Mayores niveles de actividad física no mejoran la función del tejido adiposo pardo (J Clin Endocrinol Metab)


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Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Granada concluye que, pese a lo que se pensaba hasta la fecha, mayores niveles de actividad física no se asocian a un mayor volumen o actividad del tejido adiposo pardo, que quema glucosa y grasas, liberando la energía producida en forma de calor.

Cuando el tejido adiposo pardo se activa, consume glucosa y lípidos, evitando parcialmente que se almacenen en otros tejidos, como el tejido adiposo blanco o la grasa común, que es aquella que se localiza, por ejemplo, en el abdomen, ha indicado en una nota de prensa la citada universidad.

Durante la última década, varios estudios han confirmado de forma inequívoca la presencia en humanos adultos de tejido adiposo pardo, "un órgano termogénico capaz de disipar energía en forma de calor a través de la llamada proteína desacoplante".

Por lo tanto, se ha postulado que el reclutamiento de una mayor cantidad de tejido adiposo pardo, así como el incremento de su actividad, podría ser una estrategia potencial para combatir la obesidad y comorbilidades asociadas, como la diabetes tipo 2.

Los investigadores han focalizado sus esfuerzos en buscar estrategias para mejorar la función del tejido adiposo pardo a largo plazo y de forma segura. En línea con esto, estudios previos han sugerido que el incremento de los niveles de actividad física podría ser una estrategia eficaz para incrementar su cantidad y actividad. Sin embargo, los datos de estudios humanos hasta el momento son "escasos y contradictorios".

En este estudio, publicado en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, los científicos han investigado por primera vez la asociación entre los niveles de actividad física medidos objetivamente con la cantidad y actividad de tejido adiposo pardo medidas mediante tomografía por emisión de protones combinada con tomografía computarizada.

Este estudio se llevó a cabo en la mayor cohorte de jóvenes adultos sedentarios en la que se ha medido el tejido adiposo pardo hasta el momento: 87 mujeres y 43 hombres, con una edad media de 22 años.

Los autores observaron que no había ningún tipo de asociación entre los niveles de actividad física y la cantidad y actividad del tejido adiposo pardo, incluso tras ajustar los análisis por covariables que podrían estar influenciando los resultados.

Además, observaron que "el tiempo de sedentarismo tampoco estaba asociado a la cantidad y actividad del tejido adiposo pardo". Concluyen que, aunque la actividad física es una de las líneas primarias de intervención en la prevención de enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes tipo 2, otros mecanismos más allá del incremento de la cantidad y actividad del tejido adiposo pardo podrían estar mediando sus adaptaciones metabólicas beneficiosas.

En definitiva, estos resultados contradicen los resultados de estudios anteriores, y ponen en duda la implicación del ejercicio en mejorar la función del tejido adiposo pardo.

"Son necesarios estudios que analicen el efecto de la práctica regular de actividad física desde un punto de vista molecular con el objetivo de entender los mecanismos que median los efectos terapéuticos del ejercicio en humanos", ha explicado el autor principal del trabajo, Francisco Miguel Acosta Manzano.