Un ejemplo de telesalud en África.

  • Santiago Appdemecum
  • Salud Digital
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Tal vez con demasiada frecuencia hablamos de la transformación que para los sistemas sanitarios occidentales está suponiendo la telesalud, comprobando todo lo que han supuesto las consultas a distancia en medio de la pandemia. Hay una coincidencia casi absoluta en que, al igual que han cambiado las formas en las que trabajamos, nos movemos y nos relacionamos, también se han acelerado muchas transformaciones en el ámbito de la asistencia sanitaria, y entre ellas una de las más destacadas ha sido esta. 

A juicio de algunos analistas, durante la pandemia se ha recorrido, en dos años, el espacio de cambio tecnológico que en condiciones normales hubiera necesitado hasta diez. En los países más avanzados, las empresas de telesalud han crecido exponencialmente en actividad y valor para sus accionistas. También se ha mostrado como un área de desarrollo interesante para los sistemas sanitarios públicos y privados, que avanzan en la incorporación de esta vía de acceso a sus servicios. 

Muchas voces de expertos, como la que en esta sección se recogió de John Nosta, han hablado de que estamos sólo ante un momento muy inicial de todo lo que podrá llegar en adelante, y que hay que tener en la perspectiva la puesta en marcha de muchos más servicios añadidos al de la mera consulta por videoconferencia.

Pero no se ha hablado tanto de otro de los elementos valiosos de la telesalud, que es la manera en la que puede hacer llegar los servicios sanitarios en países en los que no existe un sistema de salud tan desarrollado como en Europa o Norteamérica. 

Precisamente, tal vez la gran oportunidad global para la telemedicina sea esta: mejorar el alcance de los recursos profesionales mediante sistemas de acceso en remoto, y abarcar áreas geográficas en las que es muy difícil disponer de otras opciones. 

En África, precisamente, se están desarrollando algunas iniciativas sobre telesalud que avanzan  en paralelo a la creciente disponibilidad de infraestructuras de comunicación móvil y acceso a la red, que ya disponen de un alcance poblacional y geográfico cada vez más considerable. 

Una de las iniciativas más representativas es la de una empresa de Uganda, llamada Rocket Health, que lleva unos cuantos años creciendo de manera modesta pero sólida, y que es muy representativa de la visión que impregna la convergencia entre la tecnología y la práctica sanitaria.

 

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Tres tipos de servicios.

Rocket Health se fundó en 2012, y no es una consecuencia de la pandemia ni de ninguna moda tecnológica. Se dedica a ofrecer tres tipos de servicios de carácter sanitario a distancia. Por una parte, dispone de consultas médicas en remoto. De otra, ofrece logística para la recogida de muestras para laboratorio. Y, junto a ello, es un comercio electrónico de productos de farmacia. 

De momento, es una empresa que sólo opera en Uganda, donde ya ha cumplido diez años de trabajo, y actualmente está completado su extensión por todo el país. Uganda tiene 45,74 millones de habitantes, los mismos que España, pero ocupa una extensión que es prácticamente la mitad, 241.038 kilómetros cuadrados. Dispone de hospitales y consultorios públicos, y también de una red de asistencia privada. Su renta percápita es de 2.115 dólares, por debajo de la media africana. 

El cofundador y director ejecutivo de Rocket Health se llama Davis Musinguzi, y cuenta que su principal objetivo es que la atención médica sea lo más fácilmente accesible en África, una región en la que la carga de enfermedad es la más alta del mundo, y la proporción de médicos por habitantes la más baja. De hecho, los países del África subsahariana tienen 0,23 médicos por cada 10.000 habitantes, frente a la media de 84,2 del conjunto de los países más desarrollados, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

“Creo que la tecnología es lo que nos va a ayudar a cubrir esa brecha, crear más eficiencias y llevar nuestro alcance más lejos. No tenemos manera de construir suficientes hospitales para llegar a todas las áreas geográficas del país, de manera que la telemedicina puede ayudar a cerrar al menos una la brecha de disponibilidad de servicios”, comenta Musinguzi.

“Muchas de las instalaciones y los profesionales sanitarios están concentrados en las áreas urbanas o en las ciudades más grandes. Esto hace que una parte importante de la población no pueda acceder a servicios especializados. Si complementamos la disponibilidad existente con la tecnología, podemos reducir estas diferencias”, añade.

Rocket Health funciona mediante un modelo de planes que ofrece para particulares, empresas y familias, y que incluyen una combinación de consultas presenciales y telemáticas, junto con programas preventivos y revisiones de estado de salud. 

 

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Además, trabajan su propio servicio de entrega y recogida de pruebas de laboratorio y farmacia. Sus tarifas al margen de los planes son del equivalente a 3 dólares norteamericanos por consulta, y 1,5 por el servicio de entrega de medicamentos. Actualmente, gestionan unas 400.000 consultas telemáticas al año, y también han experimentado un incremento de esta cifra durante la pandemia. 

Además, están detectando un fenómeno que Musinguzi describe de esta manera: “Una vez que alguien ha tenido la experiencia mágica de la telemedicina, casi nunca vuelve a hacer cola en los hospitales esperando ver al médico”.

Esta empresa ugandesa está ampliando varias áreas de actividad. Proporciona test de Covid, y sus usuarios van desde quienes les llaman para organizar la vacunación de sus hijos, hasta pacientes que tienen enfermedades crónicas. Trabaja como provisor de una docena de  compañías de seguros.

“Tenemos diferentes categorías de clientes. Muchos de ellos se encuentran en áreas urbanas y les encanta la comodidad de nuestros servicios. También hemos visto que hay empresas que comienzan a contratar modalidades especiales de asistencia sanitaria para determinados empleados”, dijo Musinguzi.

Algunas de las facetas tecnológicas de Rocket Health son muy representativas del salto que está dando ese continente en este campo. Con algunos de sus usuarios tienen que emplear un sistema de mensajería de texto llamado USSD, útil para zonas en los que los teléfonos no pueden disponer de acceso a Internet. Pero, de otra parte, están asociados con la empresa alemana Ada, que les ofrece una plataforma de autoevaluación basada en inteligencia artificial para mejorar su trabajo. El compendio del pasado, el presente y el futuro.