¿Piercing o corbata?


  • Editorial Univadis
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La figura del médico como personaje respetable, otrora con maletín, sombrero y elegante traje con corbata, parece una estampa de épocas pasadas. El médico, como la mujer del César, además de ser un profesional competente tenía que parecerlo; y su imagen externa ayudaba. Sin embargo, en los últimos años este prototipo se ha ido viniendo abajo. Es habitual encontrar a residentes y adjuntos, a clínicos y a cirujanos, en camiseta, con tatuajes, chanclas o con un piercing. ¿Es un signo inevitable de los tiempos, parte de la evolución de la profesión, o se trata de un descuido de la medicina que se encuentra en fase de “involución”?  

La evolución de la vestimenta de los médicos, además de por la moda y por el desarrollo de la profesión, también tiene que ver con cuestiones clínicas. La bata blanca se adoptó originalmente para proteger al paciente. Se diseñó como una barrera ante los contaminantes potencialmente dañinos con los que los sanitarios entraban en contacto cotidianamente. Los cirujanos cambiaron el color blanco por el verde debido a que la sangre impresiona menos sobre el verde. Ver a un cirujano de blanco y con manchas de sangre hacía pensar más en un carnicero que en un fino artista del bisturí. A lo largo de decenios la bata blanca y el pijama verde fueron arraigando y formando parte de la identidad profesional del médico, ayudando a establecer la confianza del paciente, una pieza fundamental en la relación clínica. Sin embargo, en los últimos 15 años se ha observado un cambio en la forma de vestir de los médicos. Llevar bata ya no es la norma, como tampoco lo es vestir formalmente y con elegancia. 

Los motivos para el cambio de vestimenta y el desuso de la bata blanca son diversos. Junto a la evolución de la sociedad, más permisiva con la libertad individual para escoger la forma de vestir, se argumentaba que la bata suponía una barrera para el paciente. La bata era un muro que separaba y diferenciaba al médico del enfermo, impidiendo tener una relación directa y de confianza. Además de estos argumentos estaba la seguridad de los pacientes. Algunos estudios comenzaron a alertar sobre el riesgo de transmisión de infecciones nosocomiales a través de las batas. En una búsqueda en PubMed desde 1969 a 2014 aparecían 30 estudios que documentaban que la ropa médica estaba contaminada de microorganismos y se relacionaba con brotes e infecciones nosocomiales. Había evidencias sólidas sobre cómo las batas blancas y los uniformes adquieren, retienen y transmiten microorganismos, y pueden causar infecciones. Ante estos argumentos y pruebas científicas, ¿es la solución que los médicos se quiten las batas blancas?

Debido al cambio de vestimenta de los médicos acaecido a comienzos del siglo XXI, comenzaron a realizarse estudios sobre la imagen del médico y el impacto de la vestimenta en los pacientes. Los primeros estudios se hicieron entre 2004 y 2005. En ellos se vio que el nivel de confianza de los pacientes y su percepción sobre la competencia médica eran más altos ante la imagen de médicos vestidos con bata blanca y más bajos con vestimenta informal. En un estudio en medicina interna de 2005, los encuestados favorecían abrumadoramente a los médicos con bata blanca y vestimenta formal. En otra encuesta con cirujanos (traumatólogos) la bata blanca obtuvo calificaciones moderadamente más altas en confianza, inteligencia, habilidad quirúrgica, capacidad de discutir información confidencial, cuidado y seguridad, en comparación con la vestimenta formal sin bata y con la casual. Los pacientes estaban más dispuestos a discutir información personal y creían que su cirugía iría mejor si el cirujano usaba bata blanca o uniforme médico. Uno de los trabajos más amplios sobre vestimenta se publicó en 2018. Llevado a cabo por la Universidad de Michigan, se preguntaba a 4.062 ciudadanos sobre la preferencia de vestimenta de los médicos. El 55% prefería que el médico de Atención Primaria llevase bata blanca y el 72% si se trataba de un especialista, porcentaje que bajaba al 44% para los facultativos de urgencias. Aquellos con vestimenta informal (camisetas, deportivas y pantalones vaqueros) generaban menos confianza que los que iban con ropa formal o pijama médico, siendo el atuendo con mayor puntuación el formal con bata blanca, seguido del pijama con bata blanca y el formal sin bata. Todos valoraban mejor a los profesionales que, vestidos formal, informalmente o con pijama, además llevaban bata blanca. 

Estos resultados son consistentes con estudios en otros entornos occidentales y europeos y, por tanto, podría generalizarse a otros lugares y especialidades occidentales. ¿Sería igual en el Congo o en una isla del Pacífico? Porque en una investigación en Hawái los pacientes aprobaron como vestimenta médica aceptable los uniformes médicos y también los jeans azules, pero desaprobaban las sandalias y los pantalones cortos. Por muy poco, los pacientes preferían que su médico no usara bata blanca e, independientemente de sus preferencias, la confianza en el médico no se vio muy afectada por la vestimenta del médico, con la excepción de la bata blanca: aquellos que preferían que su médico la usara otorgaron un alto grado de confianza a esta vestimenta. Según este pequeño estudio, los pacientes en Hawái difieren de sus compatriotas continentales respecto a la vestimenta, aceptando atuendos más informales.

Por tanto, la valoración de la vestimenta médica tiene un cierto componente cultural y además también depende de la información que reciben los pacientes. En un estudio asiático la mayoría de los pacientes preferían que los médicos de Atención Primaria usaran batas blancas, pero esa percepción cambió tras ser informados sobre el riesgo de infección asociado con las batas: solo el 21.9% del 71.9% inicial de los pacientes que preferían las batas blancas mantuvieron su preferencia después de conocer el riesgo de contaminación microbiana asociada con las batas.

Los estudios sobre la confianza de los pacientes en los médicos (al menos en occidente) apoyan el uso de la bata blanca y la vestimenta formal, ya que la informal hace pensar que el profesional es menos competente y genera menos confianza. Christopher Petrilli, autor del trabajo de la Universidad de Michigan, señalaba en una entrevista cómo “En Medicina el código de vestimenta es heterogéneo y deberíamos asegurarnos de que el atuendo refleje profesionalidad”, puntualizando que, a pesar de que el código es bastante heterogéneo, “deberíamos asegurarnos de que nuestro atuendo refleje un cierto nivel de profesionalidad que tenga en cuenta las preferencias de los pacientes”. Sin olvidar que si nos quitamos la bata blanca es más factible que nos contaminemos de sangre, fluidos corporales y otros contaminantes. ¿La solución? Limpiar adecuadamente la vestimenta para evitar que se convierta en fuente de infecciones, sea una bata o un traje con corbata, porque, ojo, también se ha descrito que las corbatas son fuente de propagación de microorganismos. El profesional debe tener libertad para escoger si lleva piercing o corbata, siempre y cuando sea con higiene y sabiendo ganarse la confianza del paciente.