Un estudio establece que los relojes inteligentes pueden detectar signos pre-clinicos de COVID-19.


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Los relojes inteligentes como el Apple Watch o la gama de cuantificadores Fitbit podrían desempeñar un papel importante en la detección prodrómica de COVID-19, según un reciente estudio desarrollado por investigadores del hospital Mount Sinai.

El trabajo recién publicado sostiene que el Apple Watch es capaz de detectar pequeños cambios en los latidos del corazón de un usuario que podrían relacionarse con los primeros síntomas clínicos de infección por el nuevo coronavirus, y que se podrían evidenciar hasta una semana antes de que los pacientes manifestaran una sintomatología más evolucionada.

Esa observación preliminar fue realizada por investigadores de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, que han publicado como pre-print parte del llamado Estudio Warrior Watch.

Los investigadores desarrollaron su análisis en 297 voluntarios, profesionales sanitarios del Sistema de Salud Mount Sinai, entre el 29 de abril y el 29 de septiembre de 2020. Los participantes descargaron una aplicación personalizada en sus iPhones y emplearon el reloj inteligente de Apple para la toma constante de medidas, concretamente los cambios registrados en la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC o HRV). Como es sabido, el Apple Watch utiliza luces LED de color verde para medir de forma continua la frecuencia cardíaca, y es capaz de calcular las medias en los periodos de reposo / ejercicio y también la VFC. 

"El Apple Watch mostró cambios significativos en las métricas de VFC hasta siete días antes de que las personas confirmaran la infección por COVID-19 mediante prueba PCR, y se comprobaron cambios significativos relacionados con el desarrollo de los síntomas", dice el autor del estudio, Robert P. Hirten, MD, Assistant Profesor de Medicina en la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai. 

Los síntomas diarios que se recopilaron a través de la declaración de los participantes registrados en la aplicación incluyeron fiebre o escalofríos, cansancio o debilidad, dolores corporales, tos seca, estornudos, secreción nasal, diarrea, dolor de garganta, dolor de cabeza, dificultad para respirar, pérdida del olfato o del gusto, o picazón en los ojos.

Curiosamente, los investigadores también encontraron que de siete a catorce días después del diagnóstico con COVID-19, el patrón de HRV comenzó a normalizarse y ya no era estadísticamente diferente de los patrones de aquellos que no estaban infectados.

“Desarrollar una forma de identificar a las personas que podrían estar enfermas incluso antes de que sepan que están infectadas sería realmente un gran avance en el manejo del COVID-19”, comenta el Dr. Hirten. “Uno de los desafíos del COVID-19 es que muchas personas son asintomáticas, pero al mismo tiempo contagiosas. Esto hace que sea difícil contener la progresión de la infección mediante el método tradicional de identificar a alguien que está enfermo y ponerlo en cuarentena".

El Dr. Hirten, gastroenterólogo, ha sido uno de los primeros en estudiar el uso del Apple Watch y otros dispositivos portátiles para comprender y controlar mejor afecciones crónicas como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Pudo comprobar en estudios previos que medir la VFC en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal ayuda a identificar y predecir los brotes periódicos. “Cuando golpeó la pandemia de COVID-19”, dice, “pensamos en utilizar los avances que habíamos logrado previamente en el estudio de estos dispositivos portátiles para abordar la crisis'”.

El Estudio Warrior Watch, que continúa actualmente en desarrollo, reclutó a una amplia diversidad de empleados de Mount Sinai, desde médicos y enfermeras hasta guardias de seguridad. Fue diseñado con dos objetivos. El primero consiste en ver si era posible predecir la infección mediante la evaluación de los datos recopilados de los participantes hasta finales de septiembre. El segundo trata de evaluar los efectos de la pandemia en la salud mental de los trabajadores de Mount Sinai, que se abordará mediante un análisis posterior todavía no publicado.

"La tecnología que proporcionan los relojes inteligentes nos permite no solo rastrear y predecir alteraciones que afectan a la salud, sino también intervenir de manera oportuna e incluso remota, lo cual es esencial durante una pandemia que requiere que las personas se mantengan separadas", dice el coautor del estudio, Zahi Fayad, PhD, Director del Instituto de Ingeniería e Imágenes Biomédicas en la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai.

El estudio solicitaba a los participantes que usaran el reloj al menos durante ocho horas al día, y respondieran a un cuestionario sobre síntomas y eventuales resultados de la prueba de COVID-19.

“Este estudio”, dice el Dr. Hirten, “demuestra que podemos usar estas tecnologías para abordar mejor las necesidades de salud especialmente cuando estas son cambiantes, lo que con suerte nos ayudará a manejar mejor las enfermedades en el futuro. Nuestro objetivo es poner en funcionamiento plataformas que nos ayuden a mejorar la salud de nuestros pacientes con base en la información que obtenemos de ellos de manera directa e inmediata”. 

Un estudio similar realizado por la Universidad de Stanford realizado con participantes que usaban una variedad mayor de rastreadores (no sólo Apple Watch, también dispositivos de Garmin y Fitbit) mostró que el 81% de los pacientes que dieron positivo por nuevo coronavirus tuvieron cambios en su frecuencia cardíaca en reposo hasta nueve días y medio antes del inicio de los síntomas.

Actualmente, algunas empresas están desarrollando dispositivos portátiles específicos diseñados para detectar la fase prodrómica del COVID-19 mediante el análisis de la variabilidad de la frecuencia cardíaca, lo que podría ayudar a detener la propagación de la enfermedad al facilitar la asignación de recomendaciones específicas de aislamiento a aquellos casos notoriamente sospechosos.