Mutaciones en la parte no codificante del genoma contribuyen al riesgo de autismo (Science)


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Un estudio de secuenciación del genoma completo de casi 2.000 familias ha implicado mutaciones en regiones promotoras del genoma, regiones que preceden al inicio de un gen, en el autismo. El estudio, que se publica Science, es el primer análisis de todo el genoma que descubre un papel de las mutaciones en la parte no codificante del genoma en cualquier enfermedad humana, según los autores.

La mayoría de los estudios de secuenciación del autismo y otros trastornos se han centrado en la parte de codificación del genoma, que codifican la receta de cada proteína que puede construir una célula; pero más del 98% del genoma humano consiste en material distinto de los genes. "No tendríamos ese ADN si no hiciera algo", dice uno de los científicos que dirigió el nuevo estudio, Stephan Sanders, de la Universidad de California en San Francisco (Estados Unidos).

Mapear el rol de estas regiones no codificantes en patologías como el autismo es mucho más difícil que mapear el rol de los genes, tanto por el volumen de datos como porque las funciones de estas regiones no codificadas son poco conocidas. Pero el nuevo trabajo muestra que la cantidad de datos de 2.000 familias es suficiente para comenzar a extraer una señal del ruido.

El equipo de Sanders examinó 1.902 cuartetos, familias que incluyen un niño con autismo, padres no afectados y un hermano no afectado), en la colección Simons Simplex, un registro de datos de familias con autismo. El estudio encontró que, en las regiones promotoras del genoma, los niños con autismo tienen más mutaciones de novo (mutaciones espontáneas que no se heredan de un padre) que sus hermanos.

"Ser capaz de demostrar que las mutaciones de novo en regiones no codificantes contribuyen al autismo es increíblemente emocionante -apunta Sanders-. Es nuestra primera oportunidad de enfrentarnos a mutaciones raras en el otro 98% del genoma".

El equipo encontró que algunas de las mutaciones están en las promotoras de los genes involucrados en la diferenciación neuronal o en el retraso del desarrollo, así como en los genes que interactúan con CHD8, uno de los genes de riesgo de autismo más comunes. "Todo eso encaja colectivamente -dice Alan Packer, científico principal de la Iniciativa de Investigación del Autismo de la Fundación Simons-. Es una señal tranquilizadora de que están en el camino correcto".

La señal parece más fuerte en las regiones promotoras que se conservan en muchas especies animales diferentes, en lugar de en partes del genoma que son únicamente humanas. "Aunque el autismo es un rasgo muy humano, los mecanismos involucrados son potencialmente los que han estado con nosotros durante millones de años", dice Sanders. El hallazgo sugiere, alentadoramente, que los modelos animales de autismo pueden ayudar a iluminar la enfermedad, a pesar de las diferencias entre las especies.

Las regiones promotoras desempeñan un papel clave en la determinación de qué tipos de células expresan un gen en particular y durante qué etapas de desarrollo. Por lo tanto, el nuevo hallazgo puede arrojar luz sobre los rasgos del autismo que no se pueden entender con solo ver los genes. "El resultado final del estudio a largo plazo puede ser indicar lugares y tiempos particulares en el desarrollo del cerebro en los que desea enfocarse, entre las muchas posibilidades", apunta Packer.