Los hematólogos piden tener en cuenta las combinaciones en el impacto económico de la investigación


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Hoy dos de cada tres pacientes diagnosticados en cáncer logrará una supervivencia de al menos 5 años. Se trata de una cifra que responde a dos importantes realidades. La primera es que se ha conseguido una mayor prevención y un diagnóstico precoz, que se puede observar en la mejora de supervivencia en tumores que cuentan con importantes programas de cribado como el cáncer de próstata o de mama. La segunda es el impacto de la innovación y la financiación de nuevos fármacos, como es el caso de los cánceres hematológicos. Pero la pregunta que sigue estando en el aire es si esta innovación va a seguir siendo sostenible para los sistemas sanitarios. Es por ello que una de las mesas protagonistas del  LXI Congreso de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) ha estado centrada en medicamentos innovadores y sostenibilidad.

Durante la misma, intervenía Jesús San Miguel, director médico y especialista en Hematología y Hemoterapia de la Clínica Universidad de Navarra, que insistía en que uno de los retos que han de enfrentar los sistemas sanitarios es que las estimaciones no siempre se ajustan a la realidad de la práctica clínica. “Pensamos en un solo fármaco, pero la mayoría de los tratamientos son combinaciones y no lo tenemos en cuenta”.

En esta misma línea, desde su posición como investigador, San Miguel insistía en que “falta hacer una mayor autocrítica”, refiriéndose a la necesidad de llegar a un mayor consenso respecto a las propias intervenciones con los pacientes o incluso evaluar la eficacia no solo de los medicamentos, sino de las propias guías clínicas. “Lo que no se mide y no se compara no vale en Medicina”.

Mayor colaboración entre investigadores e industria

Por otra parte, el experto también reflexionaba sobre el impacto de mayor colaboración entre los propios grupos de investigación y la industria, poniendo como ejemplo el trabajo del Programa Español de Tratamiento en Hematología (PETHEMA). Gracias a esta colaboración “hemos conseguido tener rescates terapéuticos, un importante ahorro económico, una mayor rigurosidad en el trabajo, y poder estar en primera línea para poder contribuir al conocimiento, ya que no se trata solo de consumir el conocimiento que otros generan, tenemos que contribuir e innovar en este conocimiento”.

Pese a todo ello, la última reflexión de San Miguel era que, si bien sigue siendo necesaria una mayor inversión en investigación desde el punto de vista público y privado, también es necesario diversificar la misma para tener un verdadero impacto en la sociedad. “En Estados Unidos el 43 por ciento de la inversión en investigación se dedica a Oncología”, algo que deja en evidencia la falta de inversión en otras áreas clave como, por ejemplo, la resistencia a antibióticos, que van a ser uno de los grandes retos de los sistemas en el medio plazo.

Regulación y recuperación económica

Por su parte, Javier Urzay Ramírez, subdirector general de Farmaindustria, aportaba los datos de la recuperación de la inversión farmacéutica, que ha vuelto a niveles de 2009, insistiendo en que pese al impacto de la crisis, ha sido posible continuar con la incorporación de la innovación. “Si se habla de sostenibilidad el debate es si nos lo podemos permitir. Mirando al pasado, la respuesta es sí”. En este sentido, recordaba que “actualmente los medicamentos con menos de diez años representan aproximadamente el 30 por ciento del gasto farmacéutico”, mientras que por otra parte “el 82 por ciento de las prescripciones son productos que están a precio de genérico”, por lo que esta balanza es la que consigue hacer el sistema sostenible.

Por último, Jorge Camarero, del área de Oncología de la Agencia Europea de Medicamento (EMA), insistía en la importancia de la regulación, y aclaraba que “se dice que el mercado farmacéutico está demasiado regulado, pero hay otros mercados mucho más regulados que este, incluso la pesca”. Otra de las ideas que desmitificaba en cuanto al proceso regulatorio eran los plazos de aprobación, que se sitúan en 210 días de media, “aunque la mitad de este tiempo corresponde al tiempo que tarda la compañía en responder a nuestras preguntas”, argumentando que a este respecto también hay margen de mejora.