Los fumadores son más vulnerables a contraer la COVID-19


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Las personas que fuman tienen un mayor riesgo de infectarse por el nuevo coronavirus que las que no consumen tabaco, según se desprende del último informe científico-técnico sobre la COVID-19, publicado por el Ministerio de Sanidad.

En concreto, se ha observado en fumadores una mayor expresión de la enzima convertidora de angiotensina II (ACE-2), lo que ha sugerido que fumar podría estar en relación con un mayor riesgo de infectarse por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2.

En una investigación sistemática realizada por investigadores de Estados Unidos y Grecia se ha evaluado el efecto del tabaco sobre la COVID-19 en 66 estudios, cuatro series de Wuhan y una de China continental.

En tres series con 191, 140 y 41 casos, en las que se analizó el tabaquismo en relación con la gravedad de la enfermedad (necesidad de UCI o fallecimiento), no se encontraron diferencias significativas. No obstante, en las otras dos series sí se observó una relación del tabaco con una peor evolución: 11,8% de los casos leves, un 16,9% de los graves y un 25% de los críticos fumaban en el momento del diagnóstico.

En este sentido, según explica Sanidad, los autores de la revisión calcularon un riesgo de enfermedad grave 1,4 veces mayor entre los fumadores, y de 2,4 veces de tener que ser ingresados en una UCI o de necesitar ventilación mecánica, en comparación con las personas que no fumaban.

Por tanto, según el informe, aunque el tabaquismo no parece ser el factor de riesgo más importante para la infección por el nuevo coronavirus, ni de la mala evolución, los estudios disponibles indican que los fumadores pueden ser también un grupo más vulnerable que los no fumadores.

Por otra parte, el documento se señala que, según las investigaciones de las que se dispone hasta el momento, la obesidad puede ser uno de los factores que influyen en el riesgo de mortalidad por el nuevo coronavirus y que, además, puede desempeñar un papel importante en la infección.

Hay varios factores que podrían influir en el mayor riesgo de infección y complicaciones por COVID-19 en los pacientes con obesidad. El primero de los cuales sería la asociación de la obesidad con otras comorbilidades y con una mayor predisposición a los fenómenos tromboembólicos que la población general, factores que ya se han asociado con una peor evolución de la enfermedad.

Por otro lado, se ha observado que la expresión de ECA2 en las células adiposas podría ser importante, y pondría a las personas obesas en un mayor riesgo de contraer la infección. De hecho, en un análisis retrospectivo de 112 pacientes ingresados en Wuhan (China) por el nuevo coronavirus, el índice de masa corporal (IMC) de las personas que estaban en estado crítico era superior al del resto de enfermos.

Del mismo modo, la prevalencia de obesidad entre los que fallecieron por esta causa en China fue del 84,8% frente al 18,9% de los que superaron la enfermedad. En estos pacientes, los fenómenos tromboembólicos fueron una causa importante del agravamiento de la enfermedad.

Asimismo, en un análisis retrospectivo del IMC estratificado por edad en 3.615 pacientes con COVID-19 en los servicios de Urgencias de un hospital de Nueva York (Estados Unidos) se observó que los pacientes menores de 60 años con un IMC de entre 30 y 34 tenían 2 y 1,8 veces más probabilidades estar hospitalizados o ingresados en la UCI, respectivamente, en comparación con los pacientes no obesos. No obstante, este efecto no se observó en los mayores de 60 años.

En otros estudios realizados en Francia o en Reino Unido se ha observado que las personas con obesidad suelen necesitar ventilación mecánica con mayor con mayor frecuencia que las que tienen un peso normal. Finalmente, en los trabajos se ha comprobado que la probabilidad de sobrevivir a la COVID-19 es mayor en las personas que sin obesidad.