Qué es un NFT y qué aplicaciones puede tener en la sanidad.

  • Santiago Appdemecum
  • Salud Digital
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Desde el año 2020 se viene hablando con creciente intensidad de un concepto que parece llamado a revolucionar muchos sectores económicos. Se trata de los NFT, el acrónimo de “Non Fungible Token”. 

Para explicar qué es realmente un NFT hay que hablar de tecnología, pero también del valor que le damos al intercambio de bienes. 

En la vertiente tecnológica y simplificando mucho, un NFT es un sistema que permite asignar un sello de autenticidad y propiedad a un determinado archivo digital. Está basado en modelos de blockchain, como los de las criptomonedas, y es lo que hace que sea indestructible, inalterable y verificable. 

La cadena de bloques es una tecnología que actúa como un “notario en la red”, y es en la que se basan las criptomonedas. Aplicada a este caso, permite mantener un historial de quién ha comprado o vendido un NFT, y quién es su actual propietario, incluyendo el creador original que puso a la venta un activo digital en primer lugar. 

Por eso, la fiebre de los NFTs donde primero se ha visto es en el arte digital. Un diseñador puede pintar un dibujo en su ordenador y, si le asigna un NFT, estará definiendo una obra única, aunque como tal archivo digital pueda copiarse infinidad de veces. Lo que aquí se valora no es ese archivo en sí, sino el hecho de que se ha significado como algo único por su autor.

Y es aquí donde hay que referirse con la parte relativa al valor que le damos al intercambio de bienes. Los coleccionistas de sellos no pagan grandes cantidades por estampillas en función del valor que figura impreso en ella, sino por una norma que les dice que si son más raros o más escasos, valen más.

Los bienes no fungibles son aquellos que no son sustituibles. Por ejemplo, una obra de arte. Un cuadro no se consume al utilizarse (puesto que tiene una función decorativa) y tampoco puede ser idénticamente sustituido por otro cuadro, puesto que no hay ninguno igual a otro. En cambio, un bien fungible es, por ejemplo, un billete de 50 euros. Puedes cambiarlo por cinco de 10, o intercambiarlo por algo que no sea dinero. 

La idea de asignar un NFT a un determinado archivo digital hace que este tenga un certificado de autenticidad indeleble, puesto que es la red, a través de las cadenas de bloques, la que certifica esa autenticidad. No puede ser alterado, y actúa también para otorgar permiso de posesión de ese bien, mediante su transferencia. De esta manera, está resurgiendo un enorme mercado de arte digital, aun en la paradoja de que un archivo informático puede reproducirse o transmitirse ilimitadamente por la red. Pero sólo el archivo que tenga incorporado el NFT será el original, y se le podrá atribuir por ello un valor.

Los NFT, además de certificar la autenticidad, muestran para cada archivo una serie de metadatos que no se van a poder modificar. En estos metadatos se registra el valor de partida y todas las adquisiciones o transacciones que se hayan hecho, y también a su autor. Un vídeo muy didáctico de este fenómeno se puede ver en este enlace.

No sólo en el arte digital están presentes con reciente éxito los NFTs. Por ejemplo, muchos clubes deportivos están emitiendo series de cromos de sus jugadores con este sistema, que es una manera de acceder a financiación adicional por su actividad.

 

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En el área médica. 

Es seguro que los NFT van a estar presentes en cada vez más ámbitos de nuestra vida, y se disponen a revolucionar los intercambios y el sentido mismo de la propiedad de los bienes. Lo que está ocurriendo en el mundo del arte tal vez no sea sino una muestra extrema y un poco extravagante de cómo pueden cambiar las cosas cuando llegan tecnologías transformadoras. Pero, ¿qué podríamos esperar en el área sanitaria, y dónde nos podríamos encontrar NFTs en un futuro próximo?

Para conocer una respuesta a estas preguntas, tendríamos que pensar a qué tipo de archivos digitales se les podría asignar este certificado de autenticidad, y qué efectos podrían lograrse derivados del sistema de trazabilidad. De hecho, en el último año se han publicado muchos artículos que hablan de las posibilidades que en el campo de la salud se va a abrir gracias a los NFTs. Algunas de las ideas propuestas son las siguientes. 

La primera y más evidente tiene que ver con los datos de salud. Nuestra historia clínica es ya digital, y legalmente pertenece a cada paciente. De manera que asignarle un NFT permitiría asegurar y certificar esa propiedad, y al mismo tiempo llevar un registro de qué se hace con cada lote de datos. 

Los pacientes son conscientes de que sus datos existen, ciertamente, pero por lo general no tienen acceso a todos ellos ni control sobre adónde van y para qué se utilizan. Estamos viendo que numerosas iniciativas de todo tipo, públicas y privadas, plantean su utilización para investigar nuevas soluciones aplicadas a la salud, como medicamentos o tecnologías. Un NFT no solo marcaría los datos como pertenecientes a esa persona en particular a modo de identificación, sino que también garantizaría la propiedad, lo que permitiría que el paciente pueda acceder a ellos y rastrear por dónde van, incluso venderlos o donarlos a la investigación.

Además, los pacientes que conocen sus datos y entienden cómo se gestionan pueden ayudar a garantizar su propia calidad asistencial, y la seguridad de las intervenciones sanitarias. También les facultaría para ser jueces de cómo una organización sanitaria administra esos datos. 

Otro ejemplo se refiere a algunas organizaciones relacionadas con la donación de sangre. En aquellos países donde esta es una acción retribuida, desde algunos ámbitos están fomentando el uso de NFT para las donaciones de sangre. Cada bolsa extraída del paciente se puede marcar con un token específico que luego se puede supervisar a través de un sistema de control. Esto permitiría seguir una donación desde el punto de extracción hasta el hospital, incluso hasta su eventual receptor. Se podría, por ejemplo, garantizar que una donación altruista no es comercializada por terceros, o que llega a tiempo a su destino, a modo de control de calidad. También se podría rastrear la necesidad de tipos de sangre particulares y entregarlos donde más se necesiten.

Otra aplicación puede abarcar el área de la fabricación de productos farmacéuticos. Los NFT podrían señalizar un lote particular de medicamentos, lo que facilitaría el seguimiento de su cadena de distribución y evitaría falsificaciones, o incluso generaría avisos ante una utilización inapropiada. Cualquier problema en el proceso de distribución podría ser identificado automáticamente, y con plena seguridad. También aseguraría la eficacia de las órdenes de retirada ante alertas sanitarias. Las decisiones de prescripción también podrían conectarse a un NFT, vinculándolas fácilmente con quien las escribió y evitando recetas falsificadas.