Una terapia que evita la reparación celular consigue logran eliminar el cáncer en ratones (Mol Cell)


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Investigadores del Institut Hospital del Mar d'Investigacions Mèdiques (IMIM) de Barcelona han logrado eliminar tumores y evitar su crecimiento en ratones con un tratamiento que combina quimioterapia y un fármaco que inhibe un mecanismo que repara en las células tumorales el daño en el ADN generado por la radioterapia y la quimioterapia.

El estudio, publicado en Molecular Cell, ha demostrado por primera vez el papel clave de una proteína involucrada en la capacidad de reparación de las células tumorales, y derivará en un ensayo clínico.

Los investigadores han analizado el papel de esta proteína, la quinasa IKKalfa, como diana terapéutica implantando en ratones tumores de colon de pacientes humanos que habían desarrollado metástasis y resistencia al tratamiento.

Los resultados del estudio mostraron que los animales que recibieron un tratamiento que combinaba estos inhibidores con quimioterapia sobrevivieron, y se detectó que las células tumorales habían muerto -como confirmaron en muestras in vitro-, mientras que los que solo tuvieron una de las dos terapias, murieron.

La firmante del trabajo y oncóloga Clara Montagut destaca que los resultados son prometedores y abren nuevas vías de tratamiento para el cáncer: "Pero antes de llegar a la clínica, habrá primero que realizar un ensayo clínico para confirmar los resultados de eficacia y caracterizar los efectos secundarios en humanos".

Quieren iniciar este ensayo clínico en pacientes con cáncer aprovechando que los medicamentos utilizados ya se usan en la práctica clínica, y empezarán con cáncer de colon y recto, pero no descartan que también sea útil en cualquier tumor con presencia de modificaciones que activan esta proteína, como sería el cáncer de páncreas y el melanoma.

Esta proteína hace que las células sean más resistentes al tratamiento al facilitar que se reparen, y se activa gracias a mutaciones de dos oncogenes (BRAF y KRAS) presentes en la mayor parte de los tumores más agresivos, y sobre los que ha actuado la terapia que han probado.

"Hacen un doble juego, facilitando la transformación tumoral y protegiendo el tumor del daño que imponen los quimioterápicos y la radiación", explica Lluís Espinosa, uno de los autores principales e investigador del CIBERONC.

"Estos mismos oncogenes, además de convertir las células normales en tumorales, hacen que puedan reparar mejor el daño que le provocan los agentes quimioterápicos o la radiación, y las hacen más resistentes", señala.

La presencia de estas mutaciones dificulta mucho el tratamiento, "pero también es una ventaja ya que si, gracias a estas mutaciones, la célula tumoral es más resistente al daño, la eliminación de su actividad con fármacos que se encuentran actualmente en la práctica clínica, la hacen especialmente sensible a los tratamientos", como han demostrado.