Una ingesta baja de carbohidratos se asocia a un mayor riesgo de fibrilación auricular


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Las personas que obtienen una baja proporción de sus calorías diarias a través de los carbohidratos, como cereales, frutas y verduras con almidón, son significativamente más propensas a desarrollar fibrilación auricular, según ha demostrado un estudio que se presenta en las 68º Sesiones Científicas Anuales del Colegio Americano de Cardiología, que se celebran en Nueva Orleans (Estados Unidos).

La investigación, que analizó historias clínicas de casi 14.000 personas durante más de dos décadas, es la primera en evaluar la relación entre la ingesta de carbohidratos y fibrilación auricular.

La restricción de carbohidratos se ha convertido en una estrategia popular para perder peso en los últimos años. Si bien hay muchas dietas bajas en carbohidratos, incluidas las dietas cetogénica, paleo y Atkins, la mayoría enfatiza las proteínas y limita la ingesta de azúcares, cereales, legumbres, frutas y vegetales con almidón.

"El efecto a largo plazo de la restricción de carbohidratos aún es controvertido, especialmente con respecto a su influencia en la enfermedad cardiovascular. Teniendo en cuenta la posible influencia sobre la arritmia, nuestro estudio sugiere que este método popular de control de peso debe recomendarse con precaución", explica el autor principal del estudio, Xiaodong Zhuang, cardiólogo del hospital afiliado a la Universidad Sun Yat-Sen en Guangzhou (China).

Los hallazgos complementan otros estudios anteriores que han asociado dietas bajas y altas en carbohidratos con un mayor riesgo de muerte. Sin embargo, aunque sugirieron que la naturaleza del componente no carbohidrato de la dieta influyó en el patrón general observado, el nuevo estudio no lo hizo. "Las dietas bajas en carbohidratos se asociaron con un mayor riesgo de fibrilación auricular, independientemente del tipo de proteína o grasa utilizada para reemplazar el carbohidrato", comenta Zhuang.

Los investigadores obtuvieron datos de un estudio supervisado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos que se realizó entre 1985 y 2016. De las casi 14.000 personas que no tenían fibrilación auricular cuando se inscribieron en el estudio, los investigadores identificaron a cerca de 1.900 participantes que posteriormente fueron diagnosticados durante un promedio de 22 años de seguimiento.

Se pidió a los participantes que informaran su ingesta diaria de 66 alimentos diferentes en un cuestionario. Los investigadores utilizaron esta información junto con la base de datos de nutrientes de Harvard para estimar la ingesta diaria de carbohidratos de cada participante y la proporción de calorías diarias provenientes de los carbohidratos. En promedio, los carbohidratos representaban aproximadamente la mitad de las calorías consumidas.

Después, los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos que representan una ingesta baja, moderada y alta de carbohidratos, reflejando las dietas en las que los carbohidratos contenían menos del 44,8% de las calorías diarias, 44,8 a 52,4% de las calorías y más del 52,4% de las calorías, respectivamente.

Los participantes que informaron de una ingesta baja de carbohidratos fueron los más propensos a desarrollar fibrilación auricular. Estos participantes tenían un 18% más de probabilidades de desarrollar la arritmia que aquellos con una ingesta moderada de carbohidratos y un 16% más propensos que aquellos con una ingesta alta.

Según el investigador, puede haber varios mecanismos que podrían explicar por qué la restricción de carbohidratos podría conducir a fibrilación auricular. "Una es que las personas que consumen una dieta baja en carbohidratos tienden a comer menos verduras, frutas y granos, alimentos que se sabe que reducen la inflamación. Sin estos alimentos, las personas pueden experimentar más inflamación, que se ha relacionado con fibrilación auricular. Otra posible explicación es que comer más proteínas y grasas en lugar de alimentos ricos en carbohidratos puede conducir a un estrés oxidativo, que también se ha asociado a la fibrilación auricular ", detalla el investigador.