Salud… ¡dinero y amor!


  • Editorial Univadis
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El compositor argentino Rodolfo Sciammarella estuvo muy acertado cuando escribió la letra “Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor”. Se trata de tres de los tesoros más apreciados por los humanos. Habría que hacer una encuesta para conocer cuál de ellos escogeríamos si no hubiera otra elección: ¿preferiríamos estar sanos o ser ricos? ¿y si tenemos que elegir entre la salud en soledad o la enfermedad sobrellevada con la compañía de seres queridos? Por suerte la vida pocas veces nos sitúa ante estos dilemas y podemos vivir sanos, sin problemas económicos y llenos de amor. 

Comenzaremos por lo que mejor conocemos, la salud. Los médicos gestionamos la vida y la salud de las personas, tan significativos para todos. La vida es el asiento de toda posibilidad, el humus sobre el que todo crece. Cuando el implacable asesino William Munny (Clint Eastwood) dice en Sin perdón (1992) que “Matar a un hombre es algo muy duro, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener", manifiesta algo evidente: sin la vida el resto carece de sentido, sencillamente porque no es posible. En cuanto a la salud, el buen funcionamiento de la vida, para muchos constituye lo más preciado. Hemos incidido en ello en otros editoriales, ya que es esencial que todos los médicos y sanitarios lo tengamos claro. Trabajamos por y para la salud, aquello que según Arthur Schopenhauer “no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada”. Y, ya que en parte somos científicos y tenemos casi todo medido, tampoco se puede pasar por alto que diversos estudios muestran una correlación entre la sensación de felicidad y el estado de salud.

Pasemos al vil metal. Si el dinero compra la felicidad, o no, es una cuestión permanente en la historia humana que ha atraído la atención de los investigadores de las ciencias sociales. La investigación apunta hacia una relación débil entre el dinero y la felicidad, lo que ha llevado a muchos investigadores a concluir que las personas tendrán que ir más allá del dinero, tener otros objetivos e ilusiones, para mejorar sus vidas. Sin embargo, también hay investigadores que sugieren que la relación débil entre el dinero y la felicidad es debida a que las personas no gastan su dinero sabiamente. Es decir, que más dinero se traduciría en una mayor felicidad si las personas gastaran bien el dinero; por ejemplo, en experiencias en lugar de en posesiones, o en otras personas en lugar de en ellos mismos. No obstante, parece que no se puede inferir que, si el dinero se gastase `correctamente`, habría una relación más fuerte entre los niveles de consumo y la felicidad. 

Dejando a un lado la difícil discusión acerca de si el dinero trae la felicidad, especialmente si se gasta bien (algo en realidad imposible de estandarizar), lo cierto es que la carencia de los bienes básicos, es decir, de alimento, vestimenta, higiene o de una vivienda mínimamente digna, no sólo dificulta la felicidad, sino que se asocia a peores resultados en salud y a una mayor morbimortalidad. Y todos los bienes básicos, no lo olvidemos, van de la mano de los recursos económicos. La conclusión podría ser que, si bien el dinero no tiene por qué traer la felicidad, si su ausencia se acompaña de la carencia de los bienes básicos, la dificulta mucho.

Por último, está el amor… ¿Quién no desea querer y ser querido? ¿Quién no quiere rodearse de personas cálidas y comprensivas con quienes compartir los sinsabores y las alegrías de la vida? En un estudio con 47 parejas se examinaron los vínculos entre la salud percibida, la felicidad y el tiempo pasado con los demás. Se observaron vínculos entre pasar más tiempo con los demás y mayor felicidad, así como que la satisfacción conyugal protegía a la felicidad de las fluctuaciones diarias en la salud física percibida.  Otro trabajo realizado en Corea, con libre asociación de ideas, encontró que la cantidad de palabras sociales proporcionadas (por ejemplo, amor o familia) predecían la felicidad, al estar vinculadas con el nivel de satisfacción de las personas en sus vidas. Esta asociación estaba condicionada por el estatus económico, ya que los que significativamente orientaban la felicidad socialmente eran las personas con bajo nivel socioeconómico, algo que no sucedía en los que tenían alto nivel socioeconómico. Estos datos inducen a pensar que la naturaleza social de la felicidad, fundada en el amor y en las relaciones sociales, es más central en aquellos con menos recursos económicos. ¿Se debería a que, al poseer menos dinero, valoran más otras cuestiones, como las relaciones sociales? ¿O es que, ante la ausencia de dinero, no les queda más remedio que ´conformarse´ con el amor? O, sencillamente, tal vez sea que los coreanos son... coreanos.

Salud, dinero y amor. Detrás de estas tres palabras hay mucho más. Cada una de ellas esconde posibilidades de plenitud y bienestar, de alegría y satisfacción. Cada una de ellas posibilita la felicidad o, al menos, la ausencia de infelicidad, que no es lo mismo. Ya que es muy fácil que alguna de ellas nos falte en algún momento a lo largo del año, si es así que al menos podamos refugiarnos en las otras dos. Si nos falta salud, que tengamos la tranquilidad de vivir dignamente y con los nuestros. Si pasamos por una mala racha económica, que la salud nos acompañe para afrontarla y lo hagamos con los que queremos. Y si tenemos algún problema con alguien importante para nosotros o estamos pasando por un momento de soledad, que estemos sanos para coger fuerzas y que la economía nunca merme los esfuerzos que tengamos que hacer para estar con quienes queremos. 

Desde Univadis os deseamos un muy feliz 2020.