¡Ojo con los viajes!


  • Editorial Univadis
El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados. El acceso al contenido completo es sólo para profesionales sanitarios registrados.

Los sanitarios muchas veces estamos preparados para lo más difícil y olvidamos lo sencillo. Somos capaces de tratar una neumonía grave, controlar una arritmia, ajustar insulinas y suturar heridas en la cara. Sin embargo, cuando vamos a preparar la maleta y nuestra pareja nos hace preguntas sencillas, nos damos cuenta de que no tenemos respuestas: ¿hay que vacunarse para ir a la India? ¿tenemos que suscribir un seguro médico para viajar a Polonia? ¿qué protección solar hay que ponerle al bebé?

La mayor parte de los médicos no sabemos responder a muchas de estas preguntas sobre medicina y viajes. En este breve editorial tampoco podremos hacerlo, pero al menos intentaremos facilitar algunos consejos generales y, sobre todo, procuraremos orientar sobre cómo y dónde buscar la mejor información.

¿Tengo que vacunarme si voy a El Chad? En la página web del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social podemos encontrar la dirección de los Centros de Vacunación Internacional, con sus ubicaciones, teléfonos de cita previa y consulta médica, correos electrónicos institucionales de consulta y horarios de atención. La Asociación Española de Vacunología también da información útil en su web sobre las vacunas para el viajero.

En caso de duda, lo mejor es pedir cita en un Centro de Vacunación Internacional. Algunas vacunas, como las de la fiebre amarilla y la rabia, sólo pueden administrarlas centros autorizados. El resto de profilaxis (incluida la más drástica: desaconsejar el viaje) podría indicarla un médico general, pero es recomendable que la paute un profesional con formación en medicina del viajero, porque la profilaxis puede variar en función de la época del año, de la humedad o de alertas de epidemias (dengue, zika, hepatitis A o cólera, entre otras). Tampoco debemos olvidar que, como en cualquier acto médico, con la profilaxis hay que considerar de forma individualizada el riesgo-beneficio de tomarla.

Señalar que las únicas vacunas de las que se puede solicitar una certificación oficial de vacunación son las de la fiebre amarilla, si se viaja entre países endémicos (¡ojo con las escalas!), y la de la meningitis para peregrinar a la Meca (Arabia Saudí). Sin olvidar que actualmente muchos países desarrollados, como Estados Unidos o Inglaterra, solicitan una certificación de vacunación de paperas, sarampión y meningitis (además de mantoux) para aceptar estancias de larga duración. 

¿Contrato un seguro médico? En muchos países europeos, no sólo de la Unión Europea, es suficiente con la Tarjeta Sanitaria Europea, que cubre lo mismo que la sanidad en el país de origen. La Tarjeta Sanitaria Europea (y el certificado provisional sustitutorio) acreditan que el titular que consulta tiene una cobertura de seguro y será tratado en el destino como si estuviera en su país. Esta tarjeta no es válida si el desplazamiento tiene como finalidad exclusiva recibir tratamiento médico (turismosanitario). Si viajamos a un país donde la Tarjeta Sanitaria Europea no funciona es posible que exista un convenio de atención sanitaria entre los países, como sucede, por ejemplo, entre España y Marruecos.

El principal problema lo encontramos, por tanto, si viajamos a un país donde no funciona la Tarjeta Sanitaria Europea y en el que no hay un convenio que nos garantice una adecuada atención sanitaria. En ese caso sí debemos tener un seguro. Muchos vuelos y viajes de agencia incluyen un seguro médico y debemos considerar además que muchos colegiados tienen incluido en su colegiación un seguro de viaje. Sin embargo, no podemos conformarnos con esta simple información. Es esencial tener contratado un seguro adecuado, para que estemos cubiertos ante una posible emergencia. En la interesante web viajarseguro.orgse recomienda ser activos, personalizando lo máximo posible el seguro. ¿Qué debemos tener en cuenta al contratarlo?: las posibles causas de exclusión de la póliza (la “letra pequeña”), el convenio sanitario que exista con el país (en función de lo que cubra la sanidad española, añadir las cláusulas necesarias), las personas incluidas en el seguro, quién se encarga del pago inicial de la atención sanitaria y otros aspectos específicos en función del viaje (si vamos a atender una epidemia de ébola, conviene saber si está incluida la repatriación). 

¿Qué ropa llevo? Es importante elegir calzado adecuado (amplio y ventilado) y se aconseja ropa de fibras naturales (algodón, lino), si es posible ligera y no ajustada. Un aspecto a considerar son los cambios de temperatura, tanto las diurnas y nocturnas, que se producen en muchas latitudes, como las debidas a la climatización de los locales o de los medios de transporte, especialmente los aviones. En viajes a zonas con insectos se aconseja sacudir las sábanas y mantas antes de acostarse, así como la ropa y el calzado antes de vestirse. Y llevar ropa con colores claros.

¿Y la alimentación? En los destinos donde no tengamos garantía de una adecuada manipulación alimentaria, es esencial ser cuidadoso con lo que se ingiere. En estos casos, no debemos comer verduras, fruta ni hortalizas crudas (se puede llevar hipoclorito sódico para limpiarlas) y es fundamental ser cuidadoso con el agua, incluidos los cubitos refrigerantes tan demandados en verano. Podemos hervirla o usar también hipoclorito sódico. La carne y el pescado bien cocinados, es mejor evitar moluscos crudos, así como leche y lácteos sin higienizar. ¡Ah! Y de postre, mejor fruta pelada que repostería y helados. 

Dos consejos más respecto a la alimentación en vacaciones: evitar las comidas excesivamente copiosas y cuidado si viajamos a zonas con altas temperaturas. El calor y la humedad excesivos pueden provocar pérdida de líquidos y sales minerales, lo que puede desencadenar un golpe de calor, situación que puede convertirse en una verdadera emergencia, especialmente en poblaciones de riesgo (ancianos, niños y bebés, determinadas comorbilidades). En estas circunstancias, es recomendable tomar té y bebidas ricas en sales minerales (zumos de frutas y legumbres, caldos de verduras, etcétera). 

Here comes the sun. Si hablamos de ropa y de altas temperaturas, no podemos obviar la exposición a los rayos del sol. Tomar el sol sin precaución, además de aumentar el riesgo de deshidratación y de golpe de calor, puede causar insolaciones y quemaduras, especialmente en personas de piel clara, con menos melanina. Para evitarlo, debemos ir adaptándonos progresivamente a la exposición solar, usar ropa protectora (sombrero, gafas de sol, ropa amplia) y aplicar cremas con filtro solar. Respecto a qué crema, en las farmacias nos pueden dar una buena información.

¡Somos médicos! Siendo así, no podemos olvidar preparar el botiquín. Cualquier persona lleva en el botiquín algún desinfectante, material de cura de fácil aplicación y analgésicos. Como nos vamos de viaje, debemos considerar añadir crema solar, repelente de mosquitos y sales de rehidratación oral. En viajes de mayor riesgo, considerar antibióticos (azitromicina, amoxicilina-clavulánico), antidiarreicos como loperamida, por la diarrea del viajero (aunque en los viajes, realmente es más común el estreñimiento del viajero). En el botiquín no pueden faltar los medicamentos que se toman habitualmente, aquellos precisos en función del riesgo del viajero (si hay posibilidad de alergia o anafilaxia, llevar el medicamento inyectable que sea necesario) y las profilaxis de acuerdo con el destino (por ejemplo, los medicamentos contra el paludismo).

Los consejos que hemos dado, realmente dependerán del destino. No es lo mismo ir a esquiar que a bucear o a realizar montañismo, como tampoco lo es ir a Florencia que a Sudáfrica de safari. Lo que sí es común a todo viaje es la importancia de recopilar previamente toda la información necesaria para que después, una vez estemos en el destino, sólo nos preocupemos de disfrutar.