Nuestra salud es la de todos


  • Editorial Univadis
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En la actual epidemia de coronavirus, algo impensable hace sólo unas semanas, somos más conscientes que nunca de que la salud de todos y cada uno de nosotros incumbe a la de los demás. Ciertamente, desde hace 100 años, con la mal llamada gripe española, no nos enfrentábamos a una crisis sanitaria como la actual en España. Tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, en gran medida por sus profesionales, y este sistema está en una situación límite. Es posible que haya dos generaciones de españoles, los nacidos a partir de la mitad del siglo XX, que no hayan vivido una crisis, no sólo sanitaria, sino también social como esta: confinamientos, Estado de Alarma, hospitales sin recursos para atender a los enfermos, solicitud de que, salvo en casos imprescindibles, no se vaya a urgencias o al médico, una caída de la economía y del empleo que nadie sabe qué consecuencias tendrá, suspensión de toda actividad social y laboral que implique desplazamientos, etcétera.

En estos momentos se necesita mucha fortaleza, por parte de las familias y en cada individuo. Los que están en casa con sus hijos, con su pareja y también los que están pendientes de sus mayores: todos tenemos que ser fuertes. Algo parecido a la actuación de Guido Orefice (Roberto Benigni) en La vida es bella (1997). El joven y alegre Guido, judío italiano, ve truncada su vida cuando le separan de su bella esposa, a la que llevan a una cámara de gas. Los nazis lo recluyen en un campo de concentración junto a su hijo Giosuè (Giorgio Cantarini). Guido le hace pensar a Giosuè que la reclusión en realidad es un juego. No está dispuesto a que Giosuè se quede sin infancia. A pesar de haber perdido a su esposa, saca fuerzas para adaptarle a su pequeño Giosuè la nueva y desagradable realidad. Una muestra de amor y de entereza más que admirable. La vida es bella acaba con la voz en off de Giosuè: “Esta es mi historia. Ese es el sacrificio que hizo mi padre. Aquel fue el regalo que tenía para mí”.

El ejemplo de Guido Orefice en La vida es bella, por suerte, no es equiparable con a la situación actual, pues nosotros estamos viviendo una epidemia y Guido estaba en una guerra. Pero sirve para aprender de su actitud. En casa tenemos que hacer que todo sea lo más agradable posible para los nuestros, y en el hospital o en el centro de salud para los compañeros y para los enfermos. Esta epidemia no sólo está demostrando que nuestra salud física individual es la de todos; también está manifestando cómo nuestra salud mental es también la de todos. Cómo estemos, nuestro estado de ánimo, el tono de las palabras y todo lo que nos acerca a los demás es importante para el bienestar de los que nos rodean. Esto no significa que no podamos mostrar debilidad, por supuesto. Hay que saber desahogarse y con quién hacerlo. Lo que están viviendo muchos sanitarios en sus centros de trabajo es muy duro, como lo es para muchas familias la reclusión y el aislamiento, o no poder visitar a los enfermos. Por eso se necesita ser fuertes y a la vez empáticos, entender nuestra debilidad y la de los demás. Más que nunca hay que ser generosos, también con nosotros mismos.

Nuestra salud es la de todos, la física y la mental. Por eso se han adoptado medidas sanitarias que nos afectan a todos respecto a la epidemia, y por el mismo motivo han surgido múltiples iniciativas que buscan cuidarnos como seres humanos, intentar que mentalmente estemos lo mejor posible. Los aplausos que se dan diariamente desde las ventanas de la reclusión a las 20 horas, que sirven de catarsis a los confinados, unen a todos los que aplauden y emocionan a los sanitarios que están dando su vida por los enfermos. Las cartas que los residentes han decidido hacer llegar a los enfermos que están solos en las habitaciones, sin sus hijos, amigos, ni la pareja de la que no se han separado en años, son una muestra de humanidad. Las redes sociales y otros medios de comunicación, bien usados, también están ayudando a que la Red Social (con mayúscula) que nos une sea más fuerte. 

En esta red que se está tejiendo tan fuertemente en la sociedad española no podemos olvidar a mucha gente que está sola en casa. Los jóvenes aún disponen del teléfono, de la televisión y de las redes sociales, que les hacen más llevadero su día a día. Pero también hay gente mayor que ya ni siquiera pueden dar su paseo para comprar el pan, ni ir al centro de salud que, como muchos sabemos, en cierta forma se ha convertido en la plaza del pueblo desde hace décadas. Seguramente alguien estará pensando en ellos y procurando que su aislamiento no sea tan duro.

Desde Univadis queremos enviar todo nuestro ánimo, toda nuestra fuerza, a todos y cada uno de los sanitarios que tanto están haciendo por nosotros. GRACIAS. Queremos también animar a que sigamos expandiendo y creando iniciativas que ayuden a cuidarnos, a sentirnos parte de algo que merece la pena. La vida, como decía Guido Orefice, es bella.