Los famosos también enferman…


  • Editorial Univadis
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Sara Carbonero y su pareja Iker Casillas, el Rey Emérito, Robin Williams, Pasqual Maragall, Josep Carreras, Esperanza Aguirre o Uxue Barkos. Nadie está exento de pasar por el tránsito de la enfermedad, tampoco los famosos. Los personajes públicos tienen ciertos privilegios, económicos y de otro tipo, pero también más responsabilidad, ya que sus palabras y actos impactan enormemente en la opinión pública. Cuando dan opiniones artísticas, políticas y, por qué no, sobre su propia salud, influyen en muchas personas. Algunas celebritieshan sido modélicas, otras polémicas; y también las ha habido … muy poco ejemplares. 

Comenzamos con alguno ejemplar. El VIH-sida se convirtió en un tabú, en una enfermedad maldita, en los años 80 y 90. Muchos famosos ayudaron a que se conociera mejor la enfermedad y a que, poco a poco, se fuera perdiendo el miedo al VIH-sida. Uno de ellos fue Freddie Mercury, que murió en 1991 por una neumonía asociada al sida, solo un día después de comunicar que era seropositivo. El mismo año Earvin Magic Johnson anunció que estaba infectado de VIH. A pesar de los prejuicios (varios jugadores fueron reacios a jugar con él por miedo a contagiarse) Magic fue elegido ese año para participar en el All-Star Game, siendo MVP del partido. Después fue seleccionado para los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, formando parte junto a Larry Bird, Michael Jordan o Charles Barkley del legendario Dream Team, para muchos el mejor equipo de baloncesto de la historia. Pero si alguien ha contribuido a luchar contra los prejuicios ante el sida, más aún que Mercury o Magic, ha sido el actor estadounidense Rock Hudson. 

El galán de los años 50 y 60 fue una de las primeras personalidades públicas fallecido por sida. Era octubre de 1985 y apenas tenía 59 años. Habían pasado sólo cuatro años desde la descripción de los primeros casos de la enfermedad en Los Ángeles y San Francisco, y tres años desde su bautizo como sida. La muerte de Hudson produjo gran conmoción social, entre otros motivos porque se desconocía su homosexualidad. En la década de 1980 el miedo al VIH era descomunal, ya que su forma de contagio no era del todo clara, por lo que cundió el pánico entre algunos de sus últimos compañeros de reparto. El 30 de julio de 1985 Hudson declaró en público que padecía sida. El fallecimiento de Rock Hudson a causa del sida resultó crucial para la toma de conciencia sobre la enfermedad. Burt Lancaster, uno de los pocos amigos que le quedaban, leyó sus últimas palabras en Hollywood. El 19 de septiembre de 1985, en una cena para 2.500 personas en el Hotel Century Plaza, Lancaster pronunció ante un salón silencioso el texto de Hudson: "No estoy contento de estar enfermo; no estoy contento de tener sida, pero si eso ayuda a otros, puedo, al menos, saber que mi propia desgracia ha tenido un valor positivo".

Vayamos ahora con dos famosos que levantaron polémica cuando enfermaron. La primera fue acusada de desprestigiar a la sanidad pública española y el segundo de dar pábulo a las medicinas alternativas. La cantante Rocío Jurado, considerada por muchos expertos la mejor voz femenina de la música popular española de la segunda mitad del siglo XX, fue diagnosticada de cáncer de páncreas en septiembre de 2004. En enero de 2006 Rocío Jurado ingresó en el Hospital MD Anderson de Houston (Estados Unidos), un centro privado experimentado en oncología, para someterse a una intervención. Por desgracia tuvo una reacción alérgica, por lo que el ingreso fue más prolongado de lo planeado. Para poder regresar a España, el entonces popular empresario Francisco Hernando El Poceropuso a disposición de la tonadillera uno de sus aviones privados. Al pisar tierra le notificaron a Rocío Jurado que el Gobierno le había concedido la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, un premio del que apenas pudo disfrutar.

Al fundador de Apple Steve Jobs, uno de los grandes genios del siglo XX, le diagnosticaron un cáncer de páncreas en octubre de 2003. Jobs, budista y vegetariano, inicialmente rechazó la terapia convencional, ya que pensaba que con medicina alternativa, una dieta especial y sofronización podría superar la enfermedad, un error que posiblemente le costaría la vida, porque más adelante el cáncer mostró su potencial agresividad. A pesar de ello, Steve Jobs se convirtió en un ejemplo de afrontamiento y resiliencia. En su célebre discurso en la Universidad de Stanford de 2005, un Jobs inspirado y brillante cuenta tres historias, la tercera sobre la muerte. Antes de contarla señala cómo “durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Y si la respuesta era `No´ durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo. Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida”. 

En el discurso Jobs cuenta cómo hace un año le habían diagnosticado un cáncer: “Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir”. Tras contar cómo superó el cáncer, transmite un mensaje estimulante y positivo: “Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es el agente de cambio de la vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. […] Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro”. Steve Jobs falleció el 5 de octubre de 2011.

Por último, alguien poco ejemplar porque sacó rédito de su posición de víctima y de la credibilidad que ganó por la enfermedad. En 1996, con 25 años, Lance Armstrong era uno de los ciclistas más prometedores del panorama mundial. Había ganado muchas clásicas y dejó en segundo lugar al mismísimo Miguel Induráin en el Campeonato del Mundo en ruta de 1993. El mundo del ciclismo sufrió un cataclismo cuando la promesa estadounidense anunció en 1996 que padecía un cáncer testicular con metástasis pulmonares y cerebrales. Se trataba de una neoplasia con muy mal pronóstico. No obstante, tras una cirugía y un tratamiento quimioterápico que dejaba indemne su capacidad pulmonar, en 1998 Armstrong reapareció para correr la clásica París-Niza con el equipo US Postal. La posterior carrera meteórica de Armstrong es conocida: ganó consecutivamente siete Tour de Francia entre 1999 y 2005, retirándose en la cumbre y reapareciendo en 2008, quedando tercero en el pódium. También son conocidas las posteriores acusaciones de dopaje, cargo del que inicialmente fue exonerado, pero las pruebas y los testimonios sobre su dopaje eran tan evidentes que finalmente, en octubre de 2012, la Unión Ciclista Internacional (UCI) lo desposeyó de sus siete títulos. Poco después Armstrong confesó en el programa de Oprah Winfrey que se había dopado en los siete Tours ganados, por lo que el Comité Olímpico Internacional (COI) le pidió que devolviera la medalla de bronce ganada en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000.