Tres bacterias y un parásito están frenando el crecimiento y desarrollo mental de los niños (Lancet Global Health)


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Las bacterias Shigella, Campylobacter, Escherichia coli y el parásito Giardia están frenando el crecimiento y desarrollo mental de niños de todo el mundo, según han concluido dos investigaciones de una coalición internacional de científicos, publicadas en The Lancet Global Health.

Según los responsables de estos estudios, hasta el 30% de los niños en los países de bajos recursos sufren de retraso en el crecimiento. "Durante mucho tiempo se ha culpado a la nutrición inadecuada y la diarrea, pero hasta ahora los científicos no han podido explicar un gran porcentaje de casos de retraso del crecimiento. Nuestras investigaciones, sin embargo, muestran que una gran cantidad de niños sin signos de diarrea son portadores de infecciones dañinas, lo que les impide alcanzar su máximo potencial y perpetúan un círculo vicioso de pobreza", recoge el artículo.

Los investigadores examinaron más de 44.000 muestras de heces de niños en ocho países: Pakistán, India, Nepal, Bangladesh, Tanzania, Sudáfrica, Perú y Brasil. Analizaron las muestras utilizando pruebas moleculares altamente sensibles para determinar si los niños tenían infecciones dañinas. Encontraron que cuatro patógenos principales estaban ampliamente presentes en niños asintomáticos: las bacterias Shigella, Campylobacter, Escherichia coli y el parásito Giardia. Más del 95% de los niños dieron positivo en al menos un patógeno.

"Fue sorprendente que estas infecciones sin diarrea fueran tan comunes y que parecieran explicar una gran cantidad de retraso en el crecimiento. El desafío ahora será ver si podemos reducir estos cuatro", explica uno de los científicos del estudio, Eric R. Houpt, de la División de Enfermedades Infecciosas y Salud Internacional de la Universidad de Virginia (Estados Unidos).

Los peligros de Shigella son bien conocidos, ya que se asocia a diarrea aguda con sangre. Pero la nueva investigación sugiere que puede ser una amenaza aún mayor de lo esperado. Los investigadores examinaron muestras de heces de niños con diarrea y descubrieron que Shigella era común incluso entre los niños con diarrea que no tenían sangre. Fue especialmente común en el segundo año de vida.

"Las pautas internacionales existentes recomiendan que solo la diarrea con sangre deba tratarse con antibióticos en niños en estos entornos, una recomendación que está diseñada para el tratamiento de la shigelosis. La detección frecuente de Shigella por diarrea no sanguinolenta, así como la fuerte asociación entre la infección por Shigella y el crecimiento deficiente, sugieren que esas pautas deben revisarse", señala el investigador James A. Platts-Mills, del Departamento de Medicina de la Universidad de Virginia.

Houpt notó que las infecciones infantiles tienen efectos duraderos. "El retraso en el crecimiento significa que los niños no están creciendo y significa que se enferman más fácilmente. No les va tan bien en la escuela, y esto puede atraparlos en la pobreza", alerta el experto.

"Si solo nos enfocamos en la diarrea, podría no ser suficiente. También debemos abordar estas exposiciones asintomáticas. Si pudiéramos tener intervenciones contra solo cuatro patógenos, esperaríamos una mejora en el crecimiento similar a lo que se ha visto en las intervenciones nutricionales en entornos similares. Esto coloca la exposición del patógeno, en términos de importancia, al mismo nivel que la nutrición, lo que en el pasado se ha considerado la principal razón de un crecimiento deficiente", añade la investigadora Liz Rogawski McQuade.

Esta especialista comenta que encontrar maneras de abordar estas infecciones podría tener "enormes beneficios". Las vacunas, por ejemplo, se están desarrollando tanto para Shigella como para Campylobacter, señala McQuade.

"Hemos logrado grandes avances en la diarrea en todo el mundo, y la tasa de mortalidad ha disminuido muy rápidamente. Ambos datos son muy buenos, pero todavía hay mucho margen de mejora. Tenemos que atacar estas infecciones subclínicas. Creemos que estas experiencias en la vida temprana son extremadamente importantes para el desarrollo cognitivo infantil, lo cual es esencial para su salud", concluye la investigadora.