Médico y … ¡emprendedor!


  • Editorial Univadis
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Los médicos nos educamos para tratar a los pacientes y cuidar su salud. Casi todos aspiramos a ser contratados por un hospital que cuadre perfectamente con nuestras expectativas, en un centro de salud bien organizado, en una institución puntera en investigación o en una universidad que nos permita desarrollar la faceta docente. Ciertamente, la medicina es una profesión grupal: trabajamos en equipo y para otros equipos, y si la institución que acoge a los equipos es buena, mucho mejor, tanto para el profesional como para los equipos. Sin embargo, también hay profesionales que, libremente, deciden ejercer la profesión por su cuenta. Es un camino poco explorado por los médicos españoles, acostumbrados a buscar una nómina segura. Un camino que puede ser arriesgado, pero también sugestivo y que puede colmar nuestra vocación médica tanto como la institución más prestigiosa.

Si repasamos los trabajos de los compañeros de carrera o de residencia, la mayoría trabaja para otros, en un sentido amplio: centros públicos o privados, grupo hospitalario o institución educativa. El problema de las instituciones es que carecen de humanidad porque, aunque están sustentadas por humanos, no son humanas. Los humanos pasamos por las instituciones ocupando puestos, ya sea como directivos, como meros trabajadores o como colaboradores. Y las instituciones son más fuertes que cualquier persona, aunque sea su gerente. Las instituciones tienen objetivos, y si estos no se cumplen, los que median en la consecución de sus objetivos (los sanitarios en los hospitales o los investigadores y profesores en una universidad), pueden ser víctimas de sus medidas optimizadoras, las cuales en general buscan adaptar los medios (nosotros) para conseguir los objetivos. ¿Qué significa esto? Podría ser traducido en términos de ajustes y despidos laborales, cambios de puestos, modificaciones salariales, etcétera. 

Hoy día es cada vez más difícil ver la antigua imagen del profesional que entra en una empresa como botones (en nuestro caso, como residente) y que se jubila como jefe de personal (en medicina podría ser como jefe de servicio), rodeado de compañeros que han terminado haciéndose amigos, y convirtiéndose así la compañía (el hospital) en su segunda casa. La deshumanización actual de las instituciones está provocando que, cada vez más, los profesionales de la medicina sean mercenarios, asalariados a cargo del mejor postor, hoy aquí y mañana a cargo de… ¡quién sabe! El problema de la deshumanización de las instituciones y de convertirnos en mercenarios, en lugar de profesionales comprometidos con nuestra institución es que, precisamente porque la institución nos expulsa de su corazón, dejamos de amar nuestro centro de trabajo, por lo que acudir día tras día al hospital puede dejar de ser el sueño por el que apostamos hace años. El panorama descrito, tan común actualmente, tiene consecuencias negativas para nosotros, por el riesgo de caer en el desgaste profesional, para los compañeros de equipo y tal vez hasta para los enfermos.

Si repasamos los compañeros de carrera o de residencia, decíamos, la mayoría trabaja para otros, pero hay algunos que han escogido un camino diferente: emprender. Es algo poco familiar en nuestra profesión y no hay que verlo como pérdida ni como ganancia: sencillamente es otro camino, tan válido como el del residente que acaba convirtiéndose en jefe de servicio, siempre y cuando uno y otro, médico asalariado y emprendedor, no olviden que trabajan por y para los enfermos.

Esos compañeros a los que miramos sorprendidos en la cena de la universidad por haber tenido la iniciativa de emprender un negocio y que viven tan felices como nosotros, en el fondo nos despiertan cierta admiración, por la valentía de haber arriesgado y creído en ellos mismos, por pensar que tenían ideas que aportaban algo en favor de la salud de los ciudadanos; por no resignarse a trabajar para otros si realmente querían ser sus propios jefes. No es ni mejor ni peor; es otro camino. Tras contar anécdotas varias, en la cena se acaba preguntando al emprendedor cómo y por qué lo ha hecho ya que, como habitualmente piensan los médicos españoles “no tenemos iniciativa ni formación” y “seguro que es muy difícil”.

Es verdad que el camino del emprendedor no es de rosas. En España los profesionales que deciden apostar por una idea, y dedicarle tiempo y parte de su dinero, encuentran muchas trabas; tal vez demasiadas. Por este motivo es de agradecer que a los médicos se nos facilite información y formación sobre cómo desarrollar una idea, sobre cómo poder cumplir el sueño de ser dueños de nuestro destino, de convertirnos en nuestros propios jefes. Por tercera vez lo decimos: no es mejor ni peor; es, sencillamente, otro camino. Cada uno deberá examinar si prefiere ser asalariado y trabajar para una institución sanitaria, o si bien quiere diseñar su futuro y comprometerse con su propio proyecto. Ambos modelos pueden ayudar a cuidar enfermos y los dos pueden ser felices. Testimonio de ello nos lo dan la cantidad de médicos que, solos o con compañeros, han creado consultas y clínicas y han levantado empresas de productos sanitarios de lo más variado, desde atención domiciliaria hasta servicios médicos para empresas. Médicos que se comprometen con su trabajo tal vez más y mejor que los asalariados, precisamente porque es su trabajo. ¿Médico y emprendedor? ¡Bienvenido!