Melanoma: la inhibición de la toxicidad inmunomediada empeora la supervivencia

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De acuerdo con un nuevo estudio publicado en línea en JAMA Oncology, el tratamiento de los acontecimientos adversos inmunomediados graves con inmunodepresores de segunda línea puede reducir la supervivencia en los pacientes con melanoma avanzado.

La supervivencia sin progresión y la supervivencia global de los pacientes que recibieron inmunodepresores de segunda línea junto con corticoesteroides para tratar los efectos tóxicos de los inhibidores del punto de control inmunitario ipilimumab y nivolumab fueron más breves que las de los que recibieron corticoesteroides en monoterapia.

Los investigadores llevaron a cabo un estudio de cohortes poblacional y multicéntrico en el que se incluyó a 771 pacientes con melanoma avanzado que habían padecido acontecimientos adversos inmunomediados de grado 3 o superior.

De este grupo, 235 pacientes recibieron corticoesteroides en monoterapia y 115 pacientes recibieron corticoesteroides junto con un inmunodepresor de segunda línea. En el subgrupo de pacientes que recibieron un inmunodepresor de segunda línea, 67 recibieron un fármaco contra el factor de necrosis tumoral y 35, otro tipo de fármaco distinto.

En general, entre los pacientes que recibieron corticoesteroides en monoterapia, la mediana de la supervivencia sin progresión fue significativamente más larga que la de los pacientes que recibieron corticoesteroides junto con algún inmunodepresor de segunda línea (11,3 meses frente a 5,4 meses; hazard ratio [HR]: 1,43; p= 0,01). Este beneficio en la supervivencia sin progresión se mantuvo cuando se comparó el grupo que recibió corticoesteroides en monoterapia con cada uno de los grupos que recibió inmunodepresores de segunda línea (HR: 1,44 [p= 0,04] para el grupo que recibió corticoesteroides junto con un fármaco contra el factor de necrosis tumoral y HR: 1,65 [p= 0,02] para el grupo que recibió corticoesteroides junto con otro tipo de inmunodepresor distinto).

En un análisis multivariante, los autores también observaron una fuerte tendencia a un mayor riesgo de progresión o de muerte entre los pacientes que recibieron algún inmunodepresor de segunda línea (HR ajustado: 1,40; p= 0,05).

La mediana de la supervivencia global fue significativamente más larga en los pacientes que recibieron corticoesteroides en monoterapia que en los que recibieron corticoesteroides junto con algún inmunodepresor de segunda línea (46,1 meses frente a 22,5 meses; HR: 1,64; p= 0,005). Cuando se realizó el ajuste por posibles factores de confusión, el riesgo de muerte siguió siendo significativamente mayor para los pacientes que recibieron corticoesteroides junto con algún inmunodepresor de segunda línea (HR ajustado: 1,54; p= 0,04).

Los significativos resultados en la supervivencia global se mantuvieron cuando los pacientes recibieron corticoesteroides en monoterapia en comparación con los pacientes que recibieron corticoesteroides junto con un fármaco contra el factor de necrosis tumoral (HR: 1,62; p= 0,02), pero no cuando los pacientes recibieron corticoesteroides junto con un inmunodepresor de segunda línea distinto a este tipo de fármacos (HR: 1,59; p= 0,08).

Además, la mediana de la supervivencia específica al melanoma fue mayor entre los pacientes que recibieron corticoesteroides en monoterapia que entre los pacientes que recibieron corticoesteroides junto con algún inmunodepresor de segunda línea (no alcanzada frente a 28,8 meses; p= 0,006).

La colitis y la hepatitis fueron los tipos de efectos secundarios notificados con más frecuencia y, significativamente, más pacientes del grupo que recibió corticoesteroides junto con inmunodepresores suspendieron el tratamiento debido a los efectos tóxicos en comparación con el grupo que recibió corticoesteroides en monoterapia (88,7 % frente al 72,8 %).

Los autores destacan 2 limitaciones del estudio: se desconocían los inmunodepresores específicos que recibieron los pacientes, así como como la duración o la dosis de estos.

Estos resultados “validan aún más nuestra creencia general de que la inmunodepresión intensa y prolongada [puede] poner en peligro los efectos beneficiosos de la inmunoterapia antineoplásica”, explicó el Dr. Shailender Bhatia, director del equipo de melanoma y cáncer renal del Centro Oncológico Fred Hutchinson (Seattle). Explicó que varios estudios han demostrado la relación entre la presencia de efectos secundarios inmunomediados y la mejora de los desenlaces del cáncer, lo que quizá indique que el sistema inmunitario se ha activado. “Sin embargo, demasiada activación inmunitaria puede provocar efectos secundarios graves y más difíciles de tratar que suelen exigir ciclos prolongados de corticoesteroides e inmunodepresores adicionales”, explicó. Una advertencia importante con respecto a la inhibición de estos acontecimientos adversos es que hacerlo puede “eliminar los beneficios de la activación inmunitaria”.

En general, los autores expresan en sus conclusiones que los “resultados actuales indican que el aumento de la inmunodepresión produce efectos nocivos en lugar del efecto específico procedente de los fármacos contra el factor de necrosis tumoral”.

El artículo, escrito por Roxanne Nelson, se adaptó de su versión original, que apareció en Medscape.com, parte de Medscape Professional Network.