SEN 2020- Covid-19: así ha condicionado la bioética el abordaje de la crisis del coronavirus en España

  • José Gómez

  • Cobertura de Congreso
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En un contexto como el actual, en el que la pandemia provocada por el coronavirus SARS-CoV-2 ha puesto en jaque la salud de una parte importante de la población, la bioética ha vuelto a cobrar una especial relevancia. Esta rama de la ética, que entronca directamente con las ciencias de la salud, ha servido de marco de referencia para decidir desde cómo han de desarrollarse los tratamientos contra la Covid-19 hasta de qué forma debían realizarse los triajes a los pacientes o quiénes eran los pacientes que debían ser sometidos a una PCR cuando este tipo de pruebas escaseaban.

La LXXII Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología (SEN) abordó el pasado miércoles 26 de noviembre algunos de los aspectos más controvertidos del abordaje clínico durante la pandemia a través de su Comité de Ética y Deontología. En concreto, fue el doctor Nicolás G. Jouve de la Barreda, catedrático emérito de Genética de la Universidad de Alcalá (Madrid), quien realizó un extenso repaso a la evolución de la Covid y a algunos de los debates fundamentales que tanto políticos como organizaciones relacionadas con la salud han tenido que plantearse durante los últimos meses.

Según palabras del propio Jouve, existe una gran preocupación en la sociedad sobre lo que pueda ocurrir cuando pase la pandemia, “sobre todo con las secuelas que puedan quedar en las relaciones sociales, aparte de en la economía y la salud pública”. El investigador recordó que la bioética también deberá enfrentarse próximamente al dilema moral de qué colectivos deben recibir primero la vacuna cuando esté disponible. “Parece que existe cierto acuerdo en que los trabajadores de la salud, las personas con afecciones subyacentes y los trabajadores de servicios esenciales sean los primeros en beneficiarse”.

Durante su intervención, el profesor emérito de la Universidad de Alcalá desmontó la “idea alocada” de que el coronavirus SARS-Cov-2 fuese un producto de elaboración genética fabricado en un laboratorio, tal y como demostró un artículo publicado en la revista Nature el pasado mes de abril. Jouve también apuntó que la mayoría de los estudios publicados hasta la fecha sugieren que el virus tiene una mayor lentitud a la hora de mutar que otros virus como el de la gripe, y que “lo más probable” es que esas mutaciones vayan “sustituyéndose” las unas a las otras en un proceso de selección natural. “El virus que hemos encontrado actualmente parece menos infectivo que de la mutación inicial”, aseveró el especialista.

De la misma forma, también recordó los escasos casos de personas que, tras contagiarse, han sufrido recaídas, y cómo en todos ellos, cuando se han comparado las secuencias genómicas de ambas infecciones, se ha podido establecer que se trataba de cepas distintas. “Esto es muy importante de cara a las vacunas, ya que tendrán que contemplar la posibilidad del virus de presentar varias cepas”, advirtió Jouve, que también subrayó el papel que juegan en la pandemia los anticuerpos neutralizantes (“que parecen otorgarnos unas defensas no muy duraderas”) y la inmunidad celular, cuyo mecanismo parece “mucho más protector y duradero”. 

Con estos mimbres, el Comité de Bioética de España publicó este año tres informes sobre la pandemia en los que sugería cómo abordar un drama sanitario como éste. El primero de ellos, tal y como recordó Jouve, tiene que ver con la priorización de los recursos sanitarios en un contexto de crisis. El organismo recuerda que esta es, antes que nada, una crisis sanitaria y que se deben seguir “las directrices deontológicas propias de la buena medicina” para afrontarla. “El informe pide considerar que todos los demás enfermos de otras patologías deben ser también atendidos porque el sistema nacional de salud es un sistema de todos y para todos”, recordó el genetista.

¿Cómo hacerlo? En opinión del experto, fundamentalmente buscando posicionamientos que no alteren los criterios bioéticos de beneficiencia y no maleficiencia. O lo que es lo mismo: los principios de hacer el bien y no hacer el mal. “Cada caso debe ser estudiado en particular, lo que nos conduce a no utilizar prejuicios contra las personas mayores porque tienen una menor esperanza de vida o pensando que son menos útiles para la sociedad y que se debe dar prioridad a los jóvenes”.

El segundo informe del Comité de Bioética de España aborda el “derecho y deber de facilitar el acompañamiento a los pacientes con Covid-19”. Según Jouve, un enfermo no sólo necesita “vivir el afecto de un ser querido para su curación”, sino que la comunidad médica debe reflexionar también sobre “el modo de facilitar un entorno responsable para morir a los pacientes, procurando el oportuno acompañamiento o el apoyo espiritual y religioso”. Todo ello, de acuerdo con la “filosofía de los cuidados paliativos”, con el objetivo de evitar duelos patológicos y el agravamiento de las situaciones de vulnerabilidad. 

Por último, en opinión del investigador, el tercer pilar en el que debe sustentarse el abordaje clínico para afrontar de la mejor forma la pandemia tiene que ver con qué hacer con los datos y las muestras que van surgiendo después de tratar a un número enorme de personas. Estos datos tienen una riqueza extraordinaria para la comunidad científica de cara a próximas investigaciones. “Hay que conciliar la urgencia por alcanzar resultados de investigación y también el derecho a la intimidad de personas frente al interés público de los datos”.