SEN 2022 - Las claves del futuro de la medicina frente al párkinson

  • Esther Samper
  • Cobertura de Congreso
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La prevalencia de la enfermedad del Parkinson ha experimentado un marcado ascenso en Europa y en España en las últimas décadas. En la actualidad, en torno a 150.000 personas sufren esta dolencia en nuestro país: entre ellos, el 2 % de los mayores de 65 años y el 4 % de los mayores de 80. Además, la carga global por esta enfermedad se ha duplicado en Europa desde 1990 hasta 2016, lo que supone un incremento del impacto sobre la población superior a la del alzhéimer y otras demencias. El envejecimiento de las sociedades, la disminución de las poblaciones rurales y las exposiciones ocupacionales son varios de los factores que se barajan para explicar este fenómeno.[1]

La profesora de Neurología de la Universidad de Grenoble y presidenta electa de la Academia Europea de Neurología (EAN), Elena Moro, ha explicado en la reciente Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología (SEN) los aspectos más relevantes y novedosos que rodean el presente y el futuro de la medicina frente al párkinson. Moro recalca la importancia de entender el párkinson, no como una única enfermedad, sino como un grupo de enfermedades diferentes.

El párkinson presenta tres fenotipos diferentes con grandes diferencias en sus progresiones y en las respuestas a la medicación: maligno, intermedio y ligero. El tipo maligno es especialmente complicado de manejar.[2] "Hay algunos pacientes que padecen una forma muy maligna. Empeoran mucho clínicamente tan solo después de cinco años tras el diagnóstico. En cambio, otros van muy bien tras 30 años" detalla la profesora.

Además de la clasificación anterior, algunos especialistas proponen la clasificación del párkinson en dos subtipos: "brain-first" (primero en el cerebro) o "body-first"(primero en el cuerpo). En el primer subtipo la acumulación anormal de alfa-sinucleína en las neuronas comienza en el cerebro y, con el tiempo, se extiende al sistema nervioso autónomo periférico. En cambio, en el tipo "body-first" este trastorno se origina en el sistema nervioso autónomo periférico o entérico y, más tarde, se expande al cerebro. Por otro lado, en las mujeres se ha observado que el párkinson suele presentarse con más discinesia, una progresión más lenta hacia la demencia (al contrario de lo que ocurre en el alzhéimer) y con un impacto menos agresivo en la calidad de vida.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), consciente del impacto cada vez mayor del párkinson, publicó hace unos meses el documento "Enfermedad de Parkinson: un enfoque de salud pública". El informe detalla el impacto de la enfermedad, las necesidades de nuevos tratamientos y las seis áreas de acción cruciales para atenderla, especialmente en países de bajos y medios recursos. El documento también defiende la igualdad. "La mortalidad de las personas que viven con párkinson en los países de bajos ingresos es mucho mayor que la de los afectados en los países más ricos del mundo", señala la especialista.

En los últimos años se ha dado un incremento notable en el número de ensayos clínicos que evalúan nuevos fármacos para la enfermedad de párkinson. La mayoría de ellos se encuentran aún en fase 1 y 2 y se centran sobre todo en reducir la inflamación o tratar algunos tipos de párkinson hereditario, en los que la genética es responsable de su aparición. La mayoría de ensayos clínicos de fármacos en fase 3 se dirigen a aliviar los síntomas dopaminérgicos. El resto son agonistas del receptor del péptido 1 similar al glucagón (GLP-1R), tienen como diana la alfa sinucleína o buscan aliviar los síntomas no dopaminérgicos.

Más allá de los tratamientos farmacológicos convencionales para el párkinson, se están investigando o extendiendo el uso de diferentes técnicas de neuromodulación. Entre los métodos invasivos destacan la estimulación cerebral profunda, la estimulación de la médula espinal, de la corteza cerebral o del vago o el ultrasonido focal de alta intensidad guiado por resonancia magnética (que se recomienda especialmente para el temblor). Otros enfoques muy experimentales en este grupo de tratamientos son la terapia génica o el trasplante de células. En cuanto a los métodos no invasivos, se encuentran la estimulación magnética transcraneal repetitiva, la estimulación transcraneal con corriente alterna, la estimulación externa vagal, los ultrasonidos focales no invasivos y la fotobiomodulación externa.

El mayor obstáculo en el tratamiento médico del párkinson es el diagnóstico tardío. Normalmente, cuando el paciente ya muestra signos y síntomas claros de la enfermedad es porque se han dado antes alteraciones en el cerebro durante 10 años. Por esta razón, es esencial centrarse en prevenir la enfermedad y también en realizar un diagnóstico temprano para detener o enlentecer la progresión del párkinson. Sin embargo, la escasa comprensión de su patofisiología, más allá de la degeneración de la sustancia negra, dificulta ambos objetivos.

En los últimos años, las investigaciones se están centrando en la función de la inflamación y la microglía como desencadenantes del párkinson. La producción de factores neurotóxicos y la autoinmunidad son factores que parecen estar también involucrados. Además, la interrelación entre el cerebro, el nervio vago y el aparato digestivo (incluyendo la microbiota) también se está analizando por influir en la dolencia.

En cuanto a la prevención del párkinson, aún existe un gran desconocimiento sobre los factores de riesgo implicados, lo que impide dar pasos importantes en esta cuestión. Parece que la exposición a ciertos pesticidas podría desencadenar la enfermedad en individuos genéticamente predispuestos.[3] Otros factores que podrían incrementar las probabilidades de sufrir esta enfermedad neurodegenerativa son los trastornos del sueño, el ictus, el trastorno bipolar, consumo de alcohol, diabetes, hipertensión, gastritis, enfermedad de Crohn...

Los avances en el conocimiento del párkinson llevan a entenderla como una enfermedad muy compleja que requiere un acercamiento multidisciplinar, con múltiples especialistas. Dada la elevada presencia de trastornos del ánimo como la depresión, los psiquiatras son imprescindibles en el manejo de la enfermedad. La especialista finaliza su exposición reconociendo que es necesario obtener mucha más información sobre el párkinson e "implantar una atención personalizada y global, como defiende la OMS, para mejorar el cuidado de nuestros pacientes".