Se publica un nuevo consenso para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 en personas de edad avanzada

  • Andrea Jiménez

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En España, el 63% de los pacientes con diabetes tienen más de 65 años y más de un tercio de la población mayor de 75 padece esta enfermedad crónica. El 90% de ellos presenta la diabetes mellitus tipo 2, una enfermedad estrechamente ligada al envejecimiento y cuya prevalencia se incrementa marcadamente con la edad. 

Las previsiones demográficas sitúan al nuestro como uno de los países más envejecidos del mundo y se calcula que en el 2050 el 12% de la población tendrá 80 años o más. Teniendo en cuenta el reto importante que supone para los profesionales de la salud, un grupo de expertos de diversas instituciones como el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) y Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición, entre muchos otras, ha publicado el documento de consenso para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2 en personas de edad avanzada o frágiles, una actualización del documento elaborado en el 2018. 

Esta nueva publicación, en la que se revisa la bibliografía disponible y actualizada de estudios del tratamiento de la diabetes de tipo 2, tiene como objetivo elaborar una guía útil para profesionales sanitarios de distintas disciplinas implicados en el cuidado del paciente en la última franja de edad. “Se trata de una iniciativa muy necesaria”, manifiesta Alberto Martínez-Castelao, nefrólogo en el Hospital Universitario de Bellvitge, Barcelona. De acuerdo con el experto, “en los últimos años se ha generado mucho conocimiento, moléculas nuevas, muchos tratamientos, así como guías de práctica clínica. Pero la información no llega del todo a los usuarios, los pacientes que pueden beneficiarse del conocimiento e innovaciones. Hay que hacerla llegar a quienes la necesitan, los afectados por la enfermedad y todo el personal sanitario implicado en el cuidado del paciente”. 

Uno de los primeros aspectos que destaca esta guía es la necesidad de abordar de manera individualizada el manejo del paciente de edad avanzada o frágil con diabetes de tipo 2. “Cada paciente puede necesitar una opción determinada de tratamiento, por eso lo más importante es el diagnóstico. Hay muchos diabéticos que desconocen que lo son”, manifiesta Martínez-Castelao. Para este especialista, además del correcto diagnóstico, otro aspecto fundamental es centrarse en las complicaciones de esta enfermedad, y una de las más importantes es la renal”, señala el especialista. “Primero debemos aplicar los instrumentos que poseemos para un correcto diagnóstico y, a partir de ahí, poner remedio a cada situación”, insiste. 

La importancia de evitar los episodios de hipoglucemia y el tratamiento farmacológico 

Como establece el consenso, la elección del régimen terapéutico en la población de edad avanzada debe ser individualizada y considerando siempre el estado funcional, la fragilidad y las comorbilidades, así como las preferencias del paciente y sus cuidadores. 

La fragilidad es un síndrome clínico asociado al envejecimiento, caracterizado por la presencia de al menos tres de los siguientes criterios: pérdida involuntaria de peso, agotamiento, debilidad muscular, lentitud de la marcha e hipoactividad física. La fragilidad es el principal factor predictivo de discapacidad, dependencia y mortalidad en los ancianos, incluyendo a aquellos con diabetes, y es un marcador pronóstico más potente que la carga de comorbilidad.

En este sentido, la guía subraya la importancia de evitar los episodios de hipoglucemia. “Según el tipo de tratamiento, aquellos pacientes que presentan una fase avanzada de la enfermedad pueden no manejar bien los agentes hipoglucemiantes, que provocan bajadas importantes de la glucemia. Un evento que el profesional debe impedir”, apunta Martínez-Castelao. “Los nuevos fármacos disponibles son más puros, pero hay que saber bien cómo utilizarlos, cuándo y qué pacientes son idóneos para aplicarlos”, añade.

Dada su relevancia, el apartado de tratamiento farmacológico del nuevo documento hace hincapié en los resultados de protección cardiovascular y renal de los grupos terapéuticos. En los últimos años se ha generado nueva evidencia sobre la protección cardiovascular y renal de los análogos de GLP-1 (aGLP-1). Al igual que la insulina, no pueden emplearse por vía oral y se administran inyectados por vía subcutánea. Por otro lado, se dispone de los inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2 (iSGLT-2), fármacos antihiperglucemiantes que tienen la capacidad de disminuir la glucosa de manera directamente proporcional a la tasa de filtrado glomerular, su mecanismo de acción es independiente de la acción de la insulina, por tanto, no producen hipoglucemia. 

El documento recién publicado, también se dedica un apartado a describir las terapias combinadas, indicando las combinaciones terapéuticas preferentes en cada situación clínica. “Éstas incluyen muchos medicamentos diversos, orales, comprimidos, de inyección. Con el objetivo de controlar la glucemia, se pueden, por ejemplo, administrar distintos inhibidores del cotransportador de sodio y glucosa tipo 2 entre sí, o incluso con dosis determinadas de insulina para pacientes más rebeldes al tratamiento, dando excelentes resultados. Pero se debe hacer siempre desde el conocimiento y con un desarrollado criterio”, afirma el experto del Hospital Universitario de Bellvitge. 

En la nueva guía también se describen los avances de la telemedicina en la atención a esta enfermedad, un campo que puede desempeñar un papel muy importante en el manejo y seguimiento de los pacientes con diabetes de tipo dos. Para Martínez-Castelao, “la telemedicina es una magníifica opción que ayuda de dos vías: facilita la comunicación del propio paciente y, por otro lado, permite que todos los profesionales sanitarios estén en contacto estrecho, desde los especialistas a las enfermeras, puedan compartir tanto documentación como criterios”. Según el nefrólogo, esta modalidad hace partícipe al paciente y mejora el trabajo entre profesionales. “La telemedicina desempeñaun papel cada vez más relevante para el control de esta enfermedad y en la Atención Primaria en general, sobre todo después de la pandemia”, concluye.