Perros detectores de Covid-19: científicos de todo el mundo investigan una prometedora técnica de ‘screening’ para lugares concurridos

  • Andrea Arnal

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Desde que se iniciara la pandemia por Covid-19, grupos de investigadores diseminados por todo el mundo están trabajando a contrarreloj para ofrecer un apoyo extra a la detección de casos en lugares muy transitados, tales como aeropuertos, estadios de fútbol o centros comerciales. Se trata del cribado a través de los perros, unos animales cuyas extraordinarias capacidades olfativas ya han demostrado ser eficaces en la detección de enfermedades como la malaria y la hipoglucemia en diabéticos. A pesar de la escasa información científica al respecto, ya existen resultados preliminares que no solo demuestran que la detección de Covid-19 a través del olfato canino es una posibilidad real, sino que en algunos casos se da con un porcentaje elevado de acierto. 

En España, el International Detection Dogs Training (IDDT), el centro especializado en Unidades Caninas de Biodetección aplicadas a la Seguridad Humana, colaborador de la Escuela de Prevención y Seguridad Integral de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) está desarrollando un proyecto de detección de personas asintomáticas para Covid-19 en entorno real, a través del olfato canino. Su equipo multidisciplinar se encuentra actualmente inmerso en ultimar los detalles de su prueba de concepto antes de darla a conocer en la comunidad científica: “Hay que tener prudencia, y asegurarse de que aquello sea viable y útil, y de que sus hipótesis tienen las conclusiones adecuadas”, explica a Univadis España Marga Macías, directora del IDDT y una de las líderes del proyecto. “Ninguno de nuestro equipo duda de que el perro detecta el olor asociado a ese virus, pero el mundo médico requiere de una argumentación científica”. 

Su equipo ha estado trabajando a destajo durante los tres últimos meses para presentar un diseño de protocolo de cribado de posibles positivos por Covid-19 en escenarios reales (aeropuertos, estadios de fútbol, teatros…). Los científicos pretenden que, a través de muestras de sudor u orina, el can sea capaz de detectar posibles infectados: “En ningún caso somos una prueba diagnóstica, sino una prueba de ‘screening’, secundaria, preventiva. Si por ejemplo pasa una persona y un perro la marca como positiva, se desplegaría todo el protocolo y se harían las pruebas que hicieran falta determinadas por el médico”. 

La razón de ser de estas pruebas de cribado que no pretenden sustituir a los test convencionales radica en su rapidez y excepcionalidad, pues la información que proporciona este filtro a través del olfato canino aún no puede suministrarse a través de máquinas u otros métodos: “Con los dispositivos, los protocolos y el programa de adiestramiento específico que hemos diseñado, teniendo en cuenta el bienestar del animal, los riesgos y peligros asociados, en un minuto, un solo perro puede analizar hasta a 12 personas”, adelanta Macías. 

Esta capacidad olfativa extraordinaria se debe a los receptores olfativos de los canes: mientras nosotros tenemos cerca de seis millones, ellos tienen alrededor de 300 millones. Este factor, añadido a su gran capacidad de discriminación de olores, les  permite detectar con mayor facilidad los compuestos volátiles orgánicos (VOCs, por sus siglas en inglés), sustancias químicas de origen orgánico que, en ciertas enfermedades e infecciones, pueden ser expulsadas por el cuerpo causando un olor específico.

Como se ha dicho anteriormente, el equipo de Macías no es el único que está realizando investigaciones en torno a la detección de la Covid-19 con canes. En Alemania, Finlandia, Francia, Líbano o Australia, se están llevando a cabo diversos proyectos para ver hasta qué punto es efectiva su implementación. Destaca el caso francés, con el investigador Dominique Grandjean, de la Escuela de Veterinaria Nacional de Alfort, cerca de París, uno de los pocos que ha conseguido sacar un estudio prueba de concepto en una revista de impacto, Plos One. En él, los investigadores entrenaron a 6 perros para detectar Covid-19 en 177 individuos (95 positivos sintomáticos con Covid-19, y 82 negativos asintomáticos). Según indican, “la tasa de éxito por perro (es decir, el número de indicaciones correctas dividido por el número de pruebas) varió desde el 76% hasta el 100%”. Para ellos, estos datos deberían ser confirmados en estudios de validación debido a las limitaciones que experimentaron como prueba de concepto, pero arrojan “alguna evidencia de que la detección con perros puede ser capaz de discriminar entre muestras de sudor entre sintomáticos positivos de Covid-19 y asintomáticos negativos”. 

En otra publicación, esta vez un ensayo aleatorizado realizado por el equipo alemán y publicado el pasado julio en BMC Infectious Diseases, la conclusión es similar: los resultados son prometedores, y abren la veda a una investigación mayor al respecto. 

Para Macías, además, estas pruebas de concepto realizadas en diferentes partes del mundo adolecen sobre todo de un escenario real, pues se han llevado a cabo en laboratorio: “Investigaciones sobre si el perro detecta o no detecta se han hecho en muchos sitios, pero el problema no es decir si el perro detecta o no —que me jugaría una mano a que sí— sino cómo aplicamos dicha detección al día a día de una ciudad, de un aeropuerto, o de la entrada en un teatro”. Es precisamente algo que sí han tenido en cuenta en su equipo, para lo cual han diseñado diferentes protocolos y dispositivos que tuvieran en cuenta precisamente las particularidades de un escenario concurrido, transitado y, en definitiva, realista. De momento, no hay fecha clara de cuándo su prueba de concepto será publicada, pero la científica estima que tendrá lugar en los próximos meses. 

La biodetección canina es un campo de investigación que apenas tiene 30 años, pero ya ha encontrado en el día a día multitud de aplicaciones más allá de la detección de enfermos por Covid-19. Los más habituales son los que identifican olores asociados a enfermedades, pero ya se están utilizando otros como en odorología forense, Medio Ambiente, Seguridad Alimentaria plagas o todas las drogas de origen vegetal como la marihuana. “Todas estas capacidades caninas a nivel de olfato se van aplicando a medida que hay necesidades sociales, técnicas o de seguridad, por ejemplo, que no cubren los recursos habituales, por tiempo, coste o por fiabilidad. Es una cuestión de velar por la Seguridad Humana a través de la ayuda de las Unidades Caninas de Biodetección, aplicando estas capacidades con rigor, teniendo en cuenta el bienestar de los perros y la seguridad de las personas que forma parte de ella”, asegura Macías, quien lleva 35 años en el sector y es miembro de la Cátedra Manuel Ballbé de Seguridad Humana y Derecho Global de la UAB.

Las últimas aplicaciones se han llevado a cabo en la detección de enfermedades como la malaria, así como casos de hipoglucemia en diabéticos, cáncer de mama e infección de orina. Sin embargo, este es solo el principio: “El perro va a tener un papel bastante protagonista en el futuro de la biodetección. No estamos trabajando con las capacidades caninas ni en un 20%”, concluye.