¿Por qué es tan difícil combatir la mortalidad asociada a la contaminación desde la consulta?

  • José Gómez

  • Noticias
El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados. El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados.

La semana pasada, un estudio internacional publicado en la revista The Lancet Planetary Health volvía a dar la voz de alarma. Madrid es la ciudad europea con una mayor mortalidad relacionada con la contaminación por dióxido de nitrógeno (NO2), un gas asociado al tráfico rodado, seguida de otras como Amberes, Turín, París, Milán y, en sexto lugar, Barcelona. El trabajo científico, que también analizó la cantidad de partículas finas (PM2,5) presentes en el aire de 858 ciudades, estimaba que, de cumplirse con los niveles de PM2,5 y NO2 recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se podrían evitar 51.000 y 900 muertes prematuras cada año. 

La proyección del equipo internacional en el que han participado investigadores del Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona va un pasito más allá. Si todas las ciudades fueran capaces de igualar los registros de calidad del aire de la ciudad con menos polución del listado, se podrían evitar 125.000 muertes prematuras relacionadas con altas concentraciones de PM2,5 y unas 79.000 por la reducción de NO2. Estos cálculos se encuentran directamente relacionados con cinco enfermedades principales derivadas de la inhalación de gases y partículas tóxicas.

“Las estimaciones que ha hecho este estudio son las mismas que hace la OMS y se basan en cinco enfermedades: el cáncer de pulmón, la EPOC, las infecciones respiratorias de vías bajas, la insuficiencia coronaria y el ictus, entendiendo que el impacto es mayor por la parte cardiovascular”, explica Jordi Sunyer, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). Pero, ¿en qué medida condicionan estos datos la práctica médica en el día a día? ¿Qué se están encontrando los médicos en las consultas en los últimos años? ¿Es fácil atribuir la dolencia de un paciente en Madrid o Barcelona al efecto perjudicial del dióxido de nitrógeno o de las partículas finas?

Lo cierto es que, tal y como explica Sunyer, resulta realmente complicado establecer semejante vínculo. “Hemos de entender que la etiología de todas estas enfermedades es multicausal y las variaciones de la contaminación en la práctica clínica de un médico son poco notables. Diríamos que casi imperceptibles”, explica el también investigador y jefe del programa de Salud Infantil del ISGlobal. Así, para poder extraer algunas conclusiones habría que analizar el conjunto de una ciudad y comparar un área en la que existe más contaminación con otra en la que existe menos. “Es lo que se hizo con los estudios originales que dispararon el interés científico al relacionar la contaminación de partículas invisibles a niveles bajos con la mortalidad. En ellos se comprobó que el aumento del riesgo puede llegar a ser de hasta un 30%”. 

Este riesgo afecta a todos los grupos de edad, a todas las poblaciones, y puede llegar a influir incluso en el rendimiento de los atletas de élite, tal y como se demostró en los Juegos Olímpicos de Pekín, donde algunos deportistas sufrieron respuestas inflamatorias sistémicas. Sin embargo, es cierto que son los dos extremos de la vida, los ancianos y los niños, los que son más susceptibles de sufrir cambios fisiológicos y/o funcionales provocados por los efectos de la polución. “Tanto la gente mayor con enfermedades crónicas como al inicio de la vida, durante el embarazo y el crecimiento prenatal, es cuando se experimenta una mayor afectación”, comenta el catedrático de la UPF.

Las soluciones para intentar reducir el impacto de la contaminación en la salud no son sencillas y pasan por cambios colectivos a través de una respuesta pública y comunitaria. La disminución del tráfico en las grandes ciudades, principalmente el de los vehículos diesel, es el gran caballo de batalla para reducir la exposición a altos niveles de dióxido de nitrógeno. De la misma manera, la actividad industrial contaminante, el uso de la calefacción o la quema de carbón influyen de forma importante en la proliferación de partículas finas que podemos encontrar en las ciudades. De hecho, durante la parálisis total provocada por el confinamiento, las concentraciones de dióxido de nitrógeno cayeron un 59% y un 47% respectivamente en Barcelona y Madrid, según un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

¿Existen algunas estrategias que podamos seguir a nivel particular y que sean efectivas? La cruda realidad es que no demasiadas. “El uso de las mascarillas deberá de volver a estudiarse tras la covid-19 ya que, como hablamos de partículas muy finas, se consideraba que no estaba justificado su uso para prevenir los efectos de los tóxicos que podemos encontrar en el aire”, explica Sunyer. El principal problema que existe es que las partículas que producen mayor toxicidad son ultrafinas, por lo que el uso de mascarillas higiénicas o quirúrgicas no sirve de nada. “Las partículas que emite un vehículo se encuentran por debajo de las 0,1 micras, por lo que se necesitan mascarillas profesionales para que esta medida sea realmente efectiva”. 

También se ha demostrado que el uso de purificadores de aire puede, en palabras del experto, “tener algún efecto”, aunque se trata de un sistema “poco sostenible” y que sólo se puede utilizar en estancias cerradas. Algunos grandes estudios, como el realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York sobre una cohorte de 548.699 personas durante 17 años, también sostienen que las dietas ricas en alimentos antioxidantes, como la dieta mediterránea, pueden ayudar a “reducir considerablemente la carga de morbilidad asociada con la contaminación del aire ambiental”. 

Así, por el momento, la medida más efectiva para evitar que la mortalidad asociada con la inhalación de dióxido de nitrógeno y de partículas finas siga creciendo pasa por el impulso de políticas de desarrollo sostenible y de reducción de la contaminación. De lo contrario, los médicos seguirán viendo que las patologías y las muertes relacionadas con esta problemática seguirán en aumento sin que la práctica clínica pueda ayudar sobremanera a erradicar uno de los males más importantes de las sociedades desarrolladas.