Política vacunal

  • Dr. Miguel Álvarez Deza

  • Editorial
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Ya sabemos que la vacuna de Pfizer que se empezó a administrar estos días es muy eficaz contra la Covid-19, pero en cambio para la convivencia pacífica de la vida política de nuestro país está resultando muy perjudicial. Nos habían alertado de posibles efectos secundarios, pero nadie nos habló de que aumentaría las batallas y alborotos entre la clase política.

Una clase política que nos ha llevado a vivir en tal grado de crispación y enfrentamiento que hasta la mejor noticia del año y la más deseada ha servido para que afloren las descalificaciones y amenazas.

Algunos políticos ponen en duda los criterios de reparto de la vacuna, cuando fueron aprobados por el Gobierno y las comunidades autónomas, las estrategias marcadas por la Unión Europea y la falta de transparencia. La distribución y aplicación de las dosis se ha realizado al mismo tiempo en toda Europa. Nada sabemos de disputas similares, ni en los más apartados rincones del continente.

Ahora que se sabe cómo van las tasas de vacunación, algunas comunidades han quedado en evidencia por la falta de previsión en la organización y la logística. Lo que sufrimos en este país supera todo lo imaginable porque estos advenedizos de la política nos amargan la existencia convirtiendo los días y los hechos históricos en alborotos y escándalos.

Ni el plan de vacunación se ejecuta eficientemente con una pegatina, ni un reparto politizado de fondos europeos aliviará lo destruido.

Nos anuncian que estamos ante el principio del fin de la pandemia. Pero no nos han dicho nada de que nos encaminamos hacia el final de este clima hostil y de pelea permanente. Porque nada se sabe aún de la vacuna contra la insolencia y la mezquindad, que tan necesaria es.

Lo que sí es un problema, atribuible a la falta de liderazgo tanto nacional como internacional con la que enfrentamos esta pandemia, es que no haya unas normas generales que obedezcan a unos criterios únicos, coordinados, previamente consensuados y sobre todo que pudieran ser explicadas a todo el mundo de una forma didáctica, lógica y científica, algo imposible en la situación actual. 

En la Navidad pasada había 17 normas diferentes sobre limitaciones de la movilidad, aforos, horarios, etc. Esta indefinición ha creado una confusión generalizada, aderezada por la confrontación política, que no contribuye en nada al cumplimiento de unas normas cambiantes en el tiempo y en el espacio, que no tienen muchas veces una explicación razonable. 

Después de estos nueve meses también hemos aprendido que la sociedad necesita líderes tanto científicos como políticos en quienes confiar para que sirvan de guía en estos tiempos tan convulsos y que desgraciadamente no han abundado.

Hoy por hoy, lo único que se percibe con claridad es que los políticos malean a la población, lo que les resulta muy fácil, dada la dócil sumisión de unos ciudadanos empobrecidos, que caen cada día un poco más en la desesperanza. Este año habrá más paro, más ruina y miseria, pero, eso sí, todos vacunados. Para que no duela tanto, supongo. 

Optimista por naturaleza, en cuanto a los avances de la ciencia y de la técnica y a la capacidad de sobrevivir del ser humano, no tanto en lo que se refiere a la de corregir sus hábitos, yo soy de los que piensan que este año va a ser mejor que el pasado, pero, conociendo a algunos políticos y a quienes les apoyan y jalean, tampoco creo que será mucho mejor, pues ya se encargarán ellos de estropearlo, sea cual sea la mejoría.

“Ni el abajo firmante, ni vendedor de humo...El tiburón de Hacienda, confiscador de bienes, me ha cerrado la tienda, me ha robado el mes de abril. Lo niego todo, aquellos polvos y estos lodos.
Lo niego todo Incluso la verdad.” (Lo niego todo, J. Sabina)
 

El Dr. Miguel Álvarez Deza es médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.