Radiografía del paciente oncológico afectado de COVID-19 en la primera ola de la pandemia en España

  • Carla Nieto Martínez

  • Noticias Médicas de Medscape
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MADRID, ESP. Tres investigaciones llevadas a cabo por especialistas de los Servicios de Oncología Médica de varios centros españoles analizaron durante los meses de marzo y abril (coincidiendo con la primera ola de la pandemia) y desde distintos enfoques, el impacto que la infección por SARS-CoV-2 tuvo en los pacientes de cáncer.[1,2,3]

Los resultados, presentados durante el Congreso de la European Society for Medical Oncology (ESMO) 2020 son coincidentes en muchos aspectos, y permiten definir un perfil de paciente caracterizado principalmente por su vulnerabilidad o evidencia que se está teniendo muy en cuenta en el abordaje actual de la segunda ola a la que se enfrenta el sistema sanitario español.

El punto de partida del estudio COCO, liderado por la Dra. Elia Seguí, del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínic Barcelona, y en el que participaron varios hospitales españoles, europeos (franceses e italianos) y argentinos, fue la necesidad de disponer de datos relativos a las condiciones previas de los pacientes oncológicos infectados de SARS-CoV-2 que podían afectar al curso de la enfermedad, en un momento en el que la irrupción del virus cambió drásticamente el tratamiento de los pacientes con cáncer.[1]

Por tanto, se puso en marcha un estudio multicéntrico retrospectivo en el que participó un total de 287 pacientes con cáncer, diagnosticados con infección por SARS-CoV-2, con el objetivo de analizar las características clínicas y la evolución de estos pacientes, comentó a Medscape en español la Dra. Seguí.

"En este sentido, cabe destacar que 61% de los pacientes se encontraba recibiendo tratamiento oncológico sistémico durante la infección por SARS-CoV-2, en su mayoría quimioterapia, aunque también hormonoterapia e inmunoterapia. Se observó que los síntomas más frecuentes eran fiebre, tos y disnea; gran parte requirió ingreso con estancia media de 10 días, y la tasa de mortalidad en esos pacientes fue de 27%, siendo esta cifra más alta que en aquellos con peor estado funcional, registrándose mortalidad de hasta 51% en pacientes con puntuación en la escala ECOG (Eastern Cooperative Oncology Group) performance status ≥2".

Índice predictivo de mortalidad

La Dra. Seguí explicó cómo, asociado a este estudio, los autores desarrollaron un índice predictivo de mortalidad temprana en pacientes oncológicos con COVID-19 al que llamaron "índice Flare", basado en la variación de valores analíticos sanguíneos de marcadores proinflamatorios medidos antes y en el momento diagnóstico de la infección.

"Conocer la probabilidad de mortalidad de nuestros pacientes que contraen COVID-19, y sobre todo, la alta mortalidad entre aquellos con mala situación funcional, nos refuerza, en esta segunda ola en la que nos encontramos, a extremar las medidas de precaución con aquellos más frágiles para disminuir la probabilidad de infección por el SARS-CoV-2, y también nos insta a seguir las recomendaciones planteadas por las sociedades científicas, cambiando nuestros hábitos asistenciales y potenciando la atención telemática en los casos en los que sea posible, entre otras medidas", destacó la autora principal del estudio.

Por otro lado, en esta investigación se apunta al tratamiento combinado de hidroxicloroquina, azitromicina, terapia antiviral y fármacos inmunomoduladores como buena opción de tratamiento en pacientes oncológicos con COVID-19.

Al cuestionar si las evidencias más recientes confirman este dato en la actualidad, el Dr. Xabier Mielgo, del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, en Madrid, y coautor del estudio, declaró a Medscape en español que en realidad COCO solamente describe los tratamientos recibidos por los pacientes oncológicos durante la infección por COVID-19 y la frecuencia en la que fueron utilizados, "pero no se llega a ninguna conclusión respecto a si fueron buenas opciones de tratamiento para nuestros pacientes; este no era el objetivo. Hay que decir que en la primera ola de la pandemia, ante la ausencia de tratamiento específico y la escasez de conocimiento, al tratarse de una enfermedad nueva de escasos 2 - 3 meses de evolución, se utilizaron muchos grupos de fármacos que al día de hoy ya no se emplean por no haber demostrado eficacia y por sus potenciales efectos secundarios, como ha pasado con hidroxicloroquina, por ejemplo".

El "antes" y el "después" de hidroxicloroquina

El Dr. Mielgo destacó que el protocolo actual de tratamiento y actuación frente a la COVID-19 es muy diferente al que se usó en marzo y abril, gracias a que se va adquiriendo un conocimiento algo mejor de la enfermedad y a que se está realizando investigación más ordenada.

"Actualmente los fármacos que han demostrado algo de eficacia son dexametasona, con un estudio en el que se objetivó que reducía la mortalidad en pacientes con requerimiento de oxígeno, o ventilación mecánica, y remdesivir, que ha demostrado disminuir el tiempo de hospitalización. En cuanto a las terapias inmunomoduladoras, como tocilizumab, sigue habiendo controversia, y son necesarios más estudios para confirmar su papel", afirmó este experto.

El uso de hidroxicloroquina, en este caso en combinación con azitromicina, también se reflejó en otro estudio que llevaron a cabo especialistas del Servicio de Oncología Médica del Hospital Infanta Leonor, en Madrid.[2]

El Dr. Jacobo Rogado, autor principal del estudio, comentó: "Los ensayos clínicos realizados, siempre de forma prospectiva, parecen haber demostrado que no existe gran beneficio sobre la aplicación de estos regímenes de tratamiento, y en nuestro centro, siguiendo las recomendaciones, ya no se administra dicha pauta terapéutica. Estamos pendientes de un nuevo análisis de los datos con mayor población oncológica diagnosticada, que aclare más las cifras que hemos obtenido".

En cuanto a la investigación puesta en marcha en este hospital, el objetivo fue comprobar si existían diferencias respecto a la mortalidad relacionada con la COVID-19 entre los pacientes oncológicos y la población general, así como determinar los posibles factores de riesgo asociados.

"Analizamos la evolución de los pacientes diagnosticados de cáncer en nuestra población de referencia que se infectó por SARS-CoV-2. Observamos que 85 de ellos, hasta el punto de corte en el que realizamos el análisis estadístico, desarrollaron COVID-19 y precisaron ingreso o soporte ambulatorio. Asimismo, estudiamos la tasa de mortalidad de nuestros pacientes, identificando mayor mortalidad con respecto al resto de pacientes COVID-19 positivos ingresados en el hospital", explicó el Dr. Rogado a Medscape en español.

Reorganización asistencial y otras enseñanzas a adoptar

"Un hallazgo muy relevante fue la identificación de factores de riesgo que nos ayudaron a predecir una mala evolución en estos pacientes. De esta forma se detectó que aquellos de mayor edad, con elevaciones analíticas en el dímero D y lipoproteínas de alta densidad y con presencia de neumonías bilaterales y desarrollo de síndrome de distrés respiratorio, eran los que presentaban peor pronóstico".

Este estudio también puso de manifiesto lo prioritario que resultaba en el contexto de ese momento crear medidas para evitar la transmisión de COVID-19 en pacientes oncológicos. "Aunque nuestro trabajo no fue diseñado con el fin de desarrollar estas medidas, en nuestro centro se ha modificado el proceso asistencial de administración del tratamiento antineoplásico en el hospital de día con la intención de minimizar el riesgo de infección cuando los pacientes acuden al hospital de día oncológico. Estas modificaciones se han realizado prácticamente en todas las actividades que integran el proceso, desde la recepción de los pacientes hasta que se procede al alta y se gestiona la nueva cita".

Asimismo, el Dr. Rogado destacó cómo previamente a la pandemia se inició un proyecto en colaboración con alumnos de la Escuela de Ingeniería Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid para el desarrollo de una aplicación para dispositivos y teléfonos móviles que permite el seguimiento del proceso por parte del paciente, teniendo en cada momento información de cuándo y dónde debe acudir, evitando así esperas innecesarias. "Este proyecto ha tenido que suspenderse, pero consideramos que debe ser un objetivo prioritario a desarrollar, ya que impactará muy favorablemente en la seguridad y calidad de la atención a nuestros pacientes", puntualizó.

La tercera investigación, el estudio retrospectivo ONCOVID, la llevó a cabo un grupo de especialistas del Departamento de Oncología Médica-Centro Integral Oncológico Clara Campal, del Hospital Madrid Norte Sanchinarro, en Madrid.[3]

"En él analizamos las características de 43 pacientes oncológicos diagnosticados de COVID-19 en HM Hospitales en Madrid durante los meses de marzo y abril de 2020. Fue llamativa la alta proporción de pacientes con tumores torácicos que ingresó, habiéndose demostrado además en estos pacientes riesgo significativamente mayor de desarrollar neumonía grave", afirmó a Medscape en español la Dra. Paloma Peinado, una de las autoras de la investigación.

Hipertensión, fiebre y dímero D como factores predictivos

El estudio también evidenció el papel predictivo respecto a la mortalidad por COVID-19 de algunos parámetros analizados (clínicos, analíticos y radiológicos). "En efecto, algunos parámetros se asociaron con la mortalidad. Concretamente, en el análisis univariante, éstos fueron la hipertensión, el tratamiento previo con corticoides, la fiebre, el dímero D y los requerimientos de oxígeno. En el análisis multivariante mantuvieron la asociación con la mortalidad la hipertensión, la toma de esteroides y la fiebre".

Respecto a la utilidad de las "lecciones aprendidas" durante la primera fase de la pandemia en el momento actual, en que los especialistas están haciendo frente a una segunda ola de la enfermedad, la Dra. Peinado comentó que durante las primeras semanas de la pandemia hubo que adaptarse diariamente a las circunstancias con el objetivo de prestar la mejor atención a los pacientes infectados, sin dejar de lado los tratamientos de quimioterapia, y continuar la asistencia a los enfermos oncológicos.

"Sin embargo, de forma inevitable se retrasaron diagnósticos oncológicos e incluso algunos tratamientos. A día de hoy el sistema se encuentra más adaptado y la población está más informada y concientizada, por lo que es más sencillo llevar a cabo la actividad clínica de los Servicios de Oncología, asegurando la administración de quimioterapia y la realización de pruebas diagnósticas".

La Dra. Peinado destacó el papel que han desempeñado en este contexto las teleconsultas y las videoconsultas, permitiendo seguir prestando atención a los pacientes cuya presencia física en el hospital no es imprescindible, evitando así exposición innecesaria.

Finalmente, la Dra. Peinado anunció la intención de su equipo de continuar trabajando en la línea de esta investigación.

"En el momento actual seguimos llevando a cabo estudios clínicos con el objetivo de seguir profundizando en el conocimiento del SARS-CoV-2 e investigar terapias para combatirlo", finalizó.

Los doctores Seguí, Mielgo, Rogado y Peinado han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Este artículo fue originalmente publicado en Medscape en español, parte de la Red Profesional de Medscape.

Siga a Carla Nieto de Medscape en español en Twitter @carlanmartinez.