Mutaciones en los genes BRCA pueden ayudar a perfilar tratamientos de cáncer de próstata metastásico (Eur Urol)


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Un equipo dirigido por Joaquín Mateo, actualmente en el Grupo de Investigación Traslacional en Cáncer de Próstata del Vall d'Hebron Instituto de Oncología (VHIO), ha detectado que los pacientes con cáncer de próstata metastásico que presentan mutaciones en genes reparadores del ADN se benefician de los tratamientos estándar -que se dirigen a la base hormonal, y no a la mutación-, sin que la mutación afecte a la eficacia y, además, podrían tener opciones adicionales de tratamiento.

Su estudio, publicado en European Urology, se ha presentado este jueves en un simposio centrado en tumores genitourinarios de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) en San Francisco.

Los científicos han analizado los resultados de 390 pacientes de cáncer de próstata metastásico para ver cómo habían respondido ante los tratamientos estándares.

Detectaron que los pacientes con mutaciones en los genes BRCA -una décima parte de los pacientes con este cáncer- siguen beneficiándose del tratamiento estándar de manera similar a otros pacientes que no las sufren, "con una media de supervivencia global y de progresión libre de enfermedad similares", afirma Mateo en un comunicado.

También detectaron que entre los pacientes con mutaciones había una tendencia hacia una mayor supervivencia global en aquellos que habían participado en estudios con inhibidores de PARP o platinos. "Es la primera vez que se hace un análisis de estas características, ya que es la primera cohorte de pacientes de la que tenemos datos a largo plazo después de recibir inhibidores de PARP y platinos", destaca el citado investigador.

Ha destacado que estos pacientes, además, "podrían tener opciones adicionales de tratamiento, lo cual es importante de cara a planear la estrategia de tratamiento a largo plazo", y aunque ha admitido que los datos son todavía muy preliminares, ha dicho que invitan a ser optimistas.

En 2017, el cáncer de próstata fue el tumor que se diagnosticó con más frecuencia en varones, con unos 30.000 nuevos casos en España -según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)-, y causa anualmente la muerte de 6.000 personas en el Estado.

Hasta fechas recientes, se creía que el cáncer de próstata era una enfermedad que dependía exclusivamente de la vía de las hormonas masculinas, y la mayoría de los tratamientos se enfocaban en controlarlas, pero recientes investigaciones han cambiado esta concepción.

En 2016, Mateo y sus colaboradores detectaron que esta mutación había sido heredada al nacer en la mitad de los casos -afectando alrededor de uno de cada diez pacientes con cáncer de próstata metastásico-, y motivaron que estas mutaciones se empezaran a tener en cuenta en los pacientes con cáncer de próstata, como ya sucede con otros tumores de mama u ovario.

Estos estudios abrieron la puerta a pensar si estos pacientes con mutaciones podrían responder mejor a otros tratamientos si se conocía de antemano que sufrían esta mutación, y el ensayo clínico liderado por Mateo en el Reino Unido identificó que algunos de estos pacientes responden a los inhibidores de PARP, ya aprobados en cáncer de mama metastásico en portadoras de mutaciones de BRCA, por ejemplo.