Maldito inglés...


  • Editorial Univadis
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Si en la Edad Media el idioma de la ciencia era el latín, y después fue reemplazado por el francés, aunque muchos textos se escribían en alemán por el singular desarrollo científico centroeuropeo, desde hace 100 años el idioma de la ciencia es el inglés. Todavía a principios del siglo XX el francés peleaba por mantener la hegemonía en áreas de la medicina como la anatomía o la fisiología; pero la medicina empírica dominante desde mediados del siglo XX terminó por coronar al inglés como la lengua de la ciencia. El inglés médico debería ser fácil para los españoles, ya que nuestro idioma es una lengua latina y el 50% de la terminología médica es de origen grecolatino. Sin embargo, por desgracia, mayoritariamente somos analfabetos in english.

La medicina ´se escribe´ en inglés. Mas del 80% de los artículos científicos se publican en inglés, además de las primeras ediciones de los textos de referencia de cada materia (Harrison's Principles of Internal MedicineSabiston Textbook of SurgeryBraunwald's Heart Disease, etcétera). También están en inglés los buscadores científicos más prestigiosos, como PubMed – Medline, la actual biblia de la medicina, o los actualizadores de las evidencias científicas, como UpToDate o Cochrane. Así mismo, las mejores revistas se editan en inglés. Sólo hay una revista médica española situada en el Q1 (dentro del 25% de las mejores revistas de su área de conocimiento) y, en caso de que una revista española quiera mejorar su impacto y progresar de cuartil, debe realizar una versión en inglés de los artículos. Si no es así, el impacto de los artículos es mucho menor.

La medicina ´se hace´ en inglés. Desde Ramón y Cajal, hace más de 110 años, no tenemos un Premio Nobel español. Insistimos, desde Ramón y Cajal porque, aunque Severo Ochoa era español, su investigación se realizó en Norteamérica. Realmente fue un Premio Nobel para Estados Unidos. El único Nobel realizado en España es el de Cajal. Y ni siquiera hay visos de que podamos llegar a la final de los Nobel en medicina, porque para ello hay que invertir una barbaridad de tiempo y recursos, algo a lo que no estamos acostumbrados. Seguimos instalados en el cómodo “que inventen ellos”, de manera que la construcción de la ciencia médica se hace también fuera de nuestras fronteras, especialmente en Estados Unidos, el Reino Unido y en otros países que, aunque no son británicos, trabajan con equipos multidisciplinares en inglés.

La medicina ´se dice´ en inglés. Cuando los médicos se desplazan a un congreso o un simposio internacional, si quieren ir a un curso de prestigio o rotar en un hospital de referencia, en general deben hablar inglés. Si no es así, el médico queda relegado a un segundo plano y, aunque lo que diga otro médico sea menos interesante, al decirlo en inglés brilla más. Una conferencia o una comunicación excelente en un mal inglés resulta mucho menos efectiva que otra más discreta pero explicada a la perfección en la lengua de Shakespeare.

Por si fuera poco, además de que la medicina se escribe, se hace y se dice en inglés, también se trabaja en inglés, y aquellos que quieran trabajar en empresas sanitarias, deben hablar inglés. En el estudio English at work, elaborado por Cambridge English y QS, se recogen datos de más de 5.000 trabajadores de 38 países de los sectores sanitario, farmacéutico y biotecnológico. El 47% de las empresas e instituciones sanitarias requieren que sus empleados tengan un nivel avanzado de inglés, el 25% un nivel intermedio y el 19% solicita un nivel de nativo. Sólo el 7% se conforma con un nivel de inglés básico.

Por contra, la medicina en España ´se practica´ en español, que es lo que hacemos día a día y, por cierto, muy bien. La consecuencia de esta disonancia lingüística nos ha llevado a quedar rezagados en el liderazgo científico e intelectual de la medicina. Ciertamente, no es el único motivo, ya se ha señalado que la inversión en ciencia es escasa, a lo que se podría añadir que los directores, jefes de servicio y gerentes no dan importancia a la investigación, y hay muchos motivos más. Pero el escaso nivel de inglés que tienen general los médicos españoles, desde luego no ayuda a que salgamos del agujero de la tercera división de la medicina científica. Es habitual consolarse con mantenernos en la primera división de la medicina asistencial, pero ya va siendo hora de saltar a los primeros puestos de la ciencia y, no olvidemos, el idioma de la ciencia, nos guste o no, es el inglés.

En una entrevista en el periódico El Mundo a Ramón Ribes a propósito de la publicación del libro Inglés médico y sanitario, ante la pregunta “¿Cuál es el nivel de inglés de los médicos españoles?”, respondía “En general, no hablan inglés. El 90% no son capaces de decirle su e-mail a un extranjero y sólo el 5% es capaz de llamar por teléfono fuera de España. Nuestros médicos tienen pánico a expresarse en este idioma en los congresos internacionales por miedo a que les pregunten”. Ramón Ribes pone el ejemplo de un Congreso Europeo de Radiología, en el que habían participado 7.000 radiólogos españoles, presentando sólo 12 comunicaciones orales. Grecia, con sólo 2.000 asistentes, había presentado 17.

El problema del inglés para los españoles no es sólo médico. Se trata de una cuestión cultural, porque cuesta mucho que los españoles manejen la lengua que se ha convertido, además de en el idioma de la ciencia, en el nuevo esperanto, en la lengua internacional de comunicación. Se han buscado las causas en la educación y en nuestra cultura, con excusas como que la enseñanza idiomática es inadecuada, que las películas se doblan en lugar de subtitularse, que somos tímidos y tenemos un tremendo sentido del ridículo al hablar en inglés, que somos autónomos culturalmente o que tenemos una dureza idiosincrásica al english.  Es posible que haya un poco de todo, pero si es así, se trata de causas salvables.

Los médicos, si hemos tenido un mal aprendizaje del inglés en el bachillerato y en la universidad, tenemos la obligación de formarnos adecuadamente en cuanto tengamos oportunidad. En primer lugar, por nosotros mismos, porque si no seremos médicos clínicos de primera, pero de tercera en cualquier evento internacional. Y, además, por un sentido de responsabilidad con nuestro país, con la ciencia española. Si queremos compararnos con Suecia o con Holanda, países mas pequeños pero destacados en ciencia médica, además de invertir en investigación tenemos que mejorar nuestro nivel de inglés.