Más evidencia de aumento de riesgo de trastorno cognitivo leve por uso de anticolinérgicos

  • Michael Vlessides

  • Noticias Médicas de Medscape
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Anticolinérgicos comunes, tanto de venta libre como de prescripción, se vinculan con un incremento significativo del riesgo de trastorno cognitivo leve y deterioro cognitivo en individuos de edad avanzada con función cognitiva por lo demás normal, confirma nueva investigación.[1]

En un estudio de más de 700 individuos, investigadores encontraron que los fármacos, que incluyen algunos antihipertensivos, antialérgicos y antidepresivos, se asociaron con un incremento de 47% en el riesgo de trastorno cognitivo leve en adultos de edad avanzada por lo demás sanos.

"Lo que me parece más asombroso es que encontramos estas asociaciones muy convincentes en una muestra de pacientes bastante sana", dijo a Medscape Noticias Médicas la investigadora del estudio Lisa Delano-Wood, Ph. D..

“Muchos estudios han demostrado efectos similares, pero no estábamos seguros de si estas muestran eran sesgadas pues los participantes eran de edad avanzada y ya tenían considerable pérdida cognitiva", añadió Delano-Wood, codirectora de la Clínica de Memoria, Envejecimiento y Resiliencia en la University of California San Diego School of Medicine, en San Diego, Estados Unidos.

"Nuestro estudio añade bastante a estos hallazgos previos porque demostramos estos efectos negativos en personas que en general eran más jóvenes y tenían una cognición normal al inicio, pero que luego progresaron a trastorno cognitivo leve, que es un factor de riesgo importante para la enfermedad de Alzheimer".

"También demostramos que determinadas personas con riesgo genético de enfermedad de Alzheimer al parecer son más vulnerables a los efectos de estos fármacos", añadió.

El estudio fue publicado en la versión electrónica de Neurology el 2 de septiembre.

Riesgo subestimado

En vista de la prevalencia creciente de enfermedad de Alzheimer en todo el mundo, cada vez son más importantes los estudios que analizan factores de riesgo que aceleran la alteración cognitiva en adultos mayores.

Aunque los anticolinérgicos pueden representar uno de estos factores de riesgo, los cambios cognitivos a largo plazo asociados con su uso (en particular en adultos de edad avanzada sin trastorno cognitivo) suelen no ser bien reconocidos por los médicos, señalan los investigadores.[2,3]

No obstante, están comenzando a surgir datos en torno a la interacción entre anticolinérgicos y trastorno cognitivo. Estudios previos en animales han demostrado que la privación colinérgica puede fomentar la neurodegeneración en regiones del cerebro vulnerables a la enfermedad de Alzheimer.[4,5]

Como se comentó previamente en Medscape Noticias Médicas, un estudio observacional de casos y controles reveló que el uso de anticolinérgicos fuertes durante 3 años o más en personas de mediana edad y mayores se asoció con un incremento de casi 50% en el riesgo de demencia.

Delano-Wood refiere su propia experiencia con los fármacos. "En el transcurso de los años he observado el uso de múltiples fármacos en muchos de mis pacientes con disfunción cognitiva y a menudo aparecían en sus historias clínicas los mismos fármacos".

En vista de estas asociaciones y de la premisa de que los anticolinérgicos pueden dañar regiones cerebrales vulnerables y contribuir al deterioro cognitivo, los investigadores analizaron mecanismos potenciales para determinar si individuos con factores de riesgo de enfermedad de Alzheimer pueden beneficiarse de una disminución del uso de anticolinérgico.

Para el análisis longitudinal, utilizaron una serie de diagnósticos neuropsicológicos sensibles que ayudan a evaluar los efectos de los fármacos anticolinérgicos y las interacciones farmacológicas con factores de riesgo genéticos para enfermedad de Alzheimer y del líquido cefalorraquídeo sobre la progresión al trastorno cognitivo leve en individuos con características cognitivas normales.

El estudio de 688 participantes cognitivamente normales (media de edad: 73,5 años; 49,6% mujeres) de la Alzheimer's Disease Neuroimaging Initiative (ADNI). Se utilizó la información de la base de datos para identificar el uso de anticolinérgicos en la consulta inicial de cada participante.

Los investigadores evaluaron lo que llamaron carga anticolinérgica utilizando una puntuación dicotómica y una nueva métrica acumulativa que desarrollaron. La puntuación de carga acumulada se basó en número, dosis y potencia de anticolinérgicos consumidos por los participantes.

Se evaluó una serie de variables clínicas que incluían síntomas depresivos, riesgo vascular, estado portador de APOE y alteraciones de la enfermedad de Alzheimer en el líquido cefalorraquídeo. La frecuencia de trastorno cognitivo leve se determinó mediante pruebas neuropsicológicas.

Por último, se evaluaron los efectos de los anticolinérgicos sobre el deterioro cognitivo específico de dominio utilizando datos de una batería de pruebas neuropsicológicas que comprendían lenguaje, atención/función ejecutiva y memoria.

Los investigadores utilizaron análisis de regresión para analizar el riesgo de progresión a trastorno cognitivo leve en el curso de 10 años, mientras que en modelos de efectos mixtos lineales se examinaron las tasas de deterioro de la memoria, la función ejecutiva y el lenguaje como una función del uso de anticolinérgico a 3 años.

No siempre se debe a sobreprescripción

Los resultados demostraron que 230 de los 688 participantes (33%) estaban tomando fármacos anticolinérgicos, con un promedio de 4,7 anticolinérgicos tomados por persona. Los más frecuentes fueron metoprolol, atenolol, loratadina y bupropión.

De los 230 individuos que tomaban anticolinérgicos, 117 (51%) desarrollaron trastorno cognitivo leve subsiguiente, en comparación con 192 de los 458 que no tomaban los fármacos (42%). En general, los individuos que tomaban anticolinérgicos mostraron un incremento de 47% en el riesgo de aparición de trastorno cognitivo leve en un periodo de 10 años (hazard ratio: 1,47; p = 0,01).

No es sorprendente que la evaluación de las puntuaciones de carga de anticolinérgico acumulada revelara que una mayor carga se asociaba con un aumento del riesgo de aparición de trastorno cognitivo leve.

En lo que respecta al riesgo genético, los resultados demostraron que los pacientes que tomaban anticolinérgicos y presentaban el alelo APOEε4 tenían más del doble de probabilidades de presentar un nuevo trastorno cognitivo leve que sus contrapartes que tomaban los fármacos pero que no tenían el alelo APOEε4 (HR: 2,69; p

Los efectos de la interacción del riesgo del líquido cefalorraquídeo mostraron hallazgos similares. Individuos que tomaban anticolinérgicos y que tuvieron positividad en los biomarcadores de alteraciones patológicas de la enfermedad de Alzheimer en el líquido cefalorraquídeo, mostraron un riesgo relativo que fue casi 5 tantos mayor que el de los que consumían los fármacos pero que no tenían tales biomarcadores (HR: 4,89; p

Dados estos hallazgos, fue poco sorprendente para los investigadores que los modelos de efectos mixtos lineales mostraran que el consumo de anticolinérgico predecía un deterioro más pronunciado de la memoria (p = 0,02) lo mismo que del lenguaje (p = 0,02). Tales efectos, señalan, se exacerbaron en personas con factores de riesgo para enfermedad de Alzheimer.

Resulta interesante que los investigadores también encontraron que los participantes estaban tomando anticolinérgicos en dosis mucho más elevadas que la dosis efectiva mínima recomendada para adultos de edad avanzada. De hecho, 57% de los participantes consumían el doble de la dosis recomendada, mientras que 18% tomaban por lo menos cuatro tantos la dosis recomendada.

"Esto es importante pues debe haber un equilibrio entre optimizar los fármacos y disminuir la toxicidad, y la carga de anticolinérgico general. Lo que lo dificulta aún más es que muchos de estos fármacos anticolinérgicos son de venta sin receta".

"Por consiguiente, no siempre se trata de que los médicos estén sobreprescribiendo. También hay pacientes que toman más de los fármacos que se les prescriben". Al abordar las limitaciones del estudio, Delano-Wood reconoció que solo un tercio de los participantes en el estudio estaban tomando fármacos anticolinérgicos, mucho menos que la proporción de hasta 70% referida en estudios similares.

Los hallazgos del estudio no solo consolidan el vínculo entre el consumo de anticolinérgico y la progresión al trastorno cognitivo leve, sino también demuestran que la carga acumulada del consumo de anticolinérgico puede desempeñar un papel importante.

Delano-Wood dijo que el estudio también indica que reducir el uso de anticolinérgicos antes que las personas desarrollen problemas cognitivos puede ser una forma importante de mitigar las consecuencias negativas de estos compuestos farmacológicos, en particular en quienes tienen un riesgo elevado de presentar enfermedad de Alzheimer.

"En mí clínica de atención a problemas de la memoria, todos los pacientes son atendidos por nuestro geriatra para lo que llamamos una reconciliación de la medicación. El geriatra analiza todos sus fármacos y trabaja con ellos para intentar otras clases de fármacos que no tengan efectos anticolinérgicos. Así que eso se convierte en una relación con el médico para minimizar la carga de anticolinérgico", agregó.

Importante pero no nuevo

En su comentario sobre los hallazgos para Medscape Noticias Médicas, el Dr. Ronald C. Petersen, Ph. D., de la Mayo Clinic en Rochester, Estados Unidos, quien no intervino en el estudio, dijo que aunque los hallazgos son importantes, no parecen particularmente novedosos.

"El efecto de los anticolinérgicos sobre la memoria se ha conocido por décadas", dijo el Dr. Petersen, quien es miembro de la American Academy of Neurology.

"No obstante, es importante que pacientes y profesionales clínicos sepan que los fármacos con propiedades anticolinérgicas pueden tener un efecto deletéreo en la memoria. Por consiguiente, si un paciente tiene una tendencia a la demencia y le prescriben un anticolinérgico económico, podría presentar una alteración significativa".

"Dicho esto, es prematuro afirmar que estos fármacos realmente produzcan demencia", añadió el Dr. Petersen. "No estoy completamente seguro".

Delano-Wood señaló que se necesitan estudios futuros para determinar si la suspensión del uso de anticolinérgico da lugar a una disminución del riesgo de trastorno cognitivo leve y enfermedad de Alzheimer.

"Hay varios estudios sobre reducción de la prescripción que se están realizando ahora mismo y que me parece que son fascinantes. La idea es determinar si las personas mejoran cuando efectivamente suspendemos estos fármacos", concluyó.

Delano-Wood, Ph. D., y el Dr. Petersen han declarado que no tienen ningún conflicto de intereses económicos pertinente. El estudio fue financiado por National Science Foundation, National Institutes of Health, Alzheimer's Disease Neuroimaging Initiative y US Department of Defense.