Unas 70.000 personas en España tienen implantado un stent coronario


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Según Raúl Moreno, jefe de la unidad de Cardiología Intervencionista del Hospital Universitario La Paz de Madrid, unas 70.000 personas en España tiene implantado un stent coronario como consecuencia de haber sufrido un infarto agudo de miocardio.

Moreno se pronunció así durante el encuentro “Aportación de las tecnologías médicas a la Cardiología. Innovaciones tecnológicas más relevantes”, organizado por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), en el que participó también el jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, Fernando Arribas.

Cada año más de 50.000 personas fallecen en España por un infarto de miocardio, si bien muchas otras logran salvar su vida cuando se activa rápidamente el “Código Infarto”, disponible en todas las comunidades autónomas, y se les coloca un stent coronario.

Este dispositivo reduce la mortalidad por infarto a un 4% de los casos. Además, una vez implantado, existe un 95% de probabilidades de que el paciente no vuelva a sufrir un problema en la zona en la que se le ha colocado el stent. "El 60% de las personas que sufre un infarto solo tiene una arteria afectada, si bien a veces tiene más de una y ahí hay que implantarle más stents", señaló.

"Los nuevos materiales con los que están realizados hacen que la aparición de complicaciones sea del 1%. Además, y gracias a que llevan fármacos, se reduce también el riesgo de cicatrización dentro del stent y de la formación de coágulos.

Por su parte, Arribas destacó los beneficios que está aportando la tecnología en el manejo de las enfermedades cardiacas como, por ejemplo, los desfibriladores, marcapasos, técnicas de imagen o, incluso, los smartwatches.

De hecho, muchos dispositivos permiten realizar un diagnóstico genético del paciente, lo que ayuda a predecir cuándo y cómo se va a producir una arritmia y, en consecuencia, tratarla de forma más precoz. Sin embargo, recordó que aunque la tecnología aporta mucho al proceso médico, no es capaz de resolver el problema del conocimiento.

"La tecnología no sólo nos tiene que ayudar a detectar mejor a los pacientes, sino también a producir conocimiento. Además, nos hacen falta más datos para organizar nuestros procesos y ser más eficientes", concluyó Arribas.