Un informe de la OMS alerta sobre los fatales efectos del cambio climático en la salud mental

  • Andrea Jiménez

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En los últimos años, el cambio climático se ha posicionado como una de las crisis globales más crecientes, con un impacto mediático como pocos otros asuntos de la actualidad. Expertos y organismos llevan años advirtiendo sobre las consecuencias del aumento de la temperatura y la destrucción de los ecosistemas provocados por la actividad antropogénica, haciendo hincapié en la relación directa que existe entre la salud del planeta y la humana.

El estudio y la investigación del impacto de estos cambios en los individuos y comunidades se ha centrado en gran medida en la salud física. Pero una nueva perspectiva se impone: los fatales efectos del cambio climático en la salud mental.

Un nuevo informe de políticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado a principios de mes, y en el que han participado un equipo de expertos multidisciplinar, advierte de cómo los cambios en el medio ambiente están teniendo impactos cada vez más fuertes y duraderos en las personas, afectando directa e indirectamente en su salud mental y el bienestar psicosocial.  Según el documento, el cambio climático también exacerba muchos factores de riesgo sociales y ambientales de las enfermedades mentales.

En las 5 décadas entre 1970 y 2020 los peligros asociados con el clima han aumentado, afectando a 5 mil millones de personas. Entre los impactos del cambio climático destacan las olas de calor, el aumento del nivel del mar que pone en riesgo las zonas costeras y las sequías. Estas últimas trastornan significativamente la agricultura, conduciendo a la pérdida de medios de subsistencia y dejando a muchas comunidades en situación de pobreza, factor claramente ligado a muchos trastornos mentales comunes. La escasez de agua y la inseguridad alimentaria también aumentan el riesgo de sufrir enfermedades mentales. La desnutrición genera problemas neurológicos derivados de la alteración de la conducción nerviosa. Y los anteriores son solo algunos ejemplos.

Por otro lado, fenómenos como los que cada vez observamos más en los ecosistemas: huracanes, inundaciones e incendios forestales, llevan a la inseguridad y pérdida de lugar y cultura, constituyendo factores de riesgo sociales y ambientales para el agravamiento de las enfermedades mentales y psicosociales. Entre las que destacan la angustia emocional, el estrés y la depresión, los comportamientos suicidas, el aumento del consumo de alcohol y de sustancias. A estas se suman, además, nuevos tipos de trastornos directamente relacionados con el cambio climático, como el ecotrauma, el dolor ecológico que sufren las personas por culpa de la ansiedad ante el escenario apocalíptico que se augura por culpa del cambio climático; o la solastalgia, la sensación de echar de menos el lugar en el que aún resides, pero que ya no reconoces.

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Presupuestos estatales inexistentes para la salud mental

Al margen de las consecuencias del cambio climático, la situación de la salud mental a nivel mundial, agravada por la pandemia de la COVID-19, ya era preocupante. Como señala el nuevo informe de la OMS, en muchos países existen grandes brechas entre las necesidades de salud mental y los servicios y sistemas disponibles para atenderlas. De hecho, la mayoría de las personas con trastornos mentales no recibe ningún cuidado. En países de bajos y medios ingresos, menos del 20 % reporta recibir servicios adecuados. En palabras de Dévora Kestel, la directora del departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias del organismo internacional, “en los países de bajos recursos tres de cada cuatro personas no tienen acceso a los servicios necesarios”.

Los datos que arroja el nuevo estudio son alarmantes: hasta mil millones de personas en el mundo sufren un trastorno mental, pero solo un 2 % del total de presupuesto para salud de los gobiernos va  dirigido a tratar este tipo de padecimientos. “Los efectos del cambio climático están cada vez más presentes en nuestra vida cotidiana y existe un escaso apoyo especializado en materia de salud mental para las personas y las comunidades que se enfrentan a peligros relacionados con el clima y a un riesgo a largo plazo”, ha declarado al respecto en rueda de prensa la directora del Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la OMS, María Neira.

El nuevo informe pone especial atención en aquellos grupos desproporcionadamente en riesgo, como lo son aquellas poblaciones con problemas de salud mental preexistentes y pueblos indígenas, más propensos a definir el bienestar en términos de armonía con la naturaleza y el medio ambiente, significativamente perturbados por el cambio del clima. “Niños y adolescentes también se ven afectados de manera única y pueden experimentar fuertes reacciones en respuesta a la magnitud de la crisis y la falta de acción tomada”, advierte la OMS.

Políticas clave para abordar este gran desafío 

Con el objetivo de dar una respuesta urgente al impacto del cambio climático en la salud mental de las poblaciones, la OMS recomienda cinco enfoques clave.

  1. El primero trata de integrar las consideraciones sobre el cambio climático en las políticas y programas para la salud mental.  Las emergencias relacionadas con el clima están aumentando en frecuencia y severidad, por lo que hay que mejorar la respuesta a desastres para proteger la salud mental de las personas. Pero también se deben complementar estrategias a largo plazo. Un ejemplo práctico sería la promoción de acciones de mitigación emprendidas en los sectores más contaminantes, como lo son el transporte y la planificación urbana. Ambos sectores tienen el potencial para aprovechar importantes beneficios tanto al cambio climático como a la salud mental. 
  2. Otra de las propuestas se dirige a la integración de la coordinación de salud mental y apoyo psicosocial (MHPSS por sus siglas en inglés) dentro de las políticas y programas relacionados con el cambio climático y salud. En este sentido, el organismo internacional insiste en que las estrategias clave en cualquier respuesta al cambio climático pasan por la mitigación y adaptación. Intervenciones relacionadas con el transporte activo, por ejemplo, son positivas para la salud física de las personas, la del planeta, y pueden ser positivas para la salud mental también. El transporte también puede ser importante para el acceso a los servicios y la interacción social, que tienen efectos positivos en la salud mental. Un diseño urbano que es amigable con el medio ambiente puede proporcionar espacios verdes para comunidades, con beneficios para la salud mental y la reducción del estrés. Por ejemplo, ya hay muchas investigaciones que asocian la reducción de la depresión con el transporte activo: caminar y andar en bicicleta es un potenciador del bienestar físico y mental. Como concluía un estudio elaborado la Universidad Estatal de Colorado y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), potenciar el uso de la bicicleta podría evitar hasta 205.000 muertes prematuras cada año, además de reducir los niveles de estrés.
  3. La tercera recomendación se enfoca en aprovechar los compromisos globales ya existentes. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, ya abordan la salud mental y bienestar psicosocial en el contexto de la reducción de las enfermedades no transmisibles. Y, el Acuerdo de París, cuyo objetivo es limitar el calentamiento global, ha sido descrito como un acuerdo de salud debido a la gama de resultados de salud positivos que se lograrían si se implementaran en su totalidad. Aunque la salud mental no se menciona de forma específica, está implícita en la búsqueda de la equidad y reducción de la vulnerabilidad de las poblaciones y sus derechos.
  4. La OMS también recomienda implementar enfoques multisectoriales y basados ​​en la comunidad para reducir vulnerabilidades y abordar los impactos psicosociales y de salud mental del cambio climático. De acuerdo con el nuevo informe, “los profesionales deben unirse para promover una acción climática basada en la comunidad que genere resiliencia y aborde causas profundas del problema, como las iniciativas dirigidas por la comunidad para reducir la contaminación del aire doméstico, simultáneamente abordar su impacto en la crisis y en la salud mental”. En este sentido, los jóvenes están bien posicionados para participar en la promoción en este frente y lo hacen activamente en diversos foros.
  5. La quinta y última recomendación del organismo se dirige al abordaje de las grandes brechas que existen en la financiación para la salud mental. Los costos de los impactos en el ámbito son muy grandes, también la productividad perdida como resultado de trastornos tales como la depresión y la ansiedad. Pero los fondos que dirigen los gobiernos a este sector son mínimos. Según una encuesta de la OMS que se llevó a cabo en 2021 en 95 países, solo 9 de ellos habían incluido, hasta la fecha, el apoyo en materia de salud mental y psicosocial en sus planes nacionales sobre salud y cambio climático.