¿Realidad o ficción?


  • Editorial Univadis
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Los humanos tenemos memoria histórica. Una memoria que nos hacía temer que apareciera una gran epidemia que nos llevase a la tumba antes de tiempo; que un microorganismo, un ser minúsculo se apoderase de nuestras vidas, como sucedió en el medievo o con la gripe española. Esta profecía, por desgracia, se ha cumplido. El cine, reflejo de lo más íntimo del ser humano, ha retratado en cantidad de películas este temor histórico tristemente vivido en nuestras propias carnes. El miedo a una pandemia mortal, a contagiarnos y morir antes de tiempo, estaba en todos nosotros y la pandemia de coronavirus lo ha hecho realidad.

Las plagas y epidemias se han prestado para armar cantidad de guiones cinematográficos. Y es que las epidemias reúnen muchos elementos que despiertan interés por el séptimo arte: el miedo a la muerte, la rapidez de su evolución, con la consecuente necesidad de poner un remedio con urgencia, y la investigación que se emprende para averiguar la causa que originó el mal. Sean inventadas (muchas) o reales (también un número significativo), las películas de epidemias suelen centrar su trama inicialmente en la búsqueda de su origen y, tras descubrirlo, en su posible solución.

Pánico en las calles (1950) inauguró este sub-género del cine de terror o de intriga. En este clásico de Elia Kazan, unos delincuentes asesinan a un jugador para robarle, arrojando el cadáver al río. Cuando se descubre el cadáver y se realiza la autopsia, se descubre que el sujeto padecía peste negra. Para no despertar el pánico, el Dr. Reed (Richard Widmark) inicia una investigación secreta por los bajos fondos en busca de la fuente de la epidemia. Hay un alto riesgo para la población y el tiempo corre en su contra. Pánico en las calles aborda una cuestión trascendental: ante una epidemia ¿cuándo debemos informar y qué información hay que dar? Por un lado, los ciudadanos tienen derecho a estar informados, pero, por otro, una información excesiva o mal elaborada puede producir más perjuicio que beneficio, ya que se pueden despertar miedos y un alarmismo irracional. Una situación que no ha dejado de repetirse.

En El séptimo sello (1957) Ingmar Bergman se hizo eco de la desolación que históricamente han causado las epidemias, en concreto la peste. Antonius Block (Max von Sydow) regresa de las cruzadas a Suecia y se encuentra un país desolado. Antonius reta a la Muerte (Bengt Ekerot) a una partida de ajedrez para retrasar su final. Mientras juegan busca un sentido a su vida. El séptimo sello es una reflexión sobre el sentido de la vida ante un mal que no es comprensible.

En Estallido (1995) un extraño virus mortal que se transmite por el aire afecta a una región del Zaire, por lo que el ejército bombardea la zona. Décadas después el virus reaparece en Estados Unidos y, para que no intervenga el ejército de nuevo, un microbiólogo (Dustin Hoffman) debe encontrar un tratamiento. En El retorno de la peste (2002), la alarma se produce en Europa, en Colonia. La muerte de un indigente alarma a un médico (Tim Bergmann) sobre un brote de peste. Los brotes epidémicos de estas dos cintas tienen una base científica, pero el cine, si es necesario, prescinde de la ciencia y recrea epidemias y peligros inauditos con tal de que haya historia. Es el caso de Mimic (1997), donde una científica (Mira Sorvino) crea una cucaracha modificada genéticamente para acabar con una epidemia infantil que asola Nueva York. La contrapartida será que la cucaracha reaparecerá en dimensiones gigantescas. Estas películas sobre epidemias fantásticas y terroríficas tienen su precedente en algunas películas de serie B tardías, como La amenaza de Andrómeda (1971), y de vez en cuando reaparecen con éxito, como 28 días después (2003) o Soy leyenda (2007), la tercera adaptación cinematográfica de la novela de Richard Matheson, en la que un virus fabricado por el hombre acaba con la especie humana. 

Una de las películas que mejor muestra la realidad de las epidemias, especialmente las acaecidas en el siglo XXI, es Contagio (2011). La película explica las epidemias desde el punto de vista de los científicos, del de los ciudadanos y también del de los medios. Rodada en un estilo documental, se centra en los aspectos médicos, pero no olvida los dramas que generan las epidemias. Un virus letal se propaga rápidamente y ocasiona una crisis global. A las 48 horas de regresar de Hong Kong, Beth Emhoff (Gwyneth Paltrow) fallece por un cuadro febril de causa desconocida. Casos similares se repiten en otros países sin que exista una causa clara ni tratamiento. Se trata de un virus enormemente agresivo que se llevará por delante la vida de 26 millones de personas. El miedo y la información intoxicada son imparables y, como las soluciones no son inmediatas, se despierta el egoísmo humano. Cada uno busca su propio beneficio. Contagio da idea de los intereses dispares que hay en las epidemias. Cuestiones sanitarias y científicas, pero también políticas, económicas y sociales, siendo fundamental el manejo de la información pública. Vuelve la cuestión planteada en Pánico en las callesacerca de cuándo, cómo y a quién informar, mostrándose además los conflictos de interés que aparecen en las pandemias.

La historia humana justifica el miedo a las pandemias y el cine ha reflejado este miedo. Aún no hemos tenido tiempo para ver la pandemia de coronavirus en el cine, pero seguramente será el tema principal de muchas películas. Ahora que salimos de nuestras casas y retomamos nuestras vidas, veremos cómo se renueva el miedo a las epidemias y de qué manera el cine nos lo muestra. Sin olvidar que, tanto en la vida real como en la de ficción (en el cine), además del miedo también existe la esperanza.