Organizaciones científicas, de consumidores y empresas reclaman a Consumo la obligatoriedad del etiquetado Nutri-score


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La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), organizaciones científicas como el Colegio de Dietistas y Nutricionistas de Cataluña (CODINUCAT), la Sociedad Catalana de alimentación y Dietética Clínica (SCADC), la Sociedad Científica Española de Dietética y Nutrición (SEDYN) y cuatro empresas de alimentación y distribución (Carretilla, Danone, Eroski y Nestlé) han enviado una carta al ministro de Consumo, Alberto Garzón, para solicitar la implementación obligatoria del etiquetado Nutri-Score, que clasifica a los alimentos en función de son más o menos saludables.

"Más de la mitad de los adultos españoles tiene un peso superior al recomendable y está reconocido que la obesidad y el sobrepeso aumentan la probabilidad de padecer enfermedades cardíacas, diabetes o cáncer. El etiquetado nutricional ha sido identificado como un instrumento clave para apoyar a los consumidores a tomar decisiones de compra más saludables de forma sencilla y objetiva. Las investigaciones han demostrado que Nutri-Score es actualmente el modelo de etiquetado que mejor funciona, ayudando a los consumidores a comparar la calidad nutricional de los alimentos y revirtiendo así en una mejor alimentación", argumentan en un comunicado.

Los firmantes de la carta lamentan en su escrito que, según el documento de trabajo de la Comisión Europea 'De la granja a la mesa', la propuesta sobre etiquetado nutricional no se llevará a cabo hasta 2023. Con un horizonte tan lejano, "no estaría garantizado que los diputados al Parlamento Europeo elegidos durante este mandato tengan la oportunidad de cerrar este expediente legislativo durante la presente legislatura", señalan. De ser así, creen que la implementación solo sería efectiva a partir de 2028/2030, "un plazo excesivo frente al problema de salud pública generado por la obesidad y el sobrepeso".

Solicitan al ministro de Consumo que, como parte de la estrategia 'De la granja a la mesa', la Comisión Europea haga una propuesta legislativa sobre el etiquetado nutricional e imponga como obligatorio el Nutri-Score en toda la UE "lo más rápido posible". "La pandemia de la COVID-19 ha puesto de manifiesto la importancia de impulsar políticas que permitan atacar la obesidad y los problemas relacionados con una mala alimentación de forma efectiva, ya que resultan factores de riesgo agravantes también frente a otras enfermedades", añaden.

"La actual legislación alimentaria europea solo permite la adopción de etiquetados complementarios de forma voluntaria, limitando su potencial como herramienta para ayudar a los consumidores a comparar la calidad nutricional de los alimentos. Francia aprobó oficialmente el sistema en 2017 y otros países como Bélgica, Alemania, los Países Bajos, Luxemburgo y Suiza también han reconocido la efectividad del Nutri-Score ", recuerdan al respecto.

En España, como recuerdan en la carta, los beneficios del sistema Nutri-Score fueron reconocidos por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social cuando estaba al frente María Luisa Carcedo, durante la XII Convención NAOS en 2018. Pese a que la exministra adoptó el compromiso de adoptar este etiquetado en un plazo de tiempo de un año, su implantación nunca ha llegado a la práctica.

Nutri-Score es una valoración nutricional global que se expresa mediante un logotipo basado en un código de letras y colores que se ubica en la parte frontal de los envases, y que informa al consumidor sobre la calidad nutricional global de los alimentos, permitiendo comparar productos similares, de la misma categoría y orientar sus decisiones de compra hacia aquellos de mejor calidad nutricional.

Cada producto se posiciona en una escala de cinco colores (niveles) que va desde el producto más favorable desde el plano nutricional (clasificado A-color verde) hasta el menos favorable (clasificado E-color rojo). La puntuación se calcula a través de un algoritmo basado en dos aspectos diferentes: el contenido en nutrientes y alimentos a favorecer (fibras, proteínas, frutas y verduras, leguminosas, frutos secos de cáscara y aceites de oliva, nabina y nuez), por un lado, y el de las calorías y los nutrientes a limitar (ácidos grasos saturados, azúcares, sal), por otro. El sistema se basa en el análisis de 100 g o 100 ml de alimento por lo que permite una comparación objetiva de los mismos.