No estamos solos


  • Editorial Univadis
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Cualquier profesional sanitario, médico, enfermera o fisioterapeuta, se encuentra día a día con cantidad de especialistas y profesionales que no son asistenciales, a veces ni siquiera sanitarios. Profesionales necesarios para que los centros sanitarios funcionen y que podamos prestar la mejor atención a los pacientes. Podríamos retrotraernos al conductor de autobús que nos lleva al trabajo, pero comenzaremos por el momento en que entramos al hospital o centro de salud. Sin darnos cuenta, pasamos al lado del personal de seguridad, imprescindible en tantos casos, y de los informadores, encargados de orientar pacientemente a usuarios y familiares en su tránsito por nuestra institución. Cuando llegamos al despacho encendemos el ordenador y si hay algún problema, rápidamente un telefonazo a los informáticos, en la actualidad posiblemente la unidad más importante en los centros sanitarios. Si no funciona el ordenador o si el sistema informático se cae, malamente podremos realizar nuestro trabajo.

Después de la sesión clínica pasamos rápidamente por la cafetería y saludamos al personal que nos sirve eficientemente el café y que nos da de comer los días de guardia o cuando se retrasa la tarea y tenemos que prolongar la jornada. Cuando comienza la tarea asistencial, trabajamos con auxiliares de enfermería, celadores y con cantidad de profesionales, asistenciales o no, sin los cuales sería imposible nuestro trabajo. Enviamos a un paciente a rehabilitación y para ello tenemos que hablar con el terapeuta ocupacional o con el logopeda. Queremos que se realice una radiografía urgente y llamamos al técnico de rayos, mientras que si lo que necesitamos es que revisen cuanto antes una muestra, tenemos que tratar con el técnico de laboratorio o de anatomía patológica. Y, si al pasar visita o en quirófano, se cae un bote de povidona yodada acude rápido el personal de limpieza, imprescindible para el funcionamiento de cualquier centro sanitario. Tenemos guardia y tenemos pijama limpio gracias a los estupendos trabajadores de lavandería. 

Cuestión aparte es el personal administrativo. Sin las secretarías que gestionan nuestras agendas, las citaciones de los pacientes y todos los aspectos administrativos a los que nos enfrentamos continuamente, nuestros centros simplemente no funcionarían. También son administrativos los que tramitan las nóminas y permisos, o quienes trabajan en atención al paciente. Podríamos seguir nombrando al personal del parking y a los responsables de comunicación, a los matemáticos que trabajan en investigación y a los economistas y personal financiero. Un hospital es una ciudad poblada por multitud de profesionales y los sanitarios somos minoría. Gracias a todos y cada uno de ellos funciona el sistema sanitario.

La convocatoria del MIR no es realmente una convocatoria para médicos internos residentes, sino para el acceso a plazas de formación sanitaria especializada para, además de médicos y enfermeros, farmacéuticos y otros graduados/licenciados universitarios del ámbito de la psicología, la química, la biología y la física. En la convocatoria de 2019 se adjudicaron 267 plazas de formación de especialidades farmacéuticas, 141 plazas para la especialidad de psicología clínica, 49 plazas para biólogos y su ámbito (por ejemplo, bioquímicos), 34 plazas para licenciados en física u otros universitarios reconocidos para la especialidad de radiofísica hospitalaria y 22 plazas para química (u otros universitarios de dicho ámbito). Todos ellos, BIR, FIR, PIR, QIR o RFIR, son igualmente especialistas en formación, residentes y futuros facultativos, tan importantes para el sistema sanitario como un cirujano, un pediatra o un internista.

Si tomamos como ejemplo los PIR, hay que comenzar señalando que la media europea de psicólogos clínicos es más de cuatro veces superior a la española: mientras la Unión Europea cuenta con 18 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, en España esa cifra se reduce a 4,2 por cada 100.000 habitantes. La consecuencia es que, siendo una tarea tan importante la que realizan (en cuidados paliativos, oncología, pediatría, etcétera), en algunos hospitales la lista de espera para recibir atención psicológica se demora a casi once meses. A pesar de estos déficits, en nuestro sistema sanitario el PIR es la única vía para optar a una plaza de psicólogo especializado en clínica y, por si fuera poco, se trata de la oposición más difícil, más que el MIR. En la última convocatoria se presentaron 4.072 candidatos para acceder a las 141 plazas PIR, es decir, 28,9 candidatos por cada plaza, convirtiéndose en la disciplina con más solicitantes por plaza de la formación sanitaria especializada. 

Podríamos traer multitud de ejemplos concretos sobre la importancia y utilidad de todos los profesionales nombrados. Un caso lo encontramos en el Hospital Regional de Málaga. En dicho centro se ha puesto en marcha un nuevo acelerador lineal donado por la Fundación Amancio Ortega. Gracias a este acelerador 550 pacientes se beneficiarán cada año de un tratamiento radioterápico de última gama. El médico es el que indica el tratamiento y realiza el seguimiento clínico, pero detrás de la bata blanca y el fonendo hay mucho trabajo: se tuvieron que realizar obras para adaptar el búnker, instalar el nuevo equipamiento y la Unidad de Radiofísica Hospitalaria evaluó el funcionamiento. Esta Unidad fue la encargada de verificar los niveles de radiación y la seguridad de la instalación, realizando la memoria preceptiva para que después la inspección del Consejo de Seguridad Nuclear autorizase su funcionamiento. El médico, para el paciente su salvador, no hubiera hecho nada sin la Unidad de Radiofísica o sin los técnicos de radiología.

Cuando un paciente acude a urgencias, va a realizarse una ecografía o visita al médico de familia, espera encontrarse con un médico. Le preocupa su enfermedad y piensa que un médico será su salvador. Para que ese médico le ayude, precisa de la asistencia continua de muchos profesionales sin los cuales no sería posible ofrecer, no ya una atención de calidad, sino sencillamente una atención. Está en discusión en torno a quién debe girar el sistema sanitario, si alrededor del paciente, portador del problema, o del médico, el que puede solucionarlo. Poco importa quién es el núcleo del sistema. Lo trascendente es que funcione bien y para ello tan importante como el médico puede ser un celador, el BIR que mira la citología o el administrativo que llama al paciente para darle una cita.