Prevalencia de la soledad a escala mundial

  • Carlos Sierra, PhD

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Es un hecho totalmente aceptado que el ser humano es un animal preeminentemente social, necesita de las relaciones sociales para tener una vida plena. Por ello, la soledad puede tener un impacto negativo en la salud de las personas.

Sin embargo, es muy complicado determinar cuando alguien experimenta sentimientos de soledad porque estos aparecen cuando existe una discrepancia entre el nivel real de relaciones sociales de una persona y el nivel deseado que le gustaría tener. Es, por lo tanto, un hecho subjetivo complicado de determinar.

Además, existen diferentes tipos de soledad. Por un lado, está la soledad transitoria, que es una experiencia muy común y cuyo impacto en el bienestar y la salud es limitado por ser, como su nombre indica, una experiencia acotada en el tiempo. Pero, cuando esta situación se prolonga en el tiempo, la soledad puede cronificarse y suponer una importante amenaza para la salud.

Cada vez hay más estudios que relacionan la soledad con diversos impactos negativos en la salud, tales como indicadores de salud cardiovascular desfavorables, una mayor activación del eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal, presión arterial alta, aumento de los niveles de colesterol y enfermedades coronarias. La soledad también está asociada con la alteración del sueño, un mayor riesgo de deterioro cognitivo leve y demencia, y puede afectar de múltiples maneras a la salud mental a través de la aparición de episodios de ansiedad, depresión, ideación suicida, etc.

Las causas que provocan la aparición de la soledad son variadas, pero se han identificado una serie de factores de riesgo tales como padecer depresión y/o enfermedades crónicas, ser persona de edad avanzada –a mayor edad, mayor probabilidad de sentir soledad-. Por lo tanto, todo indica que el impacto de la soledad irá cada vez a más, sobre todo en los países desarrollados por tener una población más envejecida, como es el caso de España. Esto ha provocado que cada vez sea más frecuente catalogar la soledad como una epidemia que requiere abordarla mediante políticas de salud pública a escala supranacional.

Para ello, es necesario conocer cuál es su prevalencia a nivel mundial. Con este objetivo en mente, profesionales de varios centros de investigación y hospitales australianos han llevado a cabo un metanálisis sobre la prevalencia de la soledad en 113 países de diferentes continentes. Los resultados se publicaron en febrero de 2022 en la revista The BMJ.

Estudios seleccionados

Para realizar este metanálisis, se realizó una búsqueda de literatura científica relacionada con la soledad publicada hasta el 1 de septiembre de 2021 en cualquier idioma utilizando las bases de datos Embase, Medline, PsycINFO y Scopus, complementada con la búsqueda en Google Scholar y Open Gray. Los términos de búsqueda incluyeron “soledad”, “aislamiento social” y “prevalencia”.

La búsqueda inicial arrojó 7.290 registros, que se quedaron en 194 artículos después de eliminar los trabajos duplicados y los que no cumplían los requisitos de inclusión. De ellos, finalmente se obtuvieron datos de prevalencia en 113 países repartidos por los cinco continentes, la gran mayoría de ellos en Europa, lo que constituye la limitación más seria de este estudio.

Prevalencia heterogénea por edades y países

Los resultados obtenidos se agruparon en cuatro grupos de edad: adolescentes, de 12 a 17 años, adultos jóvenes, de 18 a 29 años, adultos de mediana edad, de 30 a 59 años, y mayores de 60 años

Para los adolescentes, se dividieron los resultados en cinco áreas geográficas, de acuerdo con las regiones definidas por la Organización Mundial de la Salud: África (cinco estudios, 11 países), las Américas (cinco estudios, 26 países), Mediterráneo Oriental (dos estudios, 10 países), Sudeste Asiático (cinco estudios, nueve países), y Pacífico Occidental (cuatro estudios, 12 países).  Europa fue excluida para este grupo de edad porque no se encontró ningún estudio que cumpliese los criterios de inclusión.

La prevalencia agrupada de la soledad en los adolescentes osciló entre un 9,2 % en el Sudeste Asiático al 14,4% en el Mediterráneo oriental, con una elevada heterogeneidad en todas las regiones.

Para adultos jóvenes, solo se encontraron estudios que cumplían los criterios de inclusión referentes a Europa. Los resultados mostraron una prevalencia media del 5,3 %, aunque con una gran dispersión. Dentro de este continente, se encontró una diferencia estadísticamente significativa entre la prevalencia en Europa del Este, con un 7,5 %, y el norte de Europa, con un 2,9 %.

En el caso de los adultos de mediana edad, se obtuvieron datos de prevalencia de la soledad para Europa y Asia central y occidental, que arrojaron un valor medio del 6,9 % con una alta dispersión. De nuevo, los datos más bajos fueron en el Norte de Europa, con un 2,7 %, mientras los más altos fueron los del Europa del Este, un 9,6 %, y Asia central y occidental, un 9,8 %.

Por último, para mayores de 60 años se encontró que los datos de prevalencia más bajo fueron los de los países del norte de Europa, un 5,2 %, seguidos por los de Europa occidental, con un 8,7 %, los del Sur de Europa, un 15,7 % y, cerrando la clasificación con un 24,2 %, los países de Europa del Este.

La situación en España

En España, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), casi cinco millones de personas vivían solas en 2020. De esa cifra, el 43,6 % tenía más de 65 años. Las mujeres son las que más padecen la soledad y representan el 70,9 % de los casos a partir de esa franja de edad. Esta situación avanza de forma imparable y en los últimos años ha crecido más de un 6 %. Además, la pandemia de la COVID-19, esta situación se ha agravado a causa del aislamiento social que han requerido las medidas tomadas para proteger a los colectivos más vulnerables, que son también los de mayor riesgo para caer en una situación de soledad no deseada.

El enfoque para mitigar este problema de salud pública ha de ser forzosamente multidisciplinar en dónde los médicos de atención primaria han de jugar un papel muy importante a la hora de detectarla, “ya que cada vez más observamos en nuestras consultas personas de edad avanzada en riesgo de padecer o estar padeciendo soledad no deseada, pero no tenemos las herramientas necesarias para dar una respuesta adecuada. Nos falta formación, más tiempo para poder hablar con estos pacientes y conocer cuál es su situación y un cauce adecuado para transmitir la información que recopilamos en la consulta para que se pueda hacer un seguimiento cercano a estas personas. Nos queda por lo tanto un largo camino por recorrer”, declaró a Univadis España la Dra. María Núñez, médica de Atención Primaria del Área Sanitaria de A Coruña y Cee.