Menos de un 2% de los casos son rastreados por Radar-Covid. ¿Ha fracasado la app?


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Usar una aplicación en el móvil como herramienta para realizar el rastreo de los contactos de infectados por coronavirus es, a priori, una muy buena idea. Básicamente, se trata de aprovechar las oportunidades que ofrece el teléfono móvil para detectar otros dispositivos cercanos e interactuar con una base de datos en la que eventualmente puedan registrarse los test positivos. Ésta es, en esencia, la base de funcionamiento de las aplicaciones que han puesto en marcha muchos países, intentando aprovechar la ubicuidad de los móviles, de uso mayoritario por la población. 

Es conocido que fuera del mundo digital, algunas autoridades sanitarias han recomendado que se realicen listados con los números de teléfono de las personas que acuden a establecimientos de hostelería, por ejemplo, apuntando la hora de estancia. Con este sistema rudimentario se podría saber las personas que han estado juntas si una de ellas fuera positiva frente a SARS-CoV-2. El trabajo posterior de los rastreadores consistiría en llamarles, someterlos a nuevos tests y trazar los contactos sucesivos. Esta misma función de detección de contactos es la que se podría automatizar, de manera silenciosa, con apps como Radar-Covid, la versión española de esta tecnología.    

La aplicación, por tanto, ofrecería una ayuda considerable para cortar la cadena de transmisión. Pero requiere dos niveles de participación de los usuarios para ser útil de verdad. Una, obvia, es el empleo de la app por un número significativo de personas, el mayor posible. El segundo nivel consiste en promover que la mayoría de los casos diagnosticados como positivos reporten en la propia aplicación, para iniciar la cadena de rastreo digital. Si no se alimenta esta información, lo demás es inútil.

Por qué no ofrece los resultados pretendidos.

La primera de las condiciones se cumple de manera muy modesta. Se calcula que a principios de octubre de 2020 la aplicación había sido descargada por cerca de 4 millones de españoles, entre el 13 y el 18% de la población adulta a la que va dirigida. 

Al respecto, hay datos curiosos proporcionados por algunos analistas. Las descargas crecieron mucho a finales del verano, coincidiendo con su puesta en funcionamiento en 14 comunidades autónomas. Los jóvenes de entre 18 y 24 años, que supuestamente están más cercanos a la tecnología, son los que menos usan la aplicación, un 9,3%, frente al 17,1% de los españoles de entre 35 y 44 años. Por sexos, usan Radar Covid más mujeres, el 14,7%, frente al 11,8% de los hombres. 

Se considera que para que la aplicación sea suficientemente útil se requiere una tasa de utilización de un 20% de la población. Esta cifra se refiere a usuarios activos, no al grupo de quienes se la hayan descargado para dejarla inactiva o posteriormente desinstalarla.  

Por lo que cuentan algunos usuarios de Radar-Covid en redes sociales, está apareciendo un cierto escepticismos sobre su utilidad, y muchos se preguntan cuándo les avisará de un posible contacto sospechoso. Como es obvio, la aplicación no hace magia y no detecta al virus en el aire, sino que despliega su funcionalidad sólo si los casos positivos informan de ello. Para ello se ha previsto un sistema de códigos que garanticen la fiabilidad de la información, y que debería recibir todo paciente al que se le haya hecho una PCR con resultado positivo. Y aquí es donde falla verdaderamente la cosa.

En España no se están facilitando datos oficiales del número de casos que se reportan en la app, como sí hacen otros países. Pero la Secretaría de Estado de Digitalización publica en la plataforma GitHub la actualización de los códigos de programación de Radar-Covid, y con esa materia prima ha surgido una iniciativa original del programador Pedro José Pereira Vieito, que ha creado un sistema que proporciona información diaria sobre la evolución del uso de la aplicación. Incluso ha creado un “bot” (cuenta automatizada) en Twitter que presenta los datos y gráficos cada día para general conocimiento. 

La metodología que emplea Pereira consiste en recuperar el rastro que genera cada diagnóstico subido al código fuente de la app, el publicado en Github (datos que se conocen como “temporary exposure key”, TEK) y compararlos con los contagios reales reportados por el Ministerio de Sanidad. La información se depura, estimando también los agregados de los 14 días anteriores para promediarlos más adecuadamente. El constructo estadístico se considera suficientemente fiable, bastante aproximado a los datos reales, y sobre todo capaz de mostrar tendencias de uso, y si éstas son crecientes o decrecientes. 

¿Y cuáles son los datos que ofrece este análisis? Pues hay días en los que apenas se reportan un centenar de códigos a la app, mientras que el Ministerio de Sanidad informa de magnitudes de decenas de miles de casos notificados. Resultado: sólo un 1% del total de positivos acaban sirviendo al sistema de Radar-Covid.

Seguramente habrá razones para este fracaso, muchas basadas en la confusión en los usuarios sobre qué deben hacer cuando descargan la app. La mayoría de ellos pensará que basta una utilización pasiva del sistema, simplemente esperar a que avise, para hacerlo útil. Pero también hay un problema de distribución de códigos, los que tienen que proporcionar los servicios de salud a quienes reciben un diagnóstico PCR positivo.  

En esto, también hay una desigual situación y actitud en las distintas regiones. Algunas aseguran que reparten estos códigos de validación en todos los casos que diagnostican analiticamente. En otras se detectan desfases importantes entre los positivos confirmados y el equivalente de códigos para introducir en la app. En algunas el número de contagios se mide en decenas de miles semanales, y el de códigos apenas supera unos pocos centenares.

¿Estamos ante un problema técnico o de gestión? Seguramente tiene ambos componentes. Por una parte, las comunidades autónomas han querido organizar sus propios lotes de códigos, aunque la app sea igual para todo el territorio español, incluso se planea interconectar funcionalmente con otros países europeos. Probablemente se podría haber creado un repositorio único de códigos, con herramientas como las que desde hace tiempo usan las entidades bancarias (cripto-calculadoras) para asegurar la operatoria on-line.

Pero además, falta que los servicios de salud de las comunidades autónomas, y todas sus dependencias dedicadas a realizar los tests, tengan interiorizado que un test PCR positivo es el eslabón inicial de la cadena para el uso de Radar-Covid, siempre que se genere el código de activación. Éste se debería facilitar indefectiblemente al infectado, recomendándole  encarecidamente que lo active en la app. La utilidad del sistema puede ser enorme, pero apenas tendrá valor si no se entiende como una acción conectada entre la sanidad y los ciudadanos.