Primer mapa del microbioma bucal en España

  • Carlos Sierra, PhD

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El ser humano nunca está solo, aunque todos nos hayamos sentido así en más de una ocasión. En nuestro interior cohabitan un gran número de microorganismos los cuales, a pesar de que no los veamos, influyen de manera destacada en nuestro estado de salud. Esto es un hecho aceptado por la clase científica y médica desde que se conoce el importante papel que juega el microbioma intestinal en un gran número de enfermedades que van más allá de las enfermedades del aparato digestivo. Pero no es el único lugar en donde se encuentran estos vecinos microscópicos fundamentales para nuestra salud, el microbioma oral (el conjunto de bacterias que habitan en nuestra boca) también está empezando a revelar su importancia. No en vano, es la segunda comunidad con más diversidad de nuestro organismo al albergar más de 700 especies y los desequilibrios en este ecosistema provocan la aparición de enfermedades como la periodontitis, la gingivitis o las caries.

Es por ello que cada vez se demuestra más necesario ampliar el conocimiento sobre los habitantes de nuestra boca. Con este objetivo en mente, investigadores del Centro de Regulación Genómica (CRG) llevaron a cabo el proyecto de ciencia ciudadana “Saca la Lengua” para estudiar cómo varía la diversidad del microbioma oral con la edad, así como cuales son los factores relevantes en estos cambios. Los resultados de este estudio se publicaron a finales de mayo de 2022 en la revista npj Biofilms and Microbiomes.

Tres etapas bien diferenciadas en el microbioma bucal

Para poder estudiar las diferencias en el microbioma bucal en función de la edad, los investigadores de “Saca la Lengua” tomaron muestras de saliva de 1.648 personas, de entre 7 y 85 años de edad, repartidas entre Barcelona, Islas Baleares, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, Madrid, Galicia, País Vasco y Aragón.

El análisis de estas muestras reveló la existencia de una tendencia parabólica que se traduce en tres etapas distintas en la composición de los microorganismos residentes en la boca.

Los adolescentes presentaron un microbioma oral muy biodiverso y con grandes variaciones de un individuo a otro, lo que podría estar relacionado con cambios hormonales y de hábitos tan comunes entre las personas de esas edades. 

Por su parte, las personas de mediana edad mostraron una menor variabilidad en términos de biodiversidad, presentando además una composición más homogénea entre personas. 

Por último, a partir de los 60 años, la biodiversidad y las diferencias entre personas aumentaron de nuevo y de manera muy considerable. Además, este aumento de la diversidad del microbioma oral estaba causado por el establecimiento de especies oportunistas raras, casi todas vinculadas a enfermedades orales como la periodontitis. Las razones de este cambio se desconocen, pero los datos sugieren que esta diferencia entre la edad media y avanzada puede deberse a diferencias en el sistema inmune, que al debilitarse con la edad hace que la cavidad bucal sea más susceptible a la colonización de especies oportunistas que serían en condiciones normales rechazadas.

Influencia de las características ambientales y estilo de vida

Los investigadores de “Saca la Lengua” quisieron ir un paso más allá del estudio de la variación del microbioma oral en función de la edad y estudiaron también el impacto de los factores ambientales y el estilo de vida en la composición del microbioma bucal.

Para ello, además de estudiar las muestras de saliva, cada participante rellenó un cuestionario que examinaba 80 aspectos diferentes sobre el estilo de vida, la dieta, la higiene y la salud, “lo que entroncó directamente con la naturaleza participativa de este proyecto, en el que se buscaba que la ciudadanía contribuyese no solo con una muestra de saliva, sino también con las preguntas que debíamos explorar y la priorización de los datos a analizar”, afirmó la Dra. Elisabetta Broglio, Coordinadora de Ciencia Ciudadana en el CRG. “Sin esta participación masiva hubiera sido imposible conseguir unos resultados como los obtenidos”, continuó.

En ellos se encontraron que los factores asociados a cambios importantes en el microbioma oral estaban vinculados a enfermedades crónicas como la fibrosis quística o en síndromes como el síndrome de Down, seguidos por los de estilo de vida como fumar. Cada uno de estos factores cambió el microbioma de una manera particular, resultando en una señal específica. También influyeron, aunque en menor medida, la celiaquía, la hipertensión o el uso de antibióticos.

En este sentido, las personas con síndrome de Down mostraron una menor diversidad bacteriana y una saliva más ácida. Entre las especies con diferencias significativas hallaron varios géneros bacterianos (como Staphylococcus o Rothia) que se asocian comúnmente con periodontitis y otras enfermedades orales. También encontraron que era más común la presencia de hongos, en concreto de dos especies de Candida: Candida dublinensis y Candida parapsilosis, que pueden causar infecciones orales.

En el caso de las personas con fibrosis quística, además de una menor diversidad bacteriana en general, se encontró una mayor cantidad de bacterias del género Rothia, incluyendo especies como Rothia mucilaginosa, una especie oportunista que se encuentra a menudo en pulmones de personas con esta enfermedad. Por su parte, en personas con celiaquía hallaron que tienen una microbiota bucal con una menor variedad de grupos bacterianos distintos.

También tienen una gran influencia en la composición del microbioma oral el impacto de las relaciones sociales y familiares. Miembros de la misma familia – por ejemplo, padres e hijos, o dos hermanos o hermanas – tienen un microbioma más parecido que entre dos personas de diferentes familias. La asociación existe incluso entre los miembros de la misma clase escolar, un hallazgo que puede significar que compartir el mismo entorno, aunque sea unas horas al día, puede afectar significativamente al microbioma oral.

Potenciales aplicaciones en el ámbito de la salud

“Este proyecto se encuentra lejos de poder tener una aplicación clínica, pero sí que proporciona un diccionario que ayuda a interpretar el lenguaje del microbioma oral, un hito que allana el camino para que en un futuro un análisis de saliva sea tan informativo y rutinario como las analíticas de sangre”, declaró el Dr. Toni Gabaldón, responsable científico de ‘Saca la Lengua’, y actualmente investigador en el Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) y el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS). “Esto es así porque la salud bucal está conectada con todo el cuerpo humano lo que hace que la saliva contenga mucha información útil que puede proporcionar información complementaria a otras analíticas como las de sangre”, detalló el investigador.

Además, “el descubrimiento de que las personas con enfermedades crónicas como la fibrosis quística o con síndrome de Down tienen un microbioma oral diferente y característico puede allanar el camino para tratamientos específicos que reduzcan estos riesgos, y que podrían consistir en pre- o probióticos específicamente diseñados con este fin”, concluyó el Dr. Gabaldón.