los teléfonos inteligentes, aunque también en otras tecnologías complementarias como las cadenas de datos de corto alcance conocidas como "chirps", que los móviles emiten regularmente para conectarse con otros dispositivos.

¿Cómo funcionaría?

No muy diferente a aquella idea de los Nokia de hace años, pero con toda la mayor funcionalidad que pueden proporcionar los teléfonos inteligentes actuales y acoplándose a un sistema cloud en el que se aloja la base de datos principal. 

Al descargar una aplicación PACT, las personas habilitan su teléfono para enviar continuamente estas cadenas de datos al aire y detectar las mismas cadenas de los otros dispositivos participantes que hayan encontrado. Si mediante un test autorizado un profesional sanitario verifica un diagnóstico a un usuario con COVID-19, recibiría un código QR o un identificador alfanumérico que certificaría su estado inmunitario, que estaría también depositado en una base de datos en la nube. 

A continuación, todos y cada uno de los participantes en el sistema podrían detectar en su cercanía los registros de los demás en cualquier momento, a través de su propia aplicación conectada a la base de datos central, y cotejando las señales de los móviles de los otros usuarios del sistema. Si alguno de ellos coincidiera con un estatus de posible transmisibilidad del virus, se les advertirá de un potencial (pero siempre anónimo) contacto de riego en el entorno. Sería algo parecido a lo que ya se viene en denominar un “pasaporte inmunológico”. 

El sistema también puede hacer un seguimiento de la distancia aproximada que hay entre el dispositivo de cada individuo y el de su contacto, así como una estimación del tiempo que pasaron dentro de un rango de cercanía.

Para estas transmisiones “al aire” del estatus inmunológico se están usando técnicas criptográficas que generan códigos aleatorios y rotativos que garanticen el anonimato, y también seudónimos para los identificadores de usuario, cambiando constantemente la identidad digital de cada individuo para que no se le pueda rastrear ni seguir.

El sistema ideado en el MIT permite también un uso más organizado, por ejemplo a través de un proyecto complementario llamado “Safepaths”, que mediante una aplicación específica permitiría, por ejemplo, crear espacios o recorridos libres de posibles contagios.

La importancia que tendría poder disponer de una tecnología de este tipo va más allá de la prevención particular del contagio salvaguardando la privacidad. También permitiría disponer de una trazabilidad de los casos, de manera que un nuevo positivo podría ser examinado de manera retrospectiva, y localizar gracias a él posible focos. El sueño de cualquier epidemiólogo, la encuesta epidemiológica registrada al detalle.

"No estamos rastreando la ubicación, no estamos utilizando el GPS, no adjuntamos a la base de datos la identificación personal o el número de teléfono, ni estos son emitidos  por la señal que emite el teléfono", dice Daniel Weitzner, científico investigador principal en el Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT (CSAIL) y co-investigador principal del sistema PACT.  "Lo que queremos es permitir que cualquier persona participe en un proceso compartido para saber si puede haber estado en contacto, sin obligar a nadie a revelar nada".

Varios países, entre ellos España, ya han comenzado a desarrollar modelos tecnológicos basados ​​en teléfonos móviles para rastrear la propagación del coronavirus entre los ciudadanos y prevenir eventuales contagios, que a menudo se basan en el rastreo por GPS. También se han pensado, por ejemplo, para prescribir el aislamiento en el hogar como un componente crítico de la respuesta al coronavirus. El sistema desarrollado por el MIT podría ser empleado con mucha mayor eficacia para la prevención personalizada, y garantizando un casi absoluto nivel de privacidad.