Señorías…


  • Editorial Univadis
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Es muy habitual hablar de la “politización de la sanidad”, especialmente en campaña electoral. En las últimas semanas los sanitarios contemplamos, con cierta sorna, cómo repentinamente, políticos de todos los colores se interesan por nuestros problemas: se organizan debates en colegios profesionales, visitan hospitales y centros de salud, se prometen mejoras laborales, hablan de listas de espera y de los minutos que dedicamos a nuestros pacientes, de las necesidades de profesionales y pacientes, etcétera ¡Ah! Que no es repentinamente, resulta que el 26M hay elecciones.

El binomio política-sanidad tiene muchas vertientes. Una es analizar cómo son nuestros mayores responsables en materia sanitaria. Hace apenas un año bautizábamos un Editorial con Habemus ministra… a propósito de la entonces flamante, y poco después malograda, Carmen Montón. Señalábamos cómo desde 1977 hemos tenido 23 ministros de Sanidad (24 con María Luisa Carcedo), de los cuales 11 han sido mujeres y sólo cuatro eran médicos, incluida la actual titular de la citada cartera. En el artículo discutíamos qué era mejor, si tener un ministro-gestor, un perfil más político, o un ministro con formación sanitaria que conozca el mundo de la medicina. Sobre esta cuestión hay que señalar que muchas veces encontramos médicos-políticos ejerciendo su tarea de gestión púbica lejos del ámbito sanitario. Habitualmente hay entre 10 y 12 licenciados en medicina en el Congreso de los Diputados, y no siempre están en la Comisión de Sanidad o en tareas similares. Así mismo hay numerosos alcaldes, concejales o consejeros que han pasado por la facultad de medicina y después gestionan otro tipo de tareas, como Xavier Trias, alcalde de Barcelona hasta 2015. Si un médico puede ser alcalde, ¿por qué no puede ser ministro de Sanidad un… ingeniero?

Dato curioso: recientemente se ha hecho popular el médico internista Agustín Zamarrón. Ya jubilado y por primera vez elegido diputado, tuvo el honor de presidir la Mesa de Edad del Congreso el 21 de mayo. La Mesa se constituye por el diputado de mayor edad del hemiciclo (Agustín Zamarrón), el cual ejerce como presidente de la Mesa, y los dos más jóvenes. Diputado por Burgos, Zamarrón tuvo que pilotar la sesión constitutiva del Congreso salido de las Elecciones Generales, aunque para ello hubi de abandonar previamente la Comisión de Deontología de la OMC. Su responsabilidad fundamental el día 21 fue ordenar las votaciones que permitían elegir los nueve puestos de la Mesa del Congreso. La gloria no le duró mucho, porque Meritxell Batet pronto recogió el relevo como presidenta de la Cámara Baja.

Hemos hecho un enfoque de binomio política-medicina desde los nombres particulares. Sin embargo, lo que más importa a los médicos no son los políticos, sino las políticas. Es decir: qué se hace desde el poder legislativo y ejecutivo en lo referente a nuestra profesión. Es sabido que la sanidad está, en gran parte, transferida a las Comunidades Autónomas, por lo que es en las Comunidades donde se toman las decisiones más importantes en materia sanitaria, donde se establecen las prioridades y se distribuye el presupuesto sanitario: construcción de hospitales o centros de salud, contratación de sanitarios, mejoras de salarios, actualización de la tecnología, gasto farmacéutico, investigación, etcétera. Si España tiene uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, tal y como corroboran casi todos los estudios, se debe a que tenemos profesionales bien formados y a que el gasto se dedica a lo más prioritario, como la Atención Primaria, el seguimiento del embarazo o las urgencias hospitalarias. 

No obstante, no tenemos que relajarnos. Los políticos se llenan la boca con los pactos de Estado para destacar la importancia de determinadas cuestiones: política internacional, educación o pensiones. Si algo precisa de un pacto de Estado y, además, probablemente sea factible, es la sanidad. La mayor parte de los españoles estamos de acuerdo con qué sistema sanitario deseamos, como también los profesionales. Un sistema en el que haya transparencia en el gasto y en la gestión, donde se pongan sobre la mesa los problemas para que, entre todos, decidamos qué es prioritario en los próximos cinco, 10 y 15 años. El diseño de este pacto de Estado de sanidaddebería tener tres piedras angulares: 1. Mantener un sistema sanitario universal y de calidad; 2. La participación de los profesionales sanitarios y de los usuarios en su diseño; y 3. despolitizar la sanidad. 

Esta última cuestión, la despolitización de la sanidad, es esencial cuando nos acercamos al binomio política-sanidad. Es inaceptable que el nivel de lo político, los cargos de confianza de uno u otro partido, llegue hasta la gestión de los centros sanitarios. Permitir que esto sea así supone desvirtuar el sentido de la sanidad. El sistema debe estar gobernado por profesionales, asistenciales en el nivel de los cuidados y de la gestión en el administrativo. Al igual que un médico tiene que estar actualizado para atender bien a sus pacientes, con independencia de a quien vaya a votar el 26M, un gestor o un director médico tiene que saber gestionar sus recursos para al final hacer lo que debe: garantizar que su centro sanitario ofrezca la mejor calidad asistencial posible. Esta idea, en lo referente a la sanidad, podemos trasladarla a todos los profesionales de las diferentes administraciones del Estado.

No pretendemos decir que el ministro de Sanidad, en estos momentos ministra, y los correspondientes consejeros en cada Comunidad no deban tener ideología ni iniciativa. Es importante que haya personas que tengan una idea global del sistema sanitario, para saber de qué manera se puede organizar y que así se facilite la mejor atención posible. Pero posiblemente existe consenso sobre los principios que rigen de nuestro Sistema Nacional de Salud, por lo que los máximos responsables sólo deben encargarse de dar facilidades a los profesionales para que dichos principios se lleven a la práctica: universalización de la atención, accesibilidad y desconcentración para que los servicios estén lo más cerca posible de la población, y descentralización, para mejorar la respuesta de los servicios y profesionales. Ponemos en cursiva sólo porque somos conscientes de que ordenar el sistema, los recursos disponibles y los profesionales no es sencillo. Por ello iremos a los colegios electorales el 26M.