Salud mental: la delicada continuidad asistencial durante la transición a la edad adulta

  • Caroline Guignot
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Según el estudio multicéntrico europeo prospectivo MILESTONE, dos de cada cinco jóvenes que acuden a un centro de salud mental infantil y adolescente dejan de recibir seguimiento a los 24 meses de hacer la transición a los servicios para adultos. Una mayor carga de enfermedad mental se asoció con una mayor continuidad de la atención, tanto en servicios para adultos como en el centro de referencia.

 

Por lo tanto, los profesionales que atienden a jóvenes que han recibido atención a la salud mental durante su adolescencia deben estar atentos a la evolución de estos pacientes durante esta edad de transición.

El periodo de transición de la adolescencia a la edad adulta suele ser un momento delicado para la continuidad y el mantenimiento de los cuidados asistenciales. La salud mental no es una excepción, pero los estudios que investigan el tema suelen ser transversales y retrospectivos. El estudio MILESTONE, por el contrario, ha realizado un seguimiento de la salud mental de una cohorte internacional de forma prospectiva, permitiendo comparar la los resultados según la continuación de la atención.

El estudio reclutó a jóvenes que estaban recibiendo atención en uno de los 39 servicios de salud mental infantil y adolescente participantes en ocho países europeos (Bélgica, Croacia, Francia, Alemania, Italia, Irlanda, Países Bajos y Reino Unido). Los usuarios de estos servicios eran hasta un año más jóvenes que el límite superior de edad de atención en sus centros o hasta 3 meses mayores, si todavía estaban en ellos.

Los jóvenes y sus padres fueron entrevistados de manera presencial en el momento de la inclusión y de nuevo a los 24 meses, y rellenaron diversos cuestionarios (para determinar problemas de salud mental y somáticos). A los 9 y 15 meses de seguimiento las entrevistas se realizaron por teléfono y todos los cuestionarios se cumplimentaron en línea. Por último, los médicos que seguían a estos pacientes también rellenaron los cuestionarios correspondientes.

Se reclutaron un total de 763 niños (60,0 % mujeres, 90,3 % blancos, edad media 17,5 años), 48 de los cuales se perdieron durante el seguimiento. Los trastornos diagnosticados con más frecuencia fueron los depresivos (26,6 %), los de ansiedad (22,5 %), el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (20,1 %) y los trastornos del espectro autista (14,9 %).

Durante esta fase de transición se identificaron cuatro situaciones: el 40,6 % fue dado de alta, sin recurrir a un servicio de adultos, el 26,8 % permaneció en el mismo servicio tras alcanzar el límite superior de edad, el 19,6 % fue derivado a un centro de adultos, y el 13,0 % que ya no acudía a ningún servicio de salud mental en el seguimiento a los 9 meses se incorporó a un nuevo centro en una fecha posterior (7,8 % a los 15 meses, 5,2 % a los 24 meses). 

Una puntuación desfavorable de los cuestionarios rellenados por los jóvenes (Youth Self Report) o por los padres (Child Behaviour Checklist o Adult Behavior Checklist) se asoció con una clasificación de trastorno mental significativo, pensamientos o comportamientos suicidas o autolesivos, uso de medicación psicotrópica y necesidad autodeclarada de tratamiento adicional. También eran más propensos a permanecer en el centro o a acudir a un centro de adultos durante el seguimiento.

Durante el seguimiento, la salud mental mejoró en general, pero el 24,4 % de los jóvenes declararon un empeoramiento. No se halló relación con la vía de seguimiento.

Este contenido fue publicado originalmente en Univadis Francia.