Terapias complementarias: ¿son útiles?


  • Editorial Univadis
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Los médicos convivimos a diario con gran cantidad de terapias y medicinas que no se estudian en la universidad. Es importante estar formados al respecto para que, llegado el momento, podamos decir algo a ese enfermo que se acerca a la consulta y nos pregunta si es buena la musicoterapia o la acupuntura para la patología que padece y que la medicina científica no termina de paliar. La formación mínima del médico sobre estas terapias tiene que cubrir dos aspectos. El primero es tener claro de qué hablamos ya que, aunque muchas veces se mezclan, hay que intentar distinguir entre medicinas alternativas, terapias complementarias y terapias pseudocientíficas. El segundo sería saber analizar, dentro de cada uno de estos grupos, la eficacia de cada supuesta terapia en una patología concreta; es decir, determinar su validez científica. 

Comencemos por el primer eslabón. Una medicina alternativa es aquella que se ofrece como alternativa a otra, en este caso a la mal llamada medicina tradicional (la que se estudia en las universidades) y que realmente se debería llamar medicina científica. A pesar de que es sabido que no todo lo que se estudia en la facultad de medicina tiene un soporte científico, se pretende que sea así y cada vez es más habitual que lo sea. A todos nos viene rápidamente a la cabeza un listado de estas medicinas alternativas que, no por poner delante el términomedicinas, significa que sirvan para curar o paliar algo.

Siguiente término: terapias pseudocientíficas o pseudoterapias. Son aquellas prácticas que ofrecen actos médicos curativos que no han demostrado científicamente su efectividad. Afirman curar enfermedades, aliviar síntomas o mejorar la salud sin que exista respaldo de la evidencia científica. Coloquialmente podríamos denominarlas falsas terapias. Muchas de ellas se engloban dentro de las terapias alternativas y de las complementarias. El tercer término que debemos aclarar es el de terapia complementaria. Si las medicinas alternativas lo son ante la medicina tradicional (científica), las complementarias igualmente: son un complemento ante la medicina científica. Respecto al listado de terapias, hay de todo, desde pseudoterapias hasta métodos inocuos que producen bienestar y que, por tanto, al menos sabemos que no producen daño. 

Casi todas estas terapias, alternativas, complementarias y pseudoterapias, comparten dos características: atribuirse ser naturales (de hecho, muchas de ellas se denominan “medicinas naturales”) y holísticas o integrales. Es decir, ocuparse del ser humano en su conjunto, no “troceado”, tal y como hace la medicina científica. Respecto a lo natural, en sí mismo no es ni bueno ni malo. La medicina científica también usa cantidad de sustancias provenientes del medio natural (la digoxina, los opioides, algunos anestésicos, etcétera). Y, por otro lado, la naturaleza puede ser muy dañina. Pensemos si no en la picadura de una viuda negra, tan natural ella en Norteamérica. Ciertamente, la medicina científica está llena de problemas y produce cantidad de efectos colaterales y de iatrogenia que se debe ir valorando continuamente. Pero esto no significa que las prácticas que supuestamente usan sólo lo que hay en la naturaleza sean mejores o inocuas. En una infusión de una hierba “natural” no sabemos el número de sustancias que hay ni su cantidad. Sin embargo, en la digoxina en comprimidos sabemos con exactitud los miligramos de digoxina y de excipientes.

Respecto a que sean integrales u holísticas, es cierto que la medicina científica, sobre todo la hospitalaria, fracciona mucho al paciente, por lo que es preciso mejorar este aspecto, con un sistema pensado más en el paciente y con médicos que traten integralmente al paciente en cualquier fase de su proceso vital: pediatra, médico de familia, internista, geriatra, intensivista, entre otros, tienen la obligación de tratar al enfermo en su globalidad.

Como podemos observar, las terapias o medicinas alternativas, complementarias y pseudoterapias, si es que se les puede llamar así (sería mejor denominarlas “prácticas”), en gran medida surgen por las deficiencias de la medicina científica: iatrogenia y efectos secundarios, fraccionamiento del paciente y, además, desatención a determinadas patologías crónicas incurables que, sin ser graves, minimizan mucho la calidad de vida del paciente (artrosis, fibromialgia, cefalea tensional, síndrome de intestino irritable, etcétera). No obstante, también hemos visto cómo estas prácticas tienen un problema: la ausencia de validez científica. Cuando se han intentado validar para comprobar si tienen efecto más allá del placebo, cuyo resultado es incuestionable, usemos un azucarillo o impongamos las manos, la inmensa mayoría de estas prácticas han fracasado. Porque, si una terapia complementaria demuestra que es eficaz para tratar una patología, ¿qué inconveniente habría en incorporarla? La medicina científica, si realmente lo es, no debería tener problema en incorporar en el manejo de una enfermedad, por ejemplo, la musicoterapia o la hidroterapia, si estas prácticas demuestran ser eficaces en el tratamiento de dicha enfermedad.

Desde la medicina científica lo fácil es criticar la ausencia de eficacia de estas prácticas. Sin embargo, antes de criticarlas, la medicina científica en primer lugar debe intentar mejorar todos los aspectos señalados: efectos colaterales, fragmentación del paciente y atención a determinadas patologías crónicas incurables leves.

Una vez aclarado el panorama, hay que señalar que algunas prácticas complementarias (dejaremos a un lado las alternativas, porque estas prácticas no deben suplantar nunca a la medicina validada) pueden ser útiles para la medicina, funcionando como un complemento que produce bienestar o que mejora la calidad de vida. Pedir que además sean eficaces en términos de curación o de otro tipo de variables “duras”, es demasiado. Sobre todo porque, como hemos señalado, si es así deberían incorporarse de forma normalizada al tratamiento de la patología en cuestión. 

En un editorial próximo realizaremos una pequeña selección de aquellas terapias complementarias que puedan ser útiles para la medicina. Los criterios que selección de dichas terapias serán que no produzcan daño (un riesgo de muchas prácticas pseudocientíficas) y que además hayan demostrado algún efecto al menos en términos de bienestar.