Más de 50.000 personas viven en España con Chagas, una enfermedad tropical olvidada

  • Andrea Jiménez

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En abril de 1909, el médico brasileño Carlos Ribeiro Justiniano Chagas observó a través de un microscopio la evidencia científica de su sospecha. En la sangre de una niña de tres años halló por fin el parásito que había descubierto antes en el intestino de aquellas chinches que se colaban en los hogares y picaban a la gente.

Aquel nuevo protozoo flagelado del género Trypanosoma descubierto ya tanto en organismos animales como de personas, al que bautizó como Schizotrypanum (Trypanosoma) cruzi, utilizaba a los insectos hematófagos como vector para continuar su ciclo vital, causando algunas de las manifestaciones clínicas que el médico había detectado en distintos pacientes. Más de un siglo después de que el científico diagnosticara el primer caso humano de la enfermedad de Chagas, esta parasitosis, también conocida como tripanosomiasis americana, provoca 30.000 nuevos casos y 12.000 muertes cada año.

Aunque se trata de una zoonosis tropical propia de países de América Latina, los flujos migratorios han provocado su expansión hasta zonas donde no es endémica. Según un estudio llevado a cabo por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), la infección por Trypanosoma cruzi podría ser la enfermedad parasitaria importada más común en España. La investigación, publicada en la revista Travel Medicine and Infectious Disease, estima que de los 2,6 millones de migrantes provenientes de países endémicos más de 50.000 de ellos viven con la infección.

“Se analizaron datos oficiales de entre 2010 y 2018 en torno al número de migrantes latinoamericanos por país de procedencia, a la prevalencia de la enfermedad en las diferentes poblaciones y el número de pacientes tratados para la enfermedad para cada comunidad autónoma de España”, detalla Miriam Navarro, doctora en Epidemiología y Salud Pública del Centro de Salud Pública de Elche y una de las responsables principales del estudio. “El análisis estima que el 54 %, más de la mitad de los casos, provienen de Bolivia, donde la prevalencia de la enfermedad es muy elevada”, resalta la experta que lleva trabajando con la infección desde el 2006.

El Gran Chaco, la zona geográfica el centro-sur de América del Sur que comprende parte de territorio de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay y que está caracterizada por albergar poblaciones rurales dispersas y de limitada accesibilidad, es la región donde se han registrado los mayores niveles históricos de infección humana por T. cruzi. “La mayoría de argentinos que recibe España procede de Buenos Aires, donde no hay prevalencia del parásito, pero la migración boliviana suele llegar de lugares como Cochabamba o Santa Cruz, zonas endémicas de la zoonosis”, aclara la epidemióloga con una destaca trayectoria en la investigación de la infección. En el 2018 visitó Monteagudo, un municipio azotado por la alta prevalencia del parásito donde participó en un estudio que analizaba los resultados de las intervenciones realizadas para reducir las tasas de infección y descentralizar el diagnóstico y el tratamiento tempranos en esa zona. “Bolivia es el país más afectado de todos porque los programas de control de vectores y protección de vivienda que se han llevado a cabo en los distintos países de Latinoamérica comenzaron más tarde”, razona Navarro, especialista Medicina Familiar y Comunitaria que durante seis años coordinó el equipo de Inmigración y Salud Pública del Hospital Ramón y Cajal y fue secretaria de la Sociedad Española de Medicina Tropical y Salud Internacional.

La importancia de las campañas de cribado antenatal

Uno de los datos más preocupantes que destaca el reciente análisis del ISGlobal es el elevado índice de personas infradiagnosticadas en España: alrededor del 70 % y del 68 % para mujeres en edad reproductiva. “Este último dato es muy relevante porque se trata de una enfermedad congénita, que se transmite de madre a hijo a través de la placenta”, resalta la experta, destacando la importancia de la detección y el tratamiento de niñas y mujeres infectadas en edad fértil, así como las campañas de cribado antenatal y de los recién nacidos y otros hijos de madres infectadas que no hayan recibido antes tratamiento antiparasitario. “Gracias a las pruebas de detección que se han implementado en algunas comunidades autónomas ha aumentado de forma considerable el número de bebés diagnosticados y tratados”, destaca. No obstante, los servicios de atención actual no resultan suficientes para detener el alto número de afectados por el parásito. “Aunque algunas comunidades autónomas, como Valencia, Galicia o Cataluña, lleven a cabo una rutina de pruebas para detectar embarazadas en riesgo, todavía no existe un protocolo a nivel nacional”, explica Navarro, integrante del Grupo de Trabajo en la Enfermedad de Chagas de la Comunidad de Madrid. “Desde el Ministerio de Sanidad nos acaban de informar que en el 2025 se publicará el protocolo de cribado de la embarazada a nivel nacional. Algo que todos los sanitarios de España implicados en esta enfermedad deseábamos que se materializase, y para ello hemos trabajado mucho aportando evidencia científica que mostrase la importancia y la necesidad de una guía para detectar a aquellas mujeres consideradas como grupo de riesgo de ser portadoras del tripanosoma”, anuncia entusiasmada la investigadora.

Mujeres jóvenes y en edad fértil: una población clave

Aunque la vía vertical es la forma más común de transmisión, la enfermedad de Chagas también se puede contraer a través de alimentos, transfusiones de sangre por la falta de un correcto control de los bancos de donaciones o por trasplantes de órganos. Uno de los aspectos que determinan parte de la complejidad de esta enfermedad es su carácter silencioso. Como señala Navarro, “la mayoría de los infectados no presenta síntomas y el 70 % no desarrolla la enfermedad”. No obstante, el 30 % restante de los afectados sin acceso al tratamiento puede sufrir consecuencias irreversibles para el sistema nervioso, digestivo y el corazón. “Y no existen marcadores que determinen qué paciente va a desarrollar un cuadro clínico y cuál no”, lamenta la experta.

Los parásitos de T.cruzi  entran en el cuerpo cuando la persona se rasca la picadura e introduce las heces del insecto infectado, que también pueden infiltrarse a través de las mucosas de los ojos o la boca. “Una vez dentro del organismo humano se replica en las células del miocardio o en las intestinales, donde puede permanecer hasta más de diez años en fase indeterminada, es decir, sin causar afectación en el órgano”, manifiesta la epidemióloga.

Para la detección de la infección son necesarias las pruebas serológicas, que miden los anticuerpos en sangre frente al parásito. “En el caso de pacientes con enfermedad crónica hay que hacer distintas pruebas para ver si ha afectado a algún órgano. Nos hemos llegado a encontrar casos en los que la patología no se ha manifestado hasta 30 después de que se contrajera la infección”, detalla Navarro.

Los principales fármacos contra el  Chagas son el benznidazol y el nifurtimox, “tratamientos que desarrollaron en la década de los setenta para niños, que los toleran mejor. A pesar de su toxicidad siguen siendo lo más efectivos que existen”, aclara la especialista. Se estima que alrededor del 15 % de los pacientes se ve obligado a abandonar estos fármacos por sus efectos secundarios. “Por lo que las líneas de investigación se dirigen a cambios en el régimen del mismo tratamiento variando la dosis, distanciando el intervalo de tomas o probando combinaciones distintas para evitar la toxicidad”, explica la experta en esta zoonosis.

La infección por Trypanosoma cruzi es curable si los medicamentos se administran al poco tiempo de producirse el contagio. “En los pacientes crónicos el tratamiento antiparasitario puede prevenir o frenar la progresión de la enfermedad, pero no podemos hablar de curación, solo observar si gracias a los fármacos se mejoró el pronóstico”, advierte.

En España, debido la toxicidad que produce, a las personas afectadas mayores de 50 años que no presentan síntomas no se les ofrece. “Los efectos secundarios en este tipo de casos puede resultar más perjudicial que albergar el parásito en el cuerpo en estado latente. Si una persona que se infectó de pequeño tiene ya 60 años y no ha presentado síntomas, es bastante raro que los vaya ya a desarrollar, así que mejor no dar tratamiento”, aclara la epidemióloga.

El avance más significativo que en los últimos años ha demostrado el actual tratamiento contra esta infección tropical es su efectividad para evitar la transmisión congénita. Primero lo concluyó el equipo de la Unidad de Medicina Tropical del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia en el 2013, y un año después lo corroboraron investigadores de Argentina. “Fue una gran noticia confirmar que contábamos con una buenísima herramienta para controlar la transmisión vertical. Durante la gestación no se puede tratar a las mujeres, se debe hacer antes de que queden embarazadas. Por eso llevamos años poniendo el foco en las mujeres jóvenes, que constituyen una población clave”, anuncia Navarro, que además de su labor investigadora, ha coordinado numerosos programas de formación e incidencia política para profesionales sanitarios implicados en la enfermedad y ha liderado diversas campañas comunitarias para detectar la infección en poblaciones clave. Entre ellas, la especialista destaca #CorazonesSinChagas, “a través de la cual se ofrece una atención más completa a los pacientes, aprovechando la toma de contacto con el sistema sanitario”, detalla.

Más del 70 % de las personas que viven con Chagas en España no está diagnosticada ni tratada

Según concluye el análisis realizado por el ISGlobal, el elevado infradiagnóstico de casos de afectados por la zoonosis que presenta España deriva como consecuencia en un alto índice de personas no tratadas, llegando al 82,5 % en personas mayores de 15 años y al 60 % en menores de 15 años. “A pesar de estas cifras, la sensación que tenemos quienes llevamos tanto tiempo trabajando con esta infección es que en los últimos años las campañas de prevención, el control vectorial y el diagnóstico temprano en los países de origen se va reflejando en los resultados”, asegura Navarro, cofundadora de Salud entre Culturas, un equipo multidisciplinar de salud pública y migración asociada al Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

Según la experta, “se ha avanzado mucho en la investigación y en la formación de profesionales sanitarios, desde el personal que está en atención primaria hasta el que trabaja en laboratorio. Y, más allá de los avances médicos, ha habido un fuerte compromiso social por parte de distintos colectivos. Porque esta enfermedad tiene unos condicionantes socioeconómicos muy acusados, barreras con las que tropiezan los pacientes cada día, como, por ejemplo, acudir a una consulta”, afirma Navarro, con una larga experiencia en trabajo comunitario. “Muchas de las mujeres migrantes que viven con Chagas se dedican a los cuidados o la hostelería, trabajos mal pagados y con horarios que no les permiten hacer un seguimiento correcto de su enfermedad”. Por otro lado, muchos migrantes se enfrentan a un muro de acceso al sistema sanitario muy importante: las trabas legales. “Todavía no hemos recuperado del todo la universalidad de nuestro sistema sanitario público y hemos detectado casos en los que pacientes con Chagas han visto peligrar su seguimiento médico por perder la tarjeta sanitaria. Además de lo que estos obstáculos suponen para un inmigrante recién llegado que desconoce el funcionamiento de nuestro sistema y sus derechos como paciente”, denuncia Navarro, una de las expertas en la enfermedad tropical más implicadas en visibilizarla en nuestro país.

“Y eso que hablamos de España, donde las condiciones son incomparables a la de las zonas donde la enfermedad es endémica”, destaca la epidemióloga, rebajando el entusiasmo y optimismo que mostraba al hablar de los avances logrados para relatar su experiencia en el viaje que realizó a Bolivia.  “Había muchos casos de pacientes menores de 40 años que se morían porque no tenían dinero para pagar un marcapasos. Y, aunque es cierto que hemos avanzado mucho en la lucha contra esta infección, no podemos olvidar sus causas reales, las estructurales, las que siguen posicionando a la enfermedad de Chagas como una de las enfermedades desatendidas en el mundo”, sentencia tajante.