Medicina en el metaverso.

  • Santiago Appdemecum
  • Salud Digital
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La palabra metaverso ha pasado a ocupar un lugar preeminente en la conversación más reciente sobre tecnología. Muy especialmente desde que la empresa Facebook (que agrupa, entre otras plataformas, la red social de ese nombre, Instagram y WhatsApp) cambiara su nombre por Meta, y se definiera a sí misma como la compañía que quería liderar el futuro de Internet en ese metaverso.

Pero, ¿qué es exactamente el metaverso? Por definirlo de una manera muy sencilla, podríamos decir que hoy día usamos Internet en dos dimensiones, a través de pantallas planas con las que interactuamos. Este artículo puede ser leído en la web tras un monitor o a través de la app de Univadis; se puede echar un vistazo a Twitter en nuestro móvil; o cabe hacer una compra en Amazon con un par de clicks. Todo es plano, bidimensional, y lo tenemos frente a nuestros ojos, de manera perpendicular a la mirada, aunque algunos objetos tengan apariencia de volumen. Nos relacionamos con lo que vemos mediante los movimientos de un ratón o pulsando con el dedo. 

El metaverso, en cambio, es el Internet en tres dimensiones, lo que algunos han denominado “experiencia inmersiva”. Recrea un entorno en el que nos podemos mover e interactuar con él. Se sitúa frente a nosotros, detrás, arriba, abajo y a los lados. Para adentrarse en él se necesita algo más que una pantalla y un ratón: una gafas de realidad virtual (como las que, por cierto, comercializa Meta, las Oculus), y algunos otros instrumentos que nos permitan emular nuestra funcionalidad o movimientos, como el movimiento de las manos. Se han desarrollado incluso sistemas más sofisticados para guiar esa interacción, como tecnologías capaces de detectar el rictus visual o expresiones emocionales.

El metaverso es, por tanto, una realidad virtual con la que se puede interactuar como si estuviéramos metidos en ella. Y esto es lo que dicen que constituye el futuro de Internet, aunque también hay quienes lo cuestionan con dureza, fundamentalmente porque para adentrarnos en él debemos usar unos instrumentos poco naturales. Hace poco, Meta anunciaba que llevaba ya invertidos cerca de 13.000 millones dólares en desarrollarlo, una cifra que contrasta con los sólo 3.000 millones que costó crear desde cero el popular iPhone de Apple, su producto más exitoso.

Pero tal vez lo más importante ahora sea saber qué se podrá hacer realmente en el metaverso. A la realidad virtual en la que se basa se le pueden añadir elementos de realidad aumentada, que ofrecen la posibilidad de generar nuevos mundos, incluso desterrando de ellos leyes universales de la física o recreando ambientes sin más límite que la imaginación. También habrá intercambio, comercio, y para ello se emplearán monedas virtuales. Aquí es donde llega la pregunta: ¿Podrá haber medicina y asistencia sanitaria en el metaverso? 

La contestación más razonable sería decir que aunque no podemos saber qué desarrollo futuro tendrá el metaverso -que tiene actualmente tantos defensores como detractores-, desde luego ofrece posibilidades para la relación interpersonal y el intercambio de información, y en eso se basa buena parte del trabajo clínico.

Sin embargo, no por el hecho de que se desarrolle un nuevo entorno tecnológico tenemos que considerarlo como idóneo para sustituir fórmulas tradicionales, y seguramente menos onerosas, de hacer algunas cosas. No parece muy lógico que para que un paciente pueda consultar con un médico se deban poner ambos unas gafas de realidad virtual y convenir un espacio virtual de reunión. No sólo por problemas obvios de conveniencia, sino también porque puede desnaturalizarse por completo el modo en el que ha de establecerse la relación médico paciente.

 

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Cómo imaginar un hospital en el metaverso.

Algunas de las dudas del metaverso para la medicina son las que ha querido resolver un grupo de trabajo que hace unos meses se dedicó a intentar entender qué podía suponer esta nueva frontera tecnológica. Un grupo de médicos -fundamentalmente de la Universidad de Shanghái, pero también de varios países occidentales-, elaboraron un panel multidisciplinario junto con expertos en tecnología para analizar el asunto. Específicamente querían entender mejor la posibilidad de que el metaverso permita integrar sistemas de registro y lectura de variables clínicas, las que captan los dispositivos, lo que podrían acabar constituyendo algo así como un hospital totalmente virtual y en el que ni siquiera profesionales y pacientes deban estar en la misma localización topográfica.

Sus conclusiones son bastante optimistas. Consideran que sería factible implementar e integrar en un metaverso funciones como la percepción integral de la situación del paciente, la transmisión confiable de los datos, y añadir capas de procesamiento inteligente basado en inteligencia artificial que facilitara la labor clínica. 

Para hacer posible todo esto, se requeriría emplear diversas tecnologías convergentes, como gafas de realidad virtual, sistemas de Internet de las cosas (para la captación de datos de sensores), y sustentarlo todo con tecnologías de construcción holográfica, emuladores y conectores entre la virtualidad y la realidad.

Este grupo de expertos cree que así sería posible realizar muy diversas actividades relacionadas con el trabajo sanitario. Entre ellas, educación médica, divulgación científica, consultas, diagnósticos y tratamientos, investigación clínica e incluso un cierto modelo de atención médica integral. La interacción entre los profesionales y los usuarios (médicos, pacientes e incluso sus familiares) también podría facilitar diferentes servicios como la prevención, la rehabilitación, la gestión de las enfermedades crónicas, la atención domiciliaria o incluso los primeros auxilios.

Esto es lo que auspicia la prospectiva. No es baladí el hecho de que este estudio ha contado con un grupo importante de investigadores de China, donde la velocidad de los cambios tecnológicos es asombrosa. No es improbable que en poco tiempo vemos algún sistema de estas características, intentando crear un espacio nuevo para el trabajo hospitalario. Que tenga éxito será algo que todavía no podemos prever, porque como demuestra la historia reciente, no todo lo que se puede hacer con los instrumentos tecnológicos acaba siendo útil, pertinente o necesario.