“Nuestro sistema de atención sanitaria está politizado y en ese marco es muy difícil poder avanzar”


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Desde FACME, su presidente, Fernando Carballo, cree que las sociedades científicas tienen un papel clave para potenciar y promover la innovación, puesto son las que gestionan el conocimiento científico y técnico que se aplica en el modelo sanitario actual.

¿Cómo repercute la innovación en la mejora de la calidad asistencial?

La obligación de los profesionales sanitarios es aplicar en los problemas de salud las mejores soluciones disponibles que demuestren capacidad para solventar los diferentes retos sanitarios a los que nos enfrentamos, tanto en el paciente individual como en el de nuestras carteras de servicios. Lo mejor es lo que ha demostrado eficacia, efectividad y eficiencia. Esta última entendida como la capacidad para resolver el problema con calidad optimizando los costes.

¿Cómo definiría la calidad?

La calidad implica sobre todo obtener resultados idóneos con garantías de seguridad, conformidad a los fines y satisfacción. Sin innovación no hay progreso de la calidad asistencial, ni de ningún otro campo en el que la aplicación del conocimiento sea relevante.

¿En qué áreas tiene que innovar el SNS?

Fundamentalmente en su capacidad real para ser una organización innovadora en sí misma. Me refiero a que es imposible gestionar bien la innovación si se actúa entendiendo la incorporación de la innovación como el resultado de un proceso burocrático, en gran parte defensivo. Este enfoque implica renunciar al liderazgo en innovación para actuar solo como comprador de tecnología. Los intereses cortoplacistas, de perfil claramente presupuestario, gestionados además a nivel autonómico, lo que implica lógicamente mayor dificultad en la acción conjunta, nos llevan a un modelo en el que hay resistencia a la innovación por incapacidad para gestionar todos los elementos que subyacen en ella.

¿Cómo se debe hacer el cambio de modelo basándose en la innovación?

En primer lugar rompiendo ese enfoque de industria innovadora con productos desarrollados completamente que presenta a los compradores esos productos para iniciar un poco predecible proceso de negociación. Debemos estar presentes en el impulso de la innovación antes de alcanzar esa fase. Es tarea de todos, pero sin duda especialmente del modelo de ciencia aplicada que nuestros gobernantes quieran establecer. Desde esta nueva atalaya sería posible realizar los debidos juicios de pertinencia, seguridad y eficacia de manera anticipada y cooperar con la industria en las etapas de evaluación, de forma que al final muchos de los productos puedan ser, de una u otra forma, fruto compartido.

¿En quién debe recaer este liderazgo?

El liderazgo de la pertinencia está en el campo institucional, y es por eso que si algo ha de aportar valor en salud debe ser gestionado con miras mucho más amplias que las de valorar si se adquiere o no en momentos relativamente tardíos de la puesta en marcha de los productos.

En este contexto, ¿qué hitos destacaría del año pasado, 2018?

Estamos en un momento especialmente interesante en el que vemos un agotamiento del modelo productivo sanitario. No creo que las innovaciones de perfil tradicional, sea en el campo del medicamento, sea en el de la industria de los productos sanitarios, vayan a poder aportar disrupción decisiva, mientras los costes seguirán siendo un gran problema. Es llamativo, no obstante, valorar el fenómeno de la curación de una enfermedad crónica como la hepatitis C. Es preocupante la idea de que en algunos ambientes financieros internacionales se haya dicho sin sonrojo que los productos curativos no son negocio, y que las industrias que se ocupan de temas sanitarios deberían trabajar en la cronificación de las enfermedades, más que en su curación. Por ello, sin duda, además del agotamiento del modelo productivo tenemos que hacer una profunda revisión como sistema sanitario de nuestro enfoque con respecto a estos temas. Y creo que en el 2018, de alguna forma se ha iniciado, al menos en algunos círculos, esa reflexión.

¿Qué previsiones tienen para mejorar la innovación en este año?

Creo que la innovación en cuanto a la forma de entender el valor en salud y redirigir la inversión en innovación hacia ese objetivo  debe pasar de ser un comentario de todos a una realidad. Es defender que la innovación más disruptiva no va a venir desde determinados productos sanitarios o medicamentos, sino de la capacidad conjunta que tengamos todos los agentes en este cambio de enfoque. No se trata solo de saber medir mejor el valor en salud, o de ajustar los pagos a resultados de salud. Se trata, sobre todo, de invertir en innovación que genere ese valor en salud, de verdad, intentando orientar la inversión hacia una curva superior de rendimiento. Esto solo puede alcanzarse orientando nuestro modelo hacia aquellos componentes más decisivos en cuanto a incrementar el valor en salud: hábitos de vida, control de determinantes de salud, prevención y mucha participación ciudadana.

¿Qué papel tienen las sociedades científicas para potenciar la innovación?

Clave. Las sociedades científicas gestionan el conocimiento científico-técnico específico que se aplica en nuestro modelo sanitario, basado en especialidades médicas. Este conocimiento debe permear todo el proceso. Son varios los hitos en los que deben estar presentes las sociedades científicas: aportar información estratégica y cooperar en la planificación de las administraciones sanitarias; constituirse en core de los juicios de validez y aplicabilidad de la tecnología y el medicamento en alianza con nuestra Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y la Agencia Española de Medicamento y Productos Sanitarios; participar en la tomas de decisiones en las recomendaciones de desinversión y adquisición de tecnología: velar por la calidad del sistema combatiendo la obsolescencia; promover estudios de uso de tecnologías y en general participar con protagonismos en la aplicación de indicadores de desempeño profesional y medición de resultados con valor en salud.

¿Con qué trabas se encuentran por parte de las administraciones?

No es que tal o cuál administración sanitaria la que pone ésta o aquella traba. El problema es estructural. En mi opinión hay tres grandes temas que impiden una adecuada relación entre los profesionales sanitarios, sus organizaciones y las administraciones sanitarias: el miedo por parte de estas últimas, altamente fragmentadas en numerosos órganos políticos y servicios de salud, a perder el control de lo suyo, permitiendo un marco colaborativo que siempre puede implicar un riesgo percibido para ellas; una desconfianza, en parte interesada por lo comentado en el punto anterior, sobre la independencia de los profesionales y sus sociedades científicas; y el enfoque cortoplacista que nos aleja de un modelo planificado acorde a los fines y ligado, casi exclusivamente, a los medios, especialmente en su vertiente de contención presupuestaria. En este contexto, nuestro sistema de atención sanitaria está politizado, y en ese marco es muy difícil poder avanzar.

¿Es imprescindible una buena formación para fomentar la innovación?

No creo que el problema sea instruir para fomentar visiones desde una parte. Lo que es necesario es fomentar una visión compartida sobre el papel de la innovación. A partir de ahí pueden aplicarse herramientas ya perfectamente desarrolladas procedentes de la Epidemiología Clínica, tanto en investigación como en crítica de los resultados publicados

¿Cómo se debe potenciar dicha formación a través de las sociedades científicas?

Ya lo hacemos. Además de lo que hacen las diferentes sociedades científicas, tanto en temas de formación metodológica general como de desarrollos específicos, FACME, a través de la Fundación Instituto para la Mejora de la Asistencia Sanitaria (IMAS), desarrolla formación e investigación muy sólida que están dirigidas a establecer esa visión objetiva que nos es propia.

En términos de innovación, ¿qué les falta a los especialistas en España?

Digamos que el conjunto de los profesionales tenemos vocación permanente de competencia y, por eso, estamos siempre interesados en la innovación. El problema es tener fuentes independientes que nos ayuden a distinguir entre la innovación valiosa de la que no lo es tanto. Yo diría que más que a los profesionales les falte algo propio en lo individual. Es el conjunto de ellos el que necesita de dicha acción que permita avanzar en los juicios de aplicabilidad.

A la hora de incorporar nuevas innovaciones a centros de salud y hospitalarios, ¿cómo valorar la formación e información que reciben los médicos?

Mejorable. Es lógico que haya información suministrada por la industria, pero, como vengo señalando, es importante mejorar el flujo de esa información pasando por los debidos filtros de crítica objetiva de validez, pertinencia y aplicabilidad. Nos queda mucho camino por avanzar y sin duda es uno de los grandes retos de las sociedades científicas, en general, y de FACME en particular.

¿En qué cree que se puede mejorar en este sentido?

El camino está diseñado ya, con dos grandes patas: investigación sobre resultados de salud, basándose en indicadores objetivos, y la formación en gestión, que es clave para desarrollar un modelo de excelencia basado en profesionales excelentes. La mejora requiere que vayamos sellando las debidas alianzas con los diferentes agentes, y especialmente que todas las sociedades científicas sepamos volcarnos en los temas que nos son comunes, de forma que incrementemos más y más nuestras capacidades, presencia e impacto.

La investigación es clave en la innovación, ¿cómo se puede potenciar la investigación de grupos colaborativos a través de FACME?

Los grupos colaborativos son la esencia de esa investigación, formados lógicamente por las propias sociedades científicas de FACME. Son ejemplos los proyectos RECAL (Registros y Calidad en el Sistema Nacional de Salud) que analizan la relación entre los recursos y la actividad de las unidades asistenciales con los resultados en salud en las diferentes especialidades, y el Proyecto Indicadores de Desempeño en el SNS, en el que se pretende fijar indicadores robustos y fiables, desde las sociedades científicas, que permitan la medicación de resultados de acuerdo a estándares válidos para todo nuestro sistema sanitario. Ambos proyectos se impulsan y desarrollan conjuntamente por FACME y el Instituto para la Mejora de la Asistencia Sanitaria (IMAS).