Menos anestesia durante la cirugía no previene el delirio postoperatorio (JAMA)


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Muchas personas de edad avanzada que se someten a una gran cirugía experimentan delirio postoperatorio tras la intervención. Ahora, en un estudio en más de 1.200 pacientes quirúrgicos, investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en Saint Louis (Estados Unidos) han confirmado que menores dosis de anestesia durante la operación no previenen este delirio.

Sin embargo, en un grupo en el que se realizó una monitorización cerebral se produjeron menos muertes en los primeros 30 días después de la cirugía. Ese fue un hallazgo "inesperado", y en su artículo, publicado en JAMA, los autores defienden los beneficios potenciales relacionados con la monitorización cerebral.

El delirio, descrito como un estado de confusión o agitación, es frecuente después de la cirugía. Es desagradable, pero casi siempre temporal. Sin embargo, se ha relacionado con estancias más prolongadas en unidades de cuidados intensivos (UCI), más días en el hospital e incluso un mayor riesgo de muerte. Alrededor del 25% de los pacientes sometidos a cirugía mayor experimentan delirio postoperatorio.

En el estudio se analizó a un total de 1.232 pacientes. La mitad se asignó aleatoriamente a una monitorización de la actividad eléctrica del cerebro mediante electroencefalograma (EEG) durante la cirugía, y el resto recibió atención habitual durante sus operaciones. El 26% del grupo monitorizado todavía experimentó delirio en los primeros cinco días después de la cirugía. En comparación, el 23% de los que no recibieron monitorización estricta de la actividad cerebral desarrollaron delirio durante el mismo período.

"Se piensa que en ciertos niveles de anestesia la actividad cerebral se suprime, y eso es lo que media estos problemas. Pero descubrimos que prevenir la supresión al monitorizar estrictamente la actividad cerebral y luego ajustar las dosis de anestesia hace que el delirio no sea menos probable", explica el primer autor del estudio, Troy S. Wildes.

Sorprendentemente, hubo menos muertes entre los pacientes cuya actividad cerebral se monitorizó estrechamente y se ajustaron los niveles de anestesia. En ese grupo monitoreado, cuatro de 614 pacientes, menos del 1%, murieron en el mes posterior a la cirugía. Entre los 618 pacientes que no recibieron un monitoreo cerebral tan cercano, 19 (solo más del 3%) murieron dentro de los 30 días de sus cirugías.

"Creo que deberíamos monitorizar el cerebro de cada paciente durante la anestesia general, al igual que monitorizamos de manera rutinaria la función cardíaca y pulmonar. La monitorización de otros órganos durante la cirugía se ha convertido en el estándar de atención, pero por alguna razón, a pesar de que el cerebro es el objetivo de los medicamentos de anestesia, este tipo de monitorización nunca se ha convertido en una rutina", lamenta.