SEIMC 2022 – Más allá del microbioma humano y del trasplante fecal

  • Dra. Esther Samper

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Desde hace una década la microbiota ha recibido un gran interés, tanto en el ámbito científico como entre la población general. De ser un campo de estudio poco activo y desconocido para muchas personas ha pasado a formar parte de la cultura popular y atraer una importante financiación para investigaciones. De hecho, hace tan solo unas semanas, la revista Science destacaba El microbioma sistémico en su portada. Sin embargo, la microbiota sigue siendo una disciplina alejada de la práctica clínica. ¿Qué avances se están dando para hacer realidad su aplicación en medicina?

La doctora Rosa del Campo de España, investigadora clínica en Microbiología del Hospital Universitario Ramón y Cajal, presenta las claves y retos que se encuentran en el estudio del microbioma humano en el último congreso de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). Del Campo señala la peculiar situación actual en la que hay personas que van con muestras de heces a la farmacia para un análisis en el laboratorio mediante secuenciación masiva y obtienen resultados de microbiota inciertos, muy difíciles de interpretar.

Mientras tanto, en el ámbito hospitalario, no existen guías clínicas y aún se desconoce qué implicaciones tiene la variación de la microbiota en la salud y en la enfermedad. Más allá de la transferencia fecal en casos de infección por Clostridioides difficile​, cuya eficacia ha sido demostrada, existe un gran desconocimiento sobre la utilidad de este tratamiento en otras indicaciones. Además, situaciones cotidianas, como alimentar por sonda a pacientes en el hospital durante cierto tiempo, significa dejar de alimentar a las bacterias intestinales y se desconoce cuál es el efecto que podría tener sobre el funcionamiento del intestino en particular, y sobre la salud en general.

Las limitaciones de los estudios de la microbiota

La irrupción de las tecnologías de secuenciación masiva ha permitido descubrir multitud de microorganismos que colonizan diferentes superficies del cuerpo humano, pero muchos de ellos son aún desconocidos y su función sigue siendo un misterio, especialmente en cuanto se refiere a virus. En la actualidad, muchos estudios sobre microbiota fecal analizan y comparan diferencias significativas entre las muestras de personas sanas y enfermas. No obstante, los resultados de las investigaciones no permiten establecer, por ahora y salvo infecciones agudas por bacterias patógenas, cuándo una microbiota está sana y cuándo enferma. Es necesario aclarar, además, cuándo existe causa y efecto entre una determinada composición de la microbiota y una dolencia específica o cuándo solo existen correlaciones. También son necesarios estudios a gran escala para definir qué es una microbiota normal y qué es una microbiota alterada que podría predisponer a enfermedades.

La falta de protocolos estandarizados a la hora de tomar y procesar las muestras, así como también a la hora de analizarlas, dificulta la comparación de los resultados de diferentes estudios e impide su implantación en la clínica. Además, la recogida puntual de una muestra, en un momento determinado, puede no reflejar la realidad de la microbiota intestinal. En ese sentido, son necesarios estudios longitudinales para conocer mejor su evolución a lo largo del tiempo.

Aunque en la actualidad se han popularizado términos como “disbiosis” (desequilibrio en la composición y/o funciones de la normal microbiota), no es posible, hoy por hoy, saber qué composición constituye una microbiota sana. Del Campo explica que en los estudios es posible encontrar gente que, estando enferma, tenga exactamente la misma composición de la microbiota que individuos sanos.

El potencial de un mayor conocimiento de la microbiota

Múltiples investigaciones están tratando de aclarar si un mayor conocimiento de la microbiota podría ayudar a predecir con más fiabilidad el riesgo de sufrir ciertas enfermedades o las probabilidades a responder a ciertos tratamientos. Además, el estudio de la microbiota humana podría ayudar a conocer mejor el resistoma (el  conjunto de genes de resistencia a antibióticos en comunidades bacterianas), al poder identificar genes de resistencia en bacterias de la población general o de pacientes, que no pueden cultivarse en el laboratorio.

Del Campo explica las diversas investigaciones que han llevado a cabo para evaluar el potencial de la transferencia fecal de cara al tratamiento de diversas enfermedades. Antes, esta transferencia se realizaba por endoscopia, pero en la actualidad aplican heces liofilizadas dentro de cápsulas gastrorresistentes, que permiten que las bacterias lleguen hasta el intestino y su viabilidad disminuya poco. La doctora destaca los siguientes estudios, por mostrar el potencial de la microbiota:

  • Detección de mayor riesgo de cáncer gástrico cuando se detecta coinfección de Helicobacter pylori y virus de Epstein-Barr[1].
  • Predicción de la respuesta al tratamiento oncológico o del pronóstico de cáncer mediante el análisis del microbioma del tumor[2].
  • El trasplante de microbiota fecal como potenciador de la respuesta a inmunoterapia en pacientes con melanoma refractario[3].
  • Erradicación de uropatógenos de las heces, para prevención de infecciones urinarias recurrentes y complicadas en mujeres (investigación en marcha, liderada por la doctora Del Campo).
  • Estudio de las alteraciones de la microbiota que podrían estar involucradas en el desarrollo de trastornos del espectro autista[4].

La Agencia Española del Medicamento (AEMPS) ya reconoce el trasplante fecal como un medicamento biológico. Además, en nuestro país está en marcha un ensayo clínico en fase 3 para evaluar la eficacia de MBK-01, el que podría ser el primer medicamento biológico basado en la microbiota intestinal,  para tratar la infección recurrente por Clostridioides difficile.

La especialista en Microbiología se muestra prudente sobre el potencial de la microbiota: “Necesitamos integrarlo con los datos clínicos, porque todo esto de la microbiota sin una información clínica no sirve absolutamente para nada”. Además, indica: “Cuando hacemos transferencia fecal, siempre medimos cuál es el impacto en la microbiota y muchas veces no hacemos casi ningún cambio. Cuando tengamos una microbiota alterada, ¿qué vamos a hacer para modularla? ¿Qué capacidad tenemos para modificar esa microbiota? Tampoco sabemos cuáles son los efectos a corto y medio plazo del trasplante fecal”.