Superhéroes


  • Editorial Univadis
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Hace poco se enviaba por WhatsApp un meme en el que los superhéroes aceptaban a un miembro más en su grupo: un médico. Posiblemente nuestra fuerza no reside en el talón, como le pasaba Aquiles; tampoco en el pelo, como le sucedía a Sansón; ni en la criptonita, el punto débil de Superman. Nuestra fuerza reside en un lugar escondido, de donde nadie nos la puede arrebatar. A Sansón le cortaron el pelo, a Aquiles su talón y Superman perdió todo su poder cuando le colgaron criptonita sobre el pecho. A nosotros es imposible que nada de eso nos suceda, porque nuestro poder reside en nuestro corazón. Se le puede llamar vocación, amor por los demás o, sencillamente, sentido del deber. Es algo que está por encima de contingencias y circunstancias, un carisma que nos envuelve y nos pone a prueba de balas. Ni las balas de plata que acababan con Drácula nos harían temblar.

Hace pocos días un médico narraba cómo la policía municipal le había parado cuando regresaba de un supermercado. Eran las 20:30h y ya estaba cerrado, por lo que el médico, ante la pregunta de los policías sobre cómo podía demostrar que venía de comprar, respondió: “Verán ustedes, es que he salido del hospital a las 19:30h y cuando he llegado al supermercado, ya estaba cerrado”. Los policías, como si hubieran visto a Superman: “¡Ah! Pero que ¿es usted médico? No se preocupe doctor, que nosotros le llevamos a un supermercado que sabemos que está abierto”. Dentro del coche los policías continuaron mostrándole su admiración. El médico, derrotado física y anímicamente, venía de hacer algo similar a lo que diariamente hacen los médicos de familia con decenas de pacientes, los oncólogos con enfermos en muy mala situación, los cirujanos con aquellos que depositan su vida en sus manos… y así todos y cada uno de los especialistas. 

Muchos ciudadanos reconocen ahora lo que hacen los sanitarios. Aplauden y expresan todo lo que valen. ¿Es que esas personas no eran conscientes de que ese mismo trabajo lo hacen diariamente, mes tras mes y año tras año? Ciertamente, ahora ayudan a salvar muchas vidas en poco tiempo y a costa de poner en riesgo su salud. Pero eso mismo, simplemente de una forma menos espectacular, lo hacen continuamente los médicos y sanitarios en las urgencias, en las plantas de los hospitales, en Atención Primaria o en las unidades de cuidados intensivos.

En estas semanas también ha habido mensajes y artículos señalando cómo a los sanitarios, no sólo a los médicos, en medio de una crisis como la actual no se les ocurre realizar demandas laborales, pedir subidas salariales ni realizar otro tipo de exigencias aprovechando que se puede “arrimar el ascua a su sardina”. No nos parecería ético, iría en contra de eso que escondemos en nuestro interior. Por eso pocos, por no decir ninguno, de los sanitarios que ahora están luchando contra la epidemia ha recordado estos días la precariedad laboral en la que vive una mayoría, los contratos basura o los sueldos exiguos.

Este editorial no pretende situar a los médicos y al conjunto de los sanitarios en una posición de superioridad respecto al resto de profesiones. Somos humanos y de carne y hueso como cualquiera. Lo único que nos diferencia es ese pequeño secreto que escondemos en el corazón: “queremos cuidarte, a ti, cuando estés enfermo”. La pandemia por CoV-2 ha mostrado que lo que más nos importa a todos es aquello de lo que nos ocupamos: la vida y la salud. A no ser que se atente con violencia contra el Estado (contra la vida de sus ciudadanos) o que la salud ciudadana esté en peligro, es imposible que un Estado se pare. Pero si la salud está en juego, como estamos viendo, si es preciso se paraliza la economía, las relaciones sociales, la educación de las futuras generaciones y tantas otras cosas que nos importan. En estos momentos la sociedad deja todas sus expectativas en nuestras manos. Se ha creado, literalmente, un Estado de Alarma porque la salud está amenazada. Si somos tan importantes para todos, la sociedad debería cuidarnos algo más, no sólo ahora por motivos egoístas, por temor a enfermar de COVID-19.

Seguramente cuando esta desgraciada epidemia acabe volverán los contratos indecentes, los salarios escasos y los dirigentes nuevamente tomarán decisiones sin contar con nosotros. Cuando la normalidad regrese posiblemente todo volverá a ser igual. Pero lo que es seguro, es que los sanitarios no echarán en cara a la sociedad que ya no se les valora igual, ni pedirán cuentas por los servicios prestados. Ese es nuestro carisma, está en nosotros, escondido en nuestro corazón. 

Es por lo que hemos sido, somos y seremos superhéroes.