SEIMC 2022 – ¿Qué hay de nuevo en la pandemia de la COVID-19?

  • Dra. Esther Samper

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La COVID-19 y el SARS-CoV-2 se han convertido en la enfermedad y el agente patógeno más estudiados por la ciencia en tan solo 2 años y medio tras su irrupción mundial. Hasta la fecha se han publicado más de 260.000 artículos científicos sobre ellos y cada mes aparecen miles de artículos más. Estar al día de toda la actualidad científica sobre este tema se convierte así en una odisea. Para no perderse en este aluvión de estudios, el doctor Jesús Rodríguez Baño, Jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Virgen Macarena, ha explicado las novedades más importantes en el último congreso de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC).

La novedad más relevante en la pandemia ha sido, sin duda, la irrupción de las vacunas contra la COVID y la aparición de la variante ómicron lo que ha provocado tanto un cambio en la epidemiología como en el perfil de los pacientes ingresados. La gran mayoría de ellos son individuos sin vacunar o con una respuesta vacunal insuficiente en los que se producen nuevas infecciones, reinfecciones o reactivaciones del virus. Además, también se encuentran aquellos con una descompensación de su enfermedad crónica de base y en los que se detecta SARS-CoV-2 de forma incidental, sin que sepa aún bien de qué forma contribuye la variante ómicron u otras a dicha descompensación. 

Tratamientos

En el último mes ha habido pocas novedades en el tratamiento de la infección grave, aunque sí  han aparecido nuevos artículos científicos[1,2,3] sobre los resultados de fármacos para infección leve-moderada y profilaxis preexposición en pacientes de riesgo. 

En general, diversos anticuerpos monoclonales en ensayos clínicos aleatorizados han fracasado en el tratamiento de la infección grave, con los pacientes ingresados en el hospital. Sin embargo, han tenido éxito en la prevención de la infección grave cuando trataban precozmente a pacientes de riesgo con infección leve (en la era prevacunal). Por otro lado, anticuerpos monoclonales como Tixagevimab/cilgavimab (Evusheld) o casirivimab/imdevimab (Ronapreve) puede ser eficaces para profilaxis preexposición (PrEP) en personas de alto riesgo. La Agencia Española del Medicamento aprobó indicaciones en ese sentido para estos fármacos. Un nuevo estudio[4] indica que Evusheld en pacientes inmunodeprimidos o con riesgo de respuesta inadecuada a la vacunación era capaz de prevenir la enfermedad sintomática por COVID-19, antes de la era ómicron.

En cualquier caso, la eficacia y eficiencia de los tratamientos anteriores en la situación actual, con ómicron y población vacunada, están pendientes de evaluarse. La SEIMC mantiene recomendaciones actualizadas para el manejo clínico de pacientes con COVID-19, de diferente gravedad y riesgo, en su página web.

¿Cómo ha afectado ómicron a la eficacia de fármacos contra la enfermedad grave? Muchos de los anticuerpos monoclonales han perdido casi de forma completa su potencia de actividad con esta variante[5]. Solamente sotrovimab y alguno más como Evusheld conserva alguna actividad[6]. La situación es diferente para los fármacos antivirales que siguen manteniendo su efectividad.

Vacunas

La variante ómicron también ha afectado a la eficacia de los anticuerpos neutralizantes generados por las vacunas. Esta eficacia es significativamente menor para ómicron[7] comparado con variantes previas.  La tercera dosis de las vacunas sigue ofreciendo buena protección de los anticuerpos neutralizantes frente a ómicron, pero esta no parece duradera, sobre todo en personas mayores de 65 años.  Surgen dudas sobre la necesidad de aplicar cuartas o sucesivas vacunas o desarrollar, en su lugar, nuevas vacunas adaptadas a la variante predominante del momento.

Los datos clínicos[8] también respaldan los resultados de los estudios de neutralización in vitro. Las personas vacunadas con tres dosis tienen una protección alta frente a enfermedad sintomática por ómicron, pero están menos protegidas que con respecto a la variante delta. 

Sobre los efectos de las vacunas sobre la COVID-19 persistente, se ha observado que las personas vacunadas tienen mucho menor riesgo de sufrir síntomas persistentes si se infectan por el SARS-CoV-2. Además, los pacientes afectados por COVID-19 persistente sufren una disminución de la intensidad de varios síntomas (como disnea, cefaleas o problemas para dormir) al recibir dos dosis de la vacuna[9].

Sobre los beneficios/riesgos de las vacunas contra la COVID-19 en embarazadas, un reciente estudio[10] demuestra claramente que la infección por el SARS-CoV-2 en mujeres embarazadas no vacunadas aumenta el riesgo de cesárea y de parto pretérmino en comparación con aquellas que no pasaron la infección. Esto, si se considera junto al reducido riesgo de efectos adversos de las vacunas, apoya la recomendación de vacunación en embarazadas.

Medidas de control no farmacológicas frente al SARS-CoV-2

El conocimiento científico sobre esta cuestión es muy limitado, en comparación con la gran cantidad de estudios publicados sobre medicamentos. Una revisión sistemática[11] de los ensayos aleatorizados sobre medidas de control encontró solamente 12 ensayos que se completaron y de ellos solo 9 se publicaron. Rodríguez señala que: “hemos perdido una oportunidad espectacular para hacer estudios aleatorizados de medidas de control de la COVID-19 o de infecciones que se transmiten de esta manera”.

Variantes del SARS-CoV-2

Las primeras noticias de la variante ómicron llegaron desde Sudáfrica, con una explosión de casos y con la sensación de que apenas provocaba hospitalizaciones y muertes. Estudios epidemiológicos[12], en modelos animales[13] y celulares[14] han confirmado, efectivamente, que ómicron es mucho más transmisible que variantes anteriores, pero menos virulento. Así, ha potenciado la aparición de casos con una clínica mucho más leve en todo el mundo.

Las nuevas variantes siguen recibiendo atención por su potencial para que se produzcan cambios en su transmisibilidad y virulencia o en que disminuyan la protección generada por las vacunas o la inmunidad natural debido a cambios genéticos. Por ahora, predomina ómicron BA.2 en el mundo y conocemos relativamente poco sus características esenciales. El Dr. Rodríguez señala que hay datos controvertidos in vitro que sugieren que podría ser más patogénico que BA.1. Sin embargo, estudios con pacientes y en modelos animales no han observado diferencias: “Habrá que ir viendo, pero la sensación clínica que creo que todos tenemos es que no hay un aumento de virulencia clínica de BA.2 con respecto a BA.1 de los casos que estamos viendo actualmente”.

Se desconoce si otras variantes de preocupación como BA.4 o BA.5 tienen diferente virulencia o capacidad para transmitirse. Los Centros Europeos para el Control y Prevención de Enfermedades (ECDC) y otras instituciones sanitarias las siguen monitorizando por si pudieran provocar problemas en el futuro, aunque por el momento solo se han detectado casos esporádicos de estas variantes. El especialista Jesús Rodríguez concluye con una recomendación: “Debemos estar preparados para lo inesperable”.