Reticencia vacunal

  • Dr. Miguel Álvarez Deza
  • Editorial
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La confianza es uno de los predictores más importantes de la aceptación de las vacunas en todo el mundo, incluida la confianza en las vacunas contra la COVID-19. Los datos muestran que ser transparente sobre la información negativa de las vacunas aumenta la confianza y cuando las autoridades sanitarias no son transparentes, puede aumentar la receptividad a explicaciones alternativas. 

La reticencia vacunal es un estado de indecisión e incertidumbre que precede la decisión de vacunarse o no hacerlo. La duda sobre la vacuna es una actitud o un sentimiento, mientras que la vacunación es una acción, que se mide para determinar la cobertura vacunal. El periodo de duda e indecisión es un momento de vulnerabilidad, así como de oportunidad. Los sentimientos sobre la conveniencia de la vacunación pueden cambiar, y volver a cambiar, como ha ocurrido con las vacunas contra la COVID-19, influidos por factores como los riesgos de efectos secundarios o la percepción de un aumento o disminución de las amenazas de enfermedades.

La presión para vacunarse y las consecuencias de la negativa aumentan la búsqueda de información por parte de las personas y la demanda de claridad y transparencia. Es probable que las políticas actuales hayan facilitado varias capas de disonancia cognitiva, un estrés psicológico precipitado por la percepción de información contradictoria.

Las dudas sobre las vacunas no son un problema nuevo, pero han aumentado en alcance y escala. El alto grado de cuestionamiento de las vacunas y la reticencia a aceptarlas se ve amplificado por las redes sociales. Además, la introducción de nuevas vacunas y combinaciones de vacunas provoca nuevas preguntas y la consiguiente búsqueda de información en un paisaje de desinformación y confusión, junto con datos precisos y con base científica.

La extensión de las vacunas en la mayoría de los países del mundo las ha convertido en intervenciones de salud pública sistemáticas y masivas. Paralelamente, el rechazo o la duda ante su utilización se ha diversificado, desde la aceptación vacunal, mayoritaria en las sociedades occidentales, hasta el rechazo sin matices, pasando por una escala de grises que llamamos “reticencia vacunal” con diferentes grados de indecisión ante la vacunación con todas o determinadas vacunas.

En 2015, el Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización de la Organización Mundial de la Salud definió la reticencia vacunal como un comportamiento influido por cuestiones de confianza (en la eficacia y la seguridad de las vacunas, en las autoridades de salud pública, en los profesionales y en la industria farmacéutica), complacencia (baja percepción del riesgo de enfermedad inmunoprevenible y de la necesidad de vacunarse) y conveniencia (accesibilidad y disponibilidad de las vacunas).

La existencia de altas tasas de vacunación no excluye la duda sobre determinadas vacunas, si bien desconocemos cómo esa duda se traduce después en rechazo.

Apenas hay datos sobre la prevalencia de la reticencia y su influencia en la no vacunación en España, sin embargo, el Barómetro Sanitario de 2021 muestra que entre los que no se habían vacunado contra la COVID-19 o no contestan y no están dispuestos a vacunarse cuando llegue su turno, sí lo están pero con matices, los motivos fueron que el 21,7 % no se fiaba de las vacunas, y el 18,5 % tenía miedo a los riesgos para la salud o a los efectos secundarios.

Los discursos de las personas que dudan o han decidido no vacunar a sus hijos pueden ubicarse en un continuum que discurre entre dos puntos. En un extremo hay discursos más moderados que aceptarían algunas vacunas y en el otro, aquellos que las rechazan rotundamente.

El eje que probablemente muestre mejor las diferentes posturas en relación con la vacunación es el que contrapone lo individual a lo colectivo. Ante la repercusión de la no vacunación sobre la organización social (rotura de la inmunidad de grupo), las personas reticentes aducen el carácter exclusivamente individual de la protección frente a la enfermedad y se sienten exentos de responsabilidad sobre las externalidades (positivas o negativas) que su acción pueda tener sobre el resto de la colectividad.

Las políticas de vacunación pueden ser una herramienta importante en la promoción del derecho a la salud, pero deben ser proporcionadas y estar diseñadas para lograr un objetivo claramente definido.

“Vuelve la contradicción: Ni lo negro es siempre blanco. Ni los buenos son tan malos. Ni tampoco tú eres yo...” (Dudando en la tarde, L.E. Aute).

El Dr. Miguel Álvarez Deza es especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.