Música y medicina


  • Editorial Univadis
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Música y Medicina están unidas desde sus inicios. Las dos “M” buscan lo mejor para nosotros, nuestra felicidad. Por ello siempre han existido relaciones entre música y medicina. En la música prehistórica, la danza, el ritmo y la práctica religiosa eran importantes en el chamanismo y en los primeros procedimientos médicos. En el período clásico se investigaron cuestiones médicas en relación con la música, y durante la edad media en los conventos se conservó este conocimiento antiguo, ofreciendo atención médica ligada a las artes y la música. En el Renacimiento, la gran época de la música y la ciencia, se produjo una separación entre las ciencias naturales y las humanidades, cayendo en el olvido la relación entre música y medicina. Esta separación pervivió hasta el reciente desarrollo de la neurología y la psiquiatría. Lo médicos nuevamente se interesaban por la música. Esta historia de encuentros y desavenencias ha creado lazos de lo más curioso; veamos algunos.

1. Musicoterapia. La pregunta sobre el papel de la música en el comportamiento humano, y hasta en el manejo de patologías orgánicas, es antigua. La noción de la música como terapia se basa la antigua creencia de que la música puede tener un efecto “curativo”, tanto para la mente como en el cuerpo, una idea ligada con frecuencia a conceptos mágicos y místicos de la enfermedad y la medicina. Sin embargo, hasta finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se establecieron los fundamentos científicos de la medicina, no se pudo demostrar si la música tenía realmente un papel en la medicina. La música puede evocar y modular emociones y estados de ánimo, y también se han observado cambios en la actividad cardíaca, en la presión arterial y en la respiración: la frecuencia cardíaca y respiratoria son más altas en respuesta a música emocionante respecto a la música tranquilizadora. Métodos radionucleares han mostrado el efecto de la música en el cerebro, produciendo cambios en la actividad de estructuras como la amígdala, el hipotálamo y la corteza insular y orbitofrontal. Todo ello ha llevado a utilizar la música en psicoterapia, pedagogía terapéutica y hasta en la atención médica.

La discusión sobre la musicoterapia es si los diversos estudios sólo han conseguido que progrese de la “no ciencia” a ser una ciencia blanda, o si realmente hay datos sobre efectos positivos en patologías médicas. El Ministerio de Sanidad publicó en 2011 un documento que analizaba las mal llamadas “terapias naturales”. En el documento se utilizaba la clasificación del National Center for Complementary and Alternative Medicine norteamericano, y dentro de las técnicas de la mente y el cuerpo se situaba a la musicoterapia, junto al yoga, la meditación, la kinesiología, la hipnoterapia, la sofronización o el arteterapia. Y es que colocar el apellido “-terapia” a algo es sencillo: risoterapia, musicoterapia, iridoterapia, talasoterapia, etcétera. Pero ¿son realmente terapias? Si entendemos la salud como mero bienestar, podrían serlo, porque pueden hacer que una persona se sienta bien y hasta se puede mostrar su beneficio en el sistema nervioso y cardiovascular. La explicación del bienestar que produce la música es amplia: crea un entorno relajante y delicado (lejos de lo que muchas veces se encuentra en un hospital o en un centro de salud), puede generar confianza, etcétera. De ahí a postular que la música puede curar un infarto o una neumonía hay un trecho muy largo. Pero usarla para buscar relajación, concentración o tranquilidad en patologías psiquiátricas, neurológicas o cardíacas, si se hace con rigor, bienvenido sea.

2. Medicina para los músicos. En los años 80 del siglo XX se desarrolló la medicina de las artes escénicas: el estudio de los problemas médicos de los músicos escénicos. Y es que más del 75% de los músicos presentan, en algún momento de su carrera, algún problema médico relacionado con la práctica de su actividad musical. Desde entonces se han creado cantidad de unidades especializadas en las afecciones de los músicos. Un ejemplo lo encontramos en la Unidad de Medicina de la Música y las Artes Escénicas del Hospital de Manises, un servicio público en la Comunitat Valenciana. Según se puede leer en su página web, las afecciones varían en función del instrumento utilizado, por lo que es fundamental recibir una atención especializada por expertos en medicina de la música. Si no es así los problemas corren el riesgo de cronificarse y hasta de llegar a incapacitar para tocar el instrumento. En la unidad se da una atención integral por parte de un equipo multidisciplinar con rehabilitadores, traumatólogos, otorrinolaringólogos, neurólogos, dermatólogos, alergólogos, fisioterapeutas, logopedas, psicólogos o nutricionistas. 

3. Músicos y médicos. Existen muchos médicos que cultivan la música, bien como aficionados, como intérpretes o ambas cosas; sin olvidar que también los hay compositores. Esto ha llevado a la creación de grupos, corales, bandas y orquestas de médicos, así como a la celebración de certámenes de todo tipo de músicas, con intérpretes también médicos. Por glorificar a los médicos-músicos, pondremos algunos ejemplos. Si comenzamos por la música culta, podríamos comenzar por el médico, poeta y músico inglés del siglo XVI Thomas Campion. Tañedor de laúd, Campion fue un delicado compositor de música vocal. Una muestra posterior la encontramos en el compositor ruso Aleksandr Borodin miembro del Grupo de los cinco. Hijo ilegítimo de un príncipe, Borodin fue médico, químico y un compositor único. A pesar de su excelencia musical, se ganó la vida más con la química que con la composición. Un caso diferente fue Héctor Berlioz. Hijo de médico, no acabó la carrera de medicina espantado con las disecciones anatómicas. Albert Schweitzer, médico alemán de espíritu renacentista, fue un magnífico pianista, con composiciones nada desdeñables. Pero no todo es música clásica. El jazz, el rock, el blues o el flamenco también se han poblado de médicos con una guitarra o un saxo. El otorrinolaringólogo Jorge Drexler es un conocido compositor de música popular, ganador del Óscar a Mejor canción original en 2004 por Al otro lado del río. ¿En España? Tenemos al Gran Wyoming que, no olvidemos, comenzó tocando en el grupo Paracelso y con el Maestro Reverendo en la movida madrileña.